John Terry
Mayo 22, 2008
Mi abuelo fue viajante de Terry. Repartía brandy con una furgoneta Citröen dos caballos. Fue lo que acabó de lastrarlo. Con dieciséis años enterró a su mejor amigo, fusilado. Con dieciocho nadie tuvo dinero para pagarle la carrera de Banca, y en la mili se encontró con el anestesiante efecto del alcohol, que le acompañaría hasta su prematura muerte.
Anoche Jonh Terry (Backing, Londres 1980), el bravo capitán del Chelsea, formado en las categorías inferiores de Standford Bridge, falló el penalti que le hubiera dado la primera Copa de Europa a su equipo. Quiso ir tranquilo y colocarlo al palo izquierdo de Van der Sar. El portero del Manchester, con su cara de ratón, ya se había vencido a su lado derecho, por lo que la primera parte del trámite estaba cumplida. John, apodado “el gladiador”, midió perfectamente sus pasos. Tres zancadas en las que recordó lo difícil que había sido llegar hasta allí -los comienzos, las categorías inferiores, la incertidumbre, los golpes, las lesiones, la pérdida de amigos, familia…- y le dió miedo, y resbaló.
Llevaba lloviendo desde la segunda mitad, cuando el partido se convirtió en un encuentro de ida y vuelta, en un enfrentamiento a tumba abierta, con peligro en ambas áreas, sin parar. Lo que se denomina ritmo vertiginoso, tan típico de los encuentros entre clubes ingleses. O lo que es lo mismo, se convirtió en una pesadilla para los centrales. A un central le gustan los partidos ordenados, lógicos, que le obligan a salir de la cueva muy de cuando en cuando, a resolver algún pequeño desequilibrio. El de ayer no lo fue. Cada instante era el minuto en que has de decidir si cortar el cable rojo o el amarillo. Y Terry hizo lo que pudo. Agarró, pegó, saltó e incluso le quitó a Giggs las mieles de la gloria sacando una pelota de gol en la prórroga.
Pero cuando el miedo aparece no puedes hacer nada. Apareció en en tercer paso. En cuanto el tobillo de apoyo del capitán, se puso en paralelo al balón -como mandan los cánones- Jonh supo que daba igual lo mucho que intentara ajustar el tiro a la cepa del poste, porque notó cómo el miedo le echó mano al pie izquierdo y le arrastró al suelo.
Curiosamente, la otra final que vi ganar al Manchester, fue frente al Bayern de Munich. Iba ganando 1-0 en el Camp Nou. Minuto 90. Corner. Gol de Solskjaer: empatan. El miedo, en esta ocasión, atrapó en su área a los jugadores alemanes hasta que el viejo Sheringam hizo, en el minuto 94, el 1-2. ¿Por qué el miedo irá siempre con los diablos rojos?
John Terry, probablemente el mejor central de su generación, en el equipo más potente, internacional con una de las selecciones más competitivas, ha sido este año subcampeón de liga, subcampeón de Champions y verá la Eurocopa desde su casa (Inglaterra no se clasificó). Es decir: ha ganado lo mismo que un tipo del grupo XVII de la Tercera División: nada. Ayer cuando llegó al hotel no hizo ascos al champán preparado por si ganaban. Ahí empezó todo. Ahora está buscando en el Segundamano un viejo Citröen dos caballos. Furgoneta.
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