Archive for 17/03/09
Línea 65, Jacinto Benavente
A un lado del autobús, dos viejos se dan un beso en la marquesina. Pasan de los setenta. Es una escena de las que les gusta a las chicas, porque demuestra que el amor sobrevive al tiempo. Igual se han conocido hace tres días, en el baile. Pero supongamos que no, que celebrarán sus bodas de oro la semana que viene. Las chicas no caerían en que ni siquiera se han mirado. Ha sido un beso a lo Laudrup, mirando hacia otro lado. Ella hacia abajo, él al horizonte. Cuando ni las miradas son capaces de engañarse es que no queda nada. Nada de nada.
Al otro lado, dos chavales se dan el lote en la acera. Él parece que pretende analizar el aparato digestivo punto por punto, ella abre la boca para que entre la división acorazada de su majestad.
Yo en medio de todo eso, veo cómo un viejo hurga en su móvil. Lleva como fondo de pantalla una foto de su nieta y, de su mirada extraigo la conclusión de que, tal vez, sólo ande manipulando el chachivache para ver, de cuando en cuando, la cara de la hija de su hijo. Me llama la atención cómo hay determinados sentimientos que se pueden ligar a la sangre. Seguro que pasa de su mujer como de comer mierda, pero a su nieta, con la que ha compartido diez veces menos años, la quiere. El rollo de la sangre. Y a tí te conocí en la calle.
Creo que debería empezar a entonarme y buscar equipo para el año que viene. Lo necesito, necesito la sensación de pertenencia a un grupo. El loboesteparismo está muy bien, me hace sentir a gusto, pero si lo tengo a raya. Y creo que se está pasando. Casi dos temporadas con el jodido tobillo son demasiadas. Mi viejo no me perdonará no haber salido un fino zurdito como él. Otro loboesteparista, que cogió el camino de ida y no lo ha dejado. Debe ser demasiado tarde, muchos peajes en el de vuelta.
Me pregunto si a mi padre no le hubiera gustado cambiarse por mí. Doce centímetros más, diez kilos, igual. Si hubiera preferido un buen físico que le protegiera de las patadas, poderío aéreo a cambio de un puñado de sus fintas estériles en la banda de hacer daño. A lo mejor me cambiaba media docena de goles oportunistas, por mi disparo intimidatorio desde la frontal, o siete ocasiones marradas por un par de los balones que robo como si fuera un funcionario del centro del campo. Ser la estrellita, o el capitán, la luz o la sombra, la foto, o el trabajo gris. Porque yo se lo cambiaba. Él se quedó en agua de borrajas, por una rodilla regulera. Con veintisiete. Obvio comentario, es la parada de mi padre.
2 comments Marzo 17, 2009
