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Algo por fuera, nada por dentro
Las declaraciones de Leire Pajín sitúan a la ínclita en mi Top One de gente con la que no iría a tomarme un café aunque la salvación de mis pecados dependiera de ello. Es un muñeco, el claro ejemplo de lo que puede llegar a hacer la política patria y una mala digestión de los valores transmitidos en Los Fruitis. Hace años me dijeron que me fijara en los mítines de Zapatero, que siempre estaba detrás, en primera fila, en ese formato exportado de los americanos de asentidores, movedores de cabeza y aplaudidores, que llegaría lejos. Los movedores de cabeza son inquietantes. Cuando pinchaba, el dependiente de las extintas Tiendas Tipo se acodaba frente a la cabina y asistía al ritual de las modernas pidiéndome Seven Nation Army de los Stripes moviendo el perolo de arriba a abajo. Así pinchara a los Stones, o a Padre Abraham y los Pitufos.
Hay pocas cosas que sean tan contraproducentes para mi erección como la falta inequívoca de personalidad. No nos engañemos, no es tiempo de marcados caracteres, pero hay un límite. ¿Y si la Pajín tuviera el cuerpo de Eugenia Silva? Me daría igual ¿Y si luciera la belleza vaporosa de la Watling? Que no. A los políticos les pasa. Cuando tienen una cohorte de amancebados, gente que recibe un salario sustancioso a cambio de decir a todo que sí, acaban perdiendo el contacto con la realidad, y se vuelven unos paranoicos megalómanos. Algo megalómano hay que ser ya cuando se tiene la certeza de ser capaz de representar al personal, pero es harina de otro costal, y no daremos vueltas a conceptos filosóficos, que para eso soy un donnadie con dos asignaturas para acabar una carrera.
Para lo del café me quedo con el ejército de tías buenas que ha invadido el barrio. Se entiende que junio tiene unos raros poderes que causan efectos colaterales como el acortamiento de faldas, o la baja de los escotes hasta límites infárticos. No es sano pasear rodeado de mujeres que retienen sus pechos con telas mínimas, como los Países Bajos aguantan el mar que se los quiere comer. Europa cae en el descrédito mientras me reconozco más identificado por cada pliegue del cuerpo femenino. Leire, pásate por el barrio, necesito que la sangre me vuelva a cerebro.
3 comments Junio 4, 2009