Archive for 3/06/08
Tres cositas
Nada, por un lado, les dejo esto.
Por otro lado, símplemente comentarles que Ajo, la poetisa que más vive del cuento aprovechándose del rollo lavapieserobuenrrollista, ha dado en el clavo en un almuerzo en El País: “Nos regalan miedo y luego nos venden seguridad”.
Y, finalmente, que me hacen gracia las palabras “pechuga de pollo” en catalán: “pit de pollastre“
Add comment Junio 3, 2008
Ave, Marías
Este post va a ser una queja, así que me siento como una especie de Javier Marías retardado. Ya saben que Javier Marías es un escritor español que, entre otras cosas -como ser rey de una isla absurda-, publica un artículo de opinión en la penúltima de El País Semanal -también llamado durante un tiempo [EPS] por los modernos, votantes de PSOE, pero el nombre no cuajó y ha vuelto a ser El País Semanal- en el que mayormente lo que viene a hacer es quejarse, emplear tan codiciado púlpito para amplificar su gruñido. Y hace bien el chaval.
A Marías todo le molesta: el ruido, los turistas, los españoles, los americanos -entendiendo por “americanos” los norteamericanos, entendiendo por “norteamericanos” los estadounidenses-, los animales sueltos, el transporte público, la música que no sea de Brahms, la tecnología, los medios de comunicación, los botes de cocacola, las drogas, los vibradores, papavoitila y hasta su madre. Y hace bien el chaval.
A Marías, encima le pagan por ello. Decido recoger hoy su testigo como quemado oficial del reino, para quejarme de la asquerosa gente que vuela. Y no me refiero a fumados o superhéroes, sino a los pasajeros de los aviones. Me ha pasado siempre: en vuelos caros y en baratos, en España y fuera, en trayectos largos o cortos: la gente en un avión es asquerosa.
a) Creen que los auxiliares de vuelo son sus esclavos.
b) Creen que por el mero hecho de pagar un servicio de vuelo, el avión es suyo. No descarto que un día, alicates en mano, algún pasajero decida poner su asiento en el salón de casa.
c) Desde que se cobra por el cátering la gente ha dejado de tener hambre en los aviones.
d) Generan ansiedad por cada poro. Tienen prisa para todo.
Éste último punto es el que me ocupa: la prisa. La puta prisa. El aeroplano aterriza y, antes de que los neumáticos del tren choquen contra el asfalto, ya hay media docena de gumias* en pie. Cuando el Airbus encara su zona e estacionamiento, los pasajeros en pie, con cara de panolis sudados, frente al habitáculo del equipaje, se han multiplicado como los hongos. Esperan de pie, con las manos agarrando el asidero de su equipaje de mano, como si se tratara de una competición por ver quién sale antes. Te fijas en sus caras. Imbéciles. Lo ves. No pueden salir al pasillo porque está ocupado por otros gumias de su condición, pero ellos permanecen de pie -encorvados porque la altura del avión no les permite otra cosa-, chocando contra los salientes de la luz o el aire el techo, en una pose que les deja en toda su asquerosidad, rozando los sublime de la antiestética, marcando chichas, panzas, papadas, con la ropa arrugada y cara de eternos cabreados.
Esta tensa espera puede durar no menos de diez minutos. Podrían hacerla tranquilamente, sentados en su asiento hasta que abran las puertas y se pueda abandonar el avión y, por tanto, tenga una lógica levantarse, pero no. Es mejor crear esa sensación de agobio. Después de un camino hasta la puerta en el que te pueden arrasar con maletas roller asesinas, propinar codazos, y siempre te alcanzan los efluvios de un campeón europeo de la halitosis, o del bebercio, por fin sales tú. Has estado sentado, te has levantado, has salido y te subes exactamente en el mismo autobús que ellos. Llegas a la vez. ¿Por qué lo hacen entonces?. La semana que viene pillaré el AVE. Marías, haces bien.
Add comment Junio 3, 2008