Me he levantado como si tuviera un resorte, a las ocho. Era la hora a la que mi cuerpo creyó que había puesto el despertador del móvil de Jose -que me lo llevé anoche porque mi móvil estaba en el maletero de su coche, superlejos, al final de La Latina, y salimos por el Badulake y por ahí- pero lo había puesto a las nueve, así que… menos mal que me levanté. Pedo todavía. Qué lamentable.
Ahora también los miércoles. Dios hizo bien no haciéndome buen músico, o no cruzando en mi camino a un grupo en el que me hiciera estrella del rock. Anoche jijijajas varios. Tras la tramposa premisa “vamos a ver qué hace la selección” -ni vimos partido, ni nániná, y casi mejor-, lo que hubo fue una selección de pacharanes varios -algunos muy chungos- y una noche bastante divertida, que no podía empezar peor: en el Corazón Loco. Pim-pam-quenieva, que si las tías son esto, que si son lo otro, pasan las horas.
Pillamos de uno y de otro, tomamos, hablamos y tal. Me comuniqué con Jose -que, desde que decidí que me iba me cuesta más, porque tengo un halo de penica que me ahoga un poco- , charleteé, me contaron una milongaza newyorkina, solté un par de speech, me metí en el papel -que me encanta- de seductor rancio, demodé, de Ben Affleck de Lavapiés, y conocí un poco a David, que es un tío guay. Y hoy, pues claro: pasa lo que pasa. Mazazo en la cabeza, ducha con la sensación de calcetín en la boca, estómago regulero para el desayuno, Espidifén al canto, ardores, y la experiencia ultrasensorial del metro de resaca: demasiadas luces, demasiado ruido, y demasiado traqueteo para demasiada gente, demasiado seria. Demasié.
Creo que debería hacer algo de curro, pero no sé el qué. La jefa se ha trazado con letras de oro un puentazo por la patilla, Páez no aparecerá porque ayer hizo como que trabajó un montón, y eso le permite la licencia de no presentarse por la oficina hasta que quiera. Además, al no venir la jefa, no siente esa necesidad vital, así que dormirá plácidamente en su colchón Magneto Delatex, como el que anunciaba Roberto Carlos que, por cierto, era el que faltaba anoche en el Candela. Grande Uña.
¿Qué hacer? Pues hay varias alternativas. Todavía padezco de resaca nivel 2, por lo que no estoy para muchos trotes, nada de salir por ahí a resolver crímenes, o salvar muchachas indefensas, o cobrar por pegar palizas (Miami Heat), así que me resignaré a lo que pueda extraer de esta pantalla LCD: publicar en el blog, mirar el myspace, los correos, los diarios -a ver si dicen algo de Parte de cero- darme un paseo por la extremadamente fría oficina…
Por cierto. Si a ustedes les llaman todos los días, durante semanas, diciéndoles que suban la temperatura del aire acondicionado… ¿Qué tipo de extraña paranoia les puede llevar a seguir poniéndolo siempre a tope?, ¿Quién les puede convencer de que no hace falta generar escarcha con la nariz para hacer buenos guiones? , ¿José Manuel Zapatero -como dijo Berlusconi-, o Papavoitila resucitado, o Lorenzo Sanz, o Yoshío, o Dani Mateo disfrazado de mí, o el presidente de la Fundación para la Ley y el Orden, o quién?
jajajaajaj jooo qué grande eress Alberto, hasta con resaca nivel dos o tres y todo eso, escribes estupendamente. No hagas nada, aunque el no hacer nada aburre, (lo he dicho síi) yo en unas horas tengo examen de sociología de relaciones industriales, que si marx, que si patatín patatán… y no he terminado..ahí es todo
Un mundo intenso el de las vagas
Un besín
Jolín no te resfríes ahora que parece que ya hace buen tiempo…Tengo unas ganas de irme a la playa aun con mis 2 kilos ganados por exámenes ..bufffffffffffffff!! viva el cantábrico