Post V “el segundo vuelo”
agosto 27, 2009 3 comentarios
Siendo plenamente consciente de mis alucinaciones por la T4, no puedo disfrutar de ellas porque creo que voy a perder el vuelo a Asturias y no me cabe una paja por el culo, lo que resulta muy útil cuando estás descompuesto. A pesar de todo tengo que ir al baño donde hago lo que tengo que hacer, me lavo la cara, me mojo el pelo (llevo cuatro días duchándome única y exclusivamente para bajarme la fiebre) y me cambio la camiseta por una camisa verde muy presentable. El espejo me devuelve un tipo que ha perdido no menos de diez kilos. Se me marcan los pómulos que lo flipas y con la barba parezco uno de esos modelos de pasarela, un concursante de Supervivientes, o un moribundo, que viene a ser lo mismo. Hace un año estaba en ese mismo baño metiéndome una piedra de hachís en las zapatillas. Algo estoy haciendo mal con mi vida.
Llego a mi puerta y no hay nadie, creo que he perdido el vuelo así que le pregunto a una señorita con pinta de azafata que qué, y me dice que cree va con retraso y no han embarcado, pero que no es su vuelo y no sabe, así que me tiro en el suelo para recibir al siguiente retorcijón sentado. Sin saber cómo la gente empieza a hacer cola para embarcar y sin explicarme el porqué la cola hace forma de “L” y me autoacoplan bloqueando el pasillo. Pienso en si la gente es subnormal, porque esta novedosa formación hace que cualquiera que quiera atravesar el pasillo tenga que hacerlo saltándome.
Entro en el avión, donde me recibe la misma azafata que me dijo que no era su vuelo, me siento y una pareja gay empieza a ficharme. No creo que sea buen momento. A mi lado se sienta un tipo con la cara de Silvester Stallone y un tatuaje gigante en el gemelo que pone “David“. El ser humano. Su novia, físicamente deleznable, devora la revista Cuore y enseña el tanga. Me apetecería decirles que una cosa es no ser esclavo de los cánones de belleza, y otra merecer ser lapidado, pero no puedo hablar. Llevo cuatro días con cuarenta de fiebre y no quiero hablar, porque además el comandante dice que habrá un retraso inestimable, ya que hay un incendio en la torre de control, así que no quiero hablar, quiero matar.
Tras hora y media de retraso despegamos y veo las estrellas. Cuando la lucecita se apaga voy al baño, vomito y vuelvo cual funcionario de la salmonela. Al llegar a destino, acercándonos a la pista de aterrizaje veo un volcán. Una montaña verde acabada en cráter del que sale humo. Creo que a nadie le puede interesar ocultar la existencia de un volcán en Mieres, así que creo que es otra flipada, pero lo único me preocupa es que mis padres estén en el aeropuerto y lo están. Abrazo a mi abuela que no me reconoce hasta que no me tiene encima. Me dijo que creía que era un soldado, así que no sé a partir de qué edad las alucinaciones son algo normal, pero ya me explico muchas opiniones de mi abuela. Ser viejo es vivir con fiebre.
Entro en un coche del que mis padres se deshicieron hace tres años, pero que la deshidratación ha recuperado de una muerte mecánica, y me llevan a casa. Me desplomo en la cama, mañana iremos a urgencias, mañana estaré mejor, mañana será un buen día, habrá paz en la tierra, Beyoncé me mandará un sms, Xabi Alonso fichará por el Athletic, y todos seremos felices de la hostia.
En la otra banda defendía Larrazábal de modo que, recitar la defensa de los de San Mamés, era un trabalenguas en la, ya de por sí, complicada pronunciación de cualquier alineación vizcaína. El centro de la zaga lo ocupaban un joven Karanka, que coincidiría en el viaje de ida y vuelta a Madrid con Alkorta, y el eterno capitán Genar Andrinúa. Sólo la infancia explica que una defensa tan ramplona fuera merecedora de raspar el escudo del equipo en la tapa del estuche, desdibujando un par de cazabombarderos, bonito motivo para el matarial escolar.
- ¿Por qué quieren enchironar a Madoff? Al fin y al cabo sólo quiso enrredar un poquito con la base del capitalismo, la confianza. ¿Quién estará detrás de Madoff? ¿Quién será el Gran Pez Gordo?
Ser del Athletic en el centro peninsular no es fácil. A los cariñosos apelativos de “etarra” en el cole, le precedían los más dolorosos recuerdos de abultadas derrotas contra los grandes. Pero la noche de ayer me reconcilió con el cajón de los cromos, las camisetas y la bufanda tatuada. Explicar la filosofía del equipo no es fácil, cargársela en cuanto los resultados son adversos, sí. Lo que se vivió ayer en La Catedral tan difícilmente explicable, es como lo que se siente en Anfield, partiéndote la garganta a base del You´ll never walk alone, para perder con el Wigan.











