Sidonie goes to me
octubre 31, 2010 3 comentarios
Nunca en tu vida te encontrarás con una chica que haya pasado una noche de un sábado en casa, bebiendo sola y escuchando a Van Morrison. Ellas tienen unas movidas a las que llaman amigas, y por eso le dan menos importancia a la música. Es muy difícil encontrarte a una tía que sepa de música. Por eso, cuando conocí a mi mujer y me dijo que no sabía quien eran Sidonie, no me sorprendió, pero me froté las manos. Poder descubrirle a una persona el típico grupo que sabes que le va a gustar, es una sensación maravillosa.
Les sigo desde que sacaban EP´s cutres y tocaban muy poco lejos de Barcelona. Luego Bip-bip, anuncios microscópicos en la Rockdelux, conciertillos en discotecas de provincias, más tarde multinacional, y ahora grabando en Abbey Road. Hace una semana cerraron la gira El Incendio en La Riviera y, desde entonces me guardo la crónica, porque salí calentito. Es algo que no suelen hacer los críticos. La pausa, la perspectiva. Al final ser cronista tiene más de gestionar impulsos, que de relatar apreciaciones.
El público eran mayoritariamente veinteañeras, de las que tienen preocupaciones vinculadas a Zara o H&M, algún gafapastita… en definitiva, esa generación que vive cómodamente instalada en la nada, en casa de sus padres, con un máster en mente, y que consideran que los porros no son droga.
Sidonie sonaron mal. Batería y bajo con una presencia excesiva. Salieron quince minutos tarde y durante la mitad de la primera canción no se oyó hammond ni guitarra alguna. Es un poquito imperdonable y me empecé a enfadar. Esto se acrecentó con el pedo del bajista, Jess, más pendiente de las posturitas para las fotos, que de secundar el excelente curro de Axel marcando el ritmo de las canciones.
En los conciertos soy bastante asqueroso. No canto, ni salto, ni bailo, ni me muevo, sólo atiendo. Analizo, me gusta verlo todo, escucharlo todo. No me gusta el concepto mechero-balada, no me gusta que el vocalista deje que el público le complete las canciones, no me gusta que se tomen los directos como una feria, porque en las fiestas de mi barrio no pago treinta y seis pavos por entrar.
Una noche, al acabar un concierto de Los Cavernas, Juanjo, amigo y vocalista del grupo, me dijo que estuvo con el culo apretado hasta que me vio aplaudir al final. Decía que desde el escenario, le parecía que odiaba al mundo. Es que me gusta escucharlo todo bien, nada más. Tampoco soy de hacer fotos, para eso estaban en La Riviera frikis a paladas, que le daban al aifon cada dos por tres, para parecer tíos enrollados en las redes sociales, y no los muermos casposos que son en realidad.
A pesar de los pesares, Sidonie han cultivado el mejor cancionero del pop nacional en los últimos años, les sobra profesionalidad y sentido del espectáculo, y tiran de detallitos, como invitar a Annie B Sweet a versionar un tema de Antonio Vega que ni fu ni fa. Rescataron una de sus primeras canciones, la psicodélica interminable Sidonie Goes To Varanasi, y versionaron a los Stones en You can´t always get what you want, detalle de alta escuela.
En definitiva, el grupo firmó otro hito, yo puedo decir que les he visto en la cumbre, el público consideró bien gastado su dinero, y mi esposa más encantada con el concierto que conmigo. Igual es que ya no le gusta que analice los conciertos. Igual es que nunca le gustó, pero pensaba que cambiaría. Igual a ella le gustaría ser un chico, beber sola y escuchar a Van Morrison. Ojalá que no.








