Problemas nucleares

4 06 2008

Este país tiene un puñado de centrales nucleares, que procuran energía a la mitad del mismo. Existen muchas formas de crear energía. Una de las potencialmente más peligrosas y contaminante -sus resíduos permanecen activos decenas de miles de años- es la nuclear. Es un marronazo, por tanto, tener cerca una central nuclear. Por ello las gestoras de las centrales reparten subvenciones entre las localidades cercanas a las plantas. Vamos, lo que siempre se ha venido a entender como que las untan. Dan mucha pasta. Pasta fresca, fresquíssima, que dirían los chanantes. ¿Saben qué hacen los municipios con ese dinero?: despilfarrarlo.

Hay pueblos -que no llegan a la centena de habitantes- que, en sus fiestas, contratan orquestas tan grandes que sus tráilers no caben  por las calles y, tienen que llevar los aparatajes del escenario a mano. Hay pueblos que se gastan la mitad del presupuesto en esas fiestas populares -toros, encierros, alcohol, subvención a peñas- y se quedan tan anchos. ¿Se podría aprovechar ese dinero para crear un tejido industrial o agrícola que asegure la subsistencia económica del pueblo cuando la central muera (tienen una vida útil de unos cuarenta años)? Sí. Pero molan más los toros.

Luego, cuando la central cierra, lloran por las esquinas pidiendo subvenciones, ayudas o, en el colmo del paroxismo ¡¡Que la central no se cierre!!. ¿Dónde está la pasta? En las arcas de orquestas grandilocuentes y mastodónticas, herederas de las revistas, con nombres llenos de glam, engrosando las cuentas de ganaderos, empresarios y, como siempre, bajo el colchón del alcaldes y otros intermediarios de lo público para lo privado.

Lo de la crisis económica actual es lo mismo a otra escala. ¿No se podía haber metido mano a los beneficios de la construcción, para crear modos alternativos de subsistencia económica? Qué se yo, cosas absurdas como la inversión en I+D+I -pero la de verdad, no la que se hace- crear un sector terciario fuerte… Sí, pero mola más hincharse los bolsillos a cholón y ahora, llamar a Papá Estado para que nos solucione la papeleta. Pero no vean esto en términos de macroeconomía -que también- porque mi tesis es otra. Durante los diez años de vacas gordas que hemos vivido, todo el mundo se ha creído superrico.

Quiero decir que si alguien -mis padres, vecinos, cuñados…-se había comprado un piso en los noventa, por quince millones, ahora lo tasaba en cincuenta… ¿¿¿Y??? ¡Pero si lo vende tendrá que comprarse otro que le costará otros cincuenta…! Ya, pero el vulgo es así de subnormal. De repente se cree que tiene algo, que es alguien, que son importantes, ricos. A raíz de esto, se crean una historia que montan en torno a esa mentira, una historieta de trabajo y lucha para llegar a lo que ahora son. ¿Qué son? Pues una reciente encuesta demuestra, que los españoles se creen de clase media. No trabajadora u obrera, media.

Y nadie les ha comprado con nada, sólamente con la ilusión, con la ficción. ¿Qué pasaría si, además hubiera pasta de por medio? A nuestras mismísimas madres. Se lo juro. Cosas

1) Estoy esperando que mi madre, que me frió para que me metiera en una hipoteca, me llame para decirme que hice bien, que supe leer la coyuntura económica y que, de haberle hecho caso, ahora estaría ahogado en un curro de mierda sin poder respirar. Sigo esperando.

2) Hasta ahora todo ha sido buen rollo. Veremos dónde se van los tecnocásico-tuneros, la tolerancia con otras razas, y demás cosas que el dinero esconde.

3) Vivimos es una economía capitalista, por tanto, nos podemos tumbar esperando que lo solucione todo la mano invisible ¿No? (es ironía).


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