Supongo que los mamones de los Reyes Católicos eran conscientes de la mierda de tripulación que habían reclutado para buscar las Indias. Lo puto peor. Directamente de las cárceles asesinos, ladrones, estafadores, trileros, violadores, presos políticos y todo tipo de personajes que, durante su vida habían llevado un camino paralelo a la ética. Es la sensación que tengo en esta historia.
Seguro que tuvieron miedo al fracaso, a que la aventura acabara en una estúpida vuelta en barco, o sepultada bajo las brazadas mortales de una tormenta. Seguro que se les hizo largo y penoso, y que tenían una confianza relativa en sus posibilidades. Seguro que en sus vidas habían intentado ir por el buen camino en varias ocasiones, pero que no habían podido burlar la mierda que acecha tras cada esquina. Seguro que si hubieran nacido en otra famila, en otro contexto, en otro marco, el cuadro hubiera sido distinto, pero es lo que les tocó y la única salida era pelear.
Así andamos nosotros, enrolados en un barco sin bandera, sin destino y, es posible que sin viento en contra y, por supuesto, no iba a presentarse a favor. Quitamos lastre, levamos anclas, izamos velas, pero nos miramos con miedo, por si tanto trabajo se queda en un sonoro naufragio. Otro más. En realidad no nos importa, porque como canta (y exige) el poeta, aprovecharemos la más mínima brizna de aire para meter miedo a los grandes estadistas, que nos acabarán ganando, como siempre. Nos comerá el pez grande, nos devolverán a tierra, a las cárceles de ocho horas y power points, a los sueños de mil euros y al ejercício de agachar las orejas. Pero mientras estemos en el barco pelearemos, y cuando perdamos ya estaremos pensando en cómo nos volveremos a levantar.
Andando por la calle giré la vista reclamado por una especie de silvido. Provenía de la chica de una marquesina. No me refiero a la mujer de la blusa blanca que esperaba al 169 bajo la solanera, sino a la chica del anuncio que, convirtiéndose a la tridimensionalidad, traspasó el vídrio, bajó al suelo y me pidió con su sonrisa de foto perfecta que diéramos un paseo.
No se espera próxima publicación editorial por su parte. Tampoco que resuelva la crisis mundial, cosa que le iguala a ejecutivos, banqueros, políticos, sindicalistas o filósofos, pero ha demostrado ser certero en lo suyo. Su país favorito, Bora Bora, sólo posee esa categoría en el Güizamaps, y su actividad favorita, dormir la siesta, no es excesivamente motivante, pero hay que rendirse ante un coloso de la fe, que supera con creces a jesucristo (superstar, 95 o sin plomo).
Nico es una perra con una mentalidad tan aparentemente estúpida, como realmente extraña. Provocadora pero cobarde, loca por salir, loca por volver, siempre dispuesta con igual energía para hincar el diente a cualquier fino manjar, o emprender veloz carrera tras una mosca. Tiene un par de grandes miedos, fantasmas que acechan y, en verano, se le afilan tras cada esquina: ni soporta el sol, ni los aires acondicionados, así que los paseos en esta época se convierten en una clase de fitness de cintura para arriba para su partenaire. En un par de días cumplimos un año juntos.
Lo de la villa de Silvio cada vez me mola más. Ayer los de El País, que van publicando novedades con cuentagotas, sacaban un vídeo con… ¡Duran Duran tocando en directo en una de las fiestas privadas! ¿Se imaginan el número de personalidades de todo el mundo y toda faceta, que llevarán dos semanas sin que les quepa una paja por el culo, pensando en cuándo aparecerán luciendo una buena erección, ante los medios de todo el mundo? Los ricos hacen gracia a veces.
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