No, no soy el típico blogger cansino que va a desbarrar sobre el muñeco gallego del PSOE, José Blanco, llamado Pepe por los periodistas que han compartido mantel con él. No me interesa mucho el politiqueo (que no la política), la verdad. Cuando estudias Políticas y te sirve de algo -es decir, no te has limitado a ser un loro repetidor- te das cuenta de eso. Por un lado hay reglas insoslayábles, por otro encuentras la perspectiva detrás de una esquina, y te puede hacer ver que no tienes fuerza para cambiar las cosas como creías que las cambiarías. Para cerrar diré que a Blanco le prendería fuego y me iría a dormir tan tranquilo.
El blanco es un color, o mejor una ausencia, que siempre me ha generado una increíble atracción. De su callejón he salido a las avenidas de la Simetría y el Minimalismo. Me hace sentir claro, limpio y cómodo. El blanco tiene el tacto de la sudadera de algodón recién lavada, que todavía huele a suavizante. Eso se acerca mucho a mi concepto de la perfección.
Llevo intentando convencer a alguien mucho tiempo para que se cruce conmigo Estados Unidos en coche. Un mes. El mes que nos da nuestra maltrecha legislación laboral. Es el momento: los viajes a USA están baratos, la comparación con el dólar convertiría comprar el coche en coser y cantar. Y no hay manera. Todo el mundo me regala una sonrisa, como si les hubiera propuesto ir a por el maná al Carrefour. ¡Y que voy a acabar yendo sólo!…. La historia es que tengo la sensación de que si voy, no vuelvo.
Cuando pienso en todo lo que me atrae de la cultura estadounidense, tengo una cosa clara: la seducción ha de ser tan enorme para ganar a todo lo que odio de los yankis… Probablemente toda esa atracción, enlatada en cuatro minutos de imágenes y sonidos, sea el último videoclip de Jakob Dylan, el hijo de Bob, el ex-líder de los Wallflowers. El minimalismo y la calidad de la fotografía, tan simétrica, blanca y desnuda, hace que captes un momento, un lugar. y que te centres en la canción. Gran canción. Disfrutadlo:
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