Notas de martes

- El señor siempre gratifica y hace que los malos tiempos tengan rayos de esperanza, como el resultado del Camp Nou, o que Carmen de Mairena sacara más votos que Rosa Díez en las elecciones catalanas.

- Lo de ayer en Barcelona fue un triunfo de la justicia poética, y de la realidad de la belleza frente al marketing de portada cutre (no perderse la del Marca de hoy). El verdadero mérito de Guardiola y del colosal grupo de jugadores que lidera, es ganar, obtener resultados. La justicia poética casi nunca se da, y los aficionados recordaremos a este equipo como quien se acuerda del Brasil del 82, de la naranja mecánica, o del Dream Team de Cruyff.

- El Barça tiene estilo. En las dos últimas décadas, ha tenido tres equipos superlativos -el de Cruyff, el de Rijkaard, y el de Guardiola- que han jugado al fútbol como nadie en el mundo. Entre tanto el equipo de la primera era Van Gaal que ganó dos ligas, con Rivaldo y Figo, también jugaba de manera espectacular.

-El Real Madrid lleva mucho jugando mal. El Madrid de Zidane no jugaba bien. Ganaba, y sus “galácticos” realizaban jugadas individuales magníficas. El mayor mérito de Del Bosque, era gestionar egos. Incluso la semifinal de Manchester con el famoso taconazo de Redondo, fue un gran partido, pero de poder a poder. No era un equipo inalcanzable. Era un equipo con grandes jugadores. Considerar que el Madrid de Zidane jugaba bien, sería como decir que el Barcelona de Robson también lo hacía -ganó todas las competiciones menos la liga, donde fue segundo- por las genialidades del mejor Ronaldo.

-Cambiando de tercio, Wikileaks no sólo pone en tela de juicio a la administración norteamericana y los equilibrios geopolíticos, sino mucho más. Por ejemplo la penosa gestión de la información por parte de los medios -el tratamiento de El País, que ha empezado a meter mano dos días después a la información relevante, ha sido sensacionalista y obvio-, y la indiferencia social ante cualquier tipo de revelación. Sociedad del espectáculo, que decía Debord.

-Creo que Wikileaks, comparado con la señora que friega la escalera de mi casa es pura mierda. Pura mierda.

-Ya estoy en Foursquare. No puedo ser más tonto, pero venga, #socialmediayolé, y geolocalización al canto. Sigo muy de cerca esto de la geolocalización, y es un mercado bastante verde que, como todo lo relacionado con el marketing online, no se sabe muy bien si dará tiempo a madurar antes de que muera, o si las nuevas formas de marketing son, en realidad, la capacidad para invertir en publicidad en la tendencia del moda en el momento adecuado. Todo nace y muere demasiado pronto.

- Investigando, veo el éxito de una campaña de McDonnald´s. Por lo pronto, para la cadena de hamburgueserías, ya es un éxito que la OMS no les meta mano. Pero hablan del éxito de la experiencia piloto en Foursquare. Me juego el cuello a que es mentira y los números son falsos. Conozco las agencias, las plataformas, y el bombo promocional que se han de dar. Jamás reconocerían un fracaso, pero no han vuelto a hacer una gran inversión. Huele a pufo.

-El viernes en La Noche Temática vi un docu llamado “La fábrica de famosos”, y mañana se lo pongo a mis alumnos del taller de radio. Es ilustrativo sobre la influencia de los famosos y lo que les rodea en nuestras vidas. Del análisis antropológico, a la utilización en la política. Descárguenselo aquí.

-Os dejo el teaser de la serie en la que anda Bárbara López: Las crónicas de Maia. Dando bolilla al mundo blogger



Sidonie goes to me

Nunca en tu vida te encontrarás con una chica que haya pasado una noche de un sábado en casa, bebiendo sola y escuchando a Van Morrison. Ellas tienen unas movidas a las que llaman amigas, y por eso le dan menos importancia a la música. Es muy difícil encontrarte a una tía que sepa de música. Por eso, cuando conocí a mi mujer y me dijo que no sabía quien eran Sidonie, no me sorprendió, pero me froté las manos. Poder descubrirle a una persona el típico grupo que sabes que le va a gustar, es una sensación maravillosa.

Les sigo desde que sacaban EP´s cutres y tocaban muy poco lejos de Barcelona. Luego Bip-bip, anuncios microscópicos en la Rockdelux, conciertillos en discotecas de provincias, más tarde multinacional, y ahora grabando en Abbey Road. Hace una semana cerraron la gira El Incendio en La Riviera y, desde entonces me guardo la crónica, porque salí calentito. Es algo que no suelen hacer los críticos. La pausa, la perspectiva. Al final ser cronista tiene más de gestionar impulsos, que de relatar apreciaciones.

El público eran mayoritariamente veinteañeras, de las que tienen preocupaciones vinculadas a Zara o H&M, algún gafapastita… en definitiva, esa generación que vive cómodamente instalada en la nada, en casa de sus padres, con un máster en mente, y que consideran que los porros no son droga.

Sidonie sonaron mal. Batería y bajo con una presencia excesiva. Salieron quince minutos tarde y durante la mitad de la primera canción no se oyó hammond ni guitarra alguna. Es un poquito imperdonable y me empecé a enfadar. Esto se acrecentó con el pedo del bajista, Jess, más pendiente de las posturitas para las fotos, que de secundar el excelente curro de Axel marcando el ritmo de las canciones.

En los conciertos soy bastante asqueroso. No canto, ni salto, ni bailo, ni me muevo, sólo atiendo. Analizo, me gusta verlo todo, escucharlo todo. No me gusta el concepto mechero-balada, no me gusta que el vocalista deje que el público le complete las canciones, no me gusta que se tomen los directos como una feria, porque en las fiestas de mi barrio no pago treinta y seis pavos por entrar.

Una noche, al acabar un concierto de Los Cavernas, Juanjo, amigo y vocalista del grupo, me dijo que estuvo con el culo apretado hasta que me vio aplaudir al final. Decía que desde el escenario, le parecía que odiaba al mundo. Es que me gusta escucharlo todo bien, nada más. Tampoco soy de hacer fotos, para eso estaban en La Riviera frikis a paladas, que le daban al aifon cada dos por tres, para parecer tíos enrollados en las redes sociales, y no los muermos casposos que son en realidad.

A pesar de los pesares, Sidonie han cultivado el mejor cancionero del pop nacional en los últimos años, les sobra profesionalidad y sentido del espectáculo, y tiran de detallitos, como invitar a Annie B Sweet a versionar un tema de Antonio Vega que ni fu ni fa. Rescataron una de sus primeras canciones, la psicodélica interminable Sidonie Goes To Varanasi, y versionaron a los Stones en You can´t always get what you want, detalle de alta escuela.

En definitiva, el grupo firmó otro hito, yo puedo decir que les he visto en la cumbre, el público consideró bien gastado su dinero, y mi esposa más encantada con el concierto que conmigo. Igual es que ya no le gusta que analice los conciertos. Igual es que nunca le gustó, pero pensaba que cambiaría. Igual a ella le gustaría ser un chico, beber sola y escuchar a Van Morrison. Ojalá que no.

Los diez apuntes finales

Uno.- Guardiola dijo de él la semana en que subió de la cantera a entrenar con el primer equipo del Barcelona: “este chico me retirará y será mejor que yo“. Palabra de Pep. Hoy Xavi es, indiscutiblemente el mejor jugador español de la historia. Sin spots, ni titulares, ni prensa lameculos. Con rivales pequeños o grandes, en pretemporada o la final de la Copa del Mundo, ha demostrado que la pelota es siempre suya.

Dos.- Las extrapolaciones políticas que realizan algunos medios con los éxitos, calan en la gente. Y son mezquinas.

Tres.- Vicente del Bosque no era un entrenador moderno, no cumplía el perfil, no le quedaban bien los trajes. Sólamente es un tipo capaz de tomar las decisiones perfectas en los momentos de tensión extrema. Sólamente eso. Enhorabuena Florentino.

Cuatro.- Imagino que Tomás Roncero y el resto de marujos de la prensa deportiva, estarán tomando un gintonic con Raúl González Blanco, hablando de lo buenos que era los viejos tiempos, en el espíritu de Juanito, la furia, y otros grandes conceptos del ideario victimista de la selección.

Cinco.- Resolvía César Luis Menotti, que entre jugar bien y perder, o jugar mal y ganar, le gustaría conocer al iluminado que pensaba que jugando mal se ganaba. La selección ha jugado bien porque tiene jugadores que juegan bien. Cuando no los tenga, no se ganará. Lo que parece una estupidez, no lo será tanto, y volverán los Ronceros, con el “Santiago y cierra España” en la punta de la lengua. La tradición oral holandesa perpetuará su naranja del 74, y hundirá entre patadas a Robben y compañía.

Seis.- Las lágrimas de ayer demuestran que el fútbol es un deporte en el que los buenos planos ni se compran ni se venden. Es, esencialmente, un juego de equipo, de orígenes humildes, en el que los mejores actores son los que no actúan.

Siete.- El campeonato se ha desarrollado en Sudáfrica como podría haber sido en Groenlandia. El circo ha ascendido peldaños, ha resultado, más que nunca, un Mundial para aficionados ricos. Los africanos, vuvucelas aparte, han visto cómo el circo les daba la espalda. Tras los titulares, se quedan con su 40% de desempleo.

Ocho.- La introducción en las retransmisiones de la slowcam, y de la cámara cenital, desde el cielo, han dado un salto de calidad a la belleza estética del juego. Manu Carreño no ha estado a la altura en los últimos partidos, Paco González se lo ha comido con patatas. Quique Flores ha sido el mejor comentarista, de largo, y Camacho un hooligan cavernícola que no aportó nada. En general la prensa ha saturado con demasiados minutos de atención y poco contenido.

Nueve.- Le hubiera pegado un tiro a Ángel María Villar a la salida del avión. Y rezaría porque Reina se quedara mudo en la celebración de esta tarde.

Diez.- Mi equipo, el Athletic de Bilbao, tiene a dos campeones del mundo. Eso no se ha visto, ni se verá.

tiro con defecto

Nos movemos en un ramillete de tópicos que nos permiten reducir la actividad neuronal a la mínima expresión. Uno de ellos, de los más graciosos, responde a la pregunta de si te consideras católico. Los cánones del español medio mandan decir “sí, pero no creo en la Iglesia“. Viene a significar lo mismo que decir que te gusta la zoología si no fuera por los animales. Este Mundial nos pone a huevo comentar que nos gusta el fútbol, pero no la FIFA.

El balón del mundial, recoge la tendencia que inició Nike reduciendo el peso, y coloca a Adidas en la línea que separa lo comercial con la incidencia en el juego. El balón ha demostrado que corrompe tiros y pases, que ignora cualquier tipo de  estabilidad y que ha desnaturalizando las trayectorias. Ninguna selección vestida por la marca alemana se ha atrevido a criticarlo, públicamente, excepto Maradona que, cómo no, va a su bola.

Los medios han sacado la polémica lo suficiente para que todo el mundo sepa el nombre comercial del modelo de balón (venderlo: que hablen de mí, aunque sea bien), pero nadie ha salido a decir la verdad de la pelota: es un balón de playa indigno para una competición. Adidas pone mucha pasta en publicidad. Todos callados.

Nike, probablemente siguiendo los dictados de los fans del hokey de sus oficinas de Oregón, ha hecho que el Atlético de Madrid varíe el tamaño de las rayas de la camiseta, o la parta en dos mitades, roja y blanca. Lo mismo ha sucedido con el Barcelona, que este año vestirá con pantalones rojos ¿?, o el Valencia, que ha pasado de sus medias negras, a las blancas. La selección tampoco ha escapado a los cambios sangrantes que se pasan la tradición al segundo plano, al cambiar las medias de negras a rojas.

El mayor escaparate del mundo lo es para lo bueno y para lo malo y, en el caso del famoso Jabulani, ha quedado retratado ante millones de espectadores como una mierda pinchada en un palo. Los responsables miran hacia otro lado, como hacen los árbitros que ven sus flagrantes errores repetidos en las pantallas gigantes de los estadios. Cuando la sociología se acerca a los orígenes de los conflictos bélicos, casi siempre se intenta intelectualizar todo un sistema que, en realidad, muchas veces se reduce a eso: la incapacidad del ser humano de reconocer sus propios errores.

PD1: ¡Cómo está Llorente! ¡Gora!

PD2: La huelga de metro es la demostración de que pase lo que que pase, la gente jamás se movilizará ante ningún tipo de injusticia. Banqueros, tenéis carrete.

PD3: Talento en la red

Garaje Sessions

Hace un año estábamos en el Mobile Word Congress de Barcelona. Este año no. Trescientos cincuenta euros dos personas cinco días, viaje, dormir, comer… todo incluído. De nuestro pírrico bolsillo. Llegábamos con nuestros proyectos de “vaidio“, nos sangraban en los parkings, y nos desfondaban señores de Seattle o de Texas. Enroscamos las bombillas y llamamos a Manolo: se nos había ocurrido una cosa. Sólo ha pasado un año entre esto y esto otro.

Ando desorientado, no lo niego. Supongo que estar en un garaje buscando la gloria tiene mucho de eso, de desorientación. Hay veces que la falta de un objetivo es lo que motiva llegar antes a objetivos insospechados, pero, como no los sospechas, no lo sabes. En breve tendremos una reunión, una convivencia, con el absurdo objeto de encontrar algo que nos haga diferentes, y no sólo eso, que nos convierta en los mejores del mundo.

El futuro es una hoja en blanco rotulada con un título que nos marca: “Crear algo diferente”. Y es que crear algo diferente no es fácil. Se acabaron los refuerzos positivos gratuítos y la autocomplacencia absurda de la infancia, donde la creatividad es una forma en una cartulina, hecha con bolitas de papel pinocho. Ahora va en serio, y en el garaje hace frío y sobra mortadela. Tenemos un grupo que suena bien, y no son pocos los productores que se han acercado a felicitarnos, pero ninguno ha puesto un duro para multiplicar la difusión de nuestros éxitos.

Existe el miedo a que nos cambien al batería porque el nuestro no es comercial, o que retoquen nuestras canciones, o que se aprovechen de nuestros potenciales hits, y nos dejen tirados. Algunos en la banda creen en el fenómeno Arctic Monkeys, que la red pondrá a cada uno en su sitio. Que dios les oiga.

Ondeando

yoTodavía recuerdo cuando don Antonio me animó a presentarme a los Ondas.  Sí, sí, me animó, creyó que el programa merecía la pena, conocía al jurado -siempre recordaba que llevaba cincuenta años en la casa, concepto la casa-, y que les iba a gustar y a sorpreder tener algo así coleando en provincias. Así que rellené una solicitud, un bíptico gris, empaqueté un cedé y lo envié a Radio Barcelona. El cartero al mismo tiempo que se afanó en hacer llegar este paquete a Barcelona (es que iba a decir la ciudad condal, por no repetir, pero me parece asqueroso), guardaba otro relleno con sus últimas luces, en el apartado de correos de don Antonio.

Don Antonio me parecía un tío grande por varias cosas. Lo primero porque le encantaba mi programa, aunque siempre acabara con una falsa llamada en la que le imitaba haciéndo la petición del oyente, que era una canción, siempre de Julio Iglesias. Lo segundo porque me dejaba zascandilear. Mientras el resto de la redacción escribían sus noticias de plantilla, con mucha ceremonia, pero sin el menor esfuerzo -en plan “un rumano asalta…“-, chumeteaban lo que no aparece en el Hora 14, o hablaban de sus hijos, cosas importantes laboralmente, yo zascandileaba por Internet, me cerraba en el estudio a escuchar música, o hurgaba por los armarios de las cintas viejas. Don Antonio les decía que lo podía hacer porque era creativo, cosa que no servía para remansar las aguas.

El despacho de don Antonio olía mucho a tabaco, y algo menos a queso roquefort, lo que lo convertía en algo insoportable, y él era pesado conmigo diciéndome que no se podía explicar que me presentara sin guiones, que Iñaki Gabilondo tampoco los necesitaba, pero siempre tenía a su lado un cerro de papeles, por si acaso. Andes de cumplir su promesa de llevarme a ver a Iñaki, le llegó la jubilación, y con el nuevo director, aunque abría más las ventanas, el despacho olía a podrido, a cadáver. Creo que don Antonio, pese a no serlo de carrera y, probablemente tampoco de corazón, era lo único que enraizaba el concepto periodismo con aquella emisora que, luego se convirtió en un noticiero de salón.

¿Con los Ondas? No hubo suerte, aunque, por supuesto, preparé un speech por si tocaba viaje a Barcelona. Creo que aquel año le dieron el Ondas al Mejor Programa de Innovación Radiofónica al Anda Ya de los 40. No me pareció muy innovador, pero toda queja hubiera sido tomada como inequívoco gesto de envidia. Este año le han dado uno a Jorge Javier. Espero no optar jamás a un Ondas, porque no iré a recogerlo. Lo malo que tienes cuando tu despacho huele a podrido y abres las ventanas, es que suele acabar oliendo a podrido toda la calle.

PD1: Gracias a todos por la calurosa acogida del nuevo blog. Gracias Mario por semejante reseña.

PD2: Echad un vistazo a esto.

El jeta

leon2En los últimos diez años, recuerdo dos conversaciones de más de treinta segundos con mi padre. Una era sobre Guardiola y la salida tan chunga que tuvo del Barça, otra sobre Pablo Carbonell. Del exreportero del Caiga Quien Caiga me dijo que era un jeta, que le había oído unas declaraciones en los ochenta donde afirmó que su objetivo era vivir sin dar un palo al agua, y que lo había conseguido. Me abrió los ojos. Sobre Pep me dijo que no merecía el trato que le estaban dispensando los directivos azulgranas, que si él fuera Guardiola lo dejaría, y quedaría los sábados para jugar en la playa con los amigos.

Como las ocasiones de comunicar con el homo antecesor siempre me han sido tan escasas, intento sacar el máximo rendimiento de las palabras de un ser que me lleva trentaiún (no miréis en rae.es que no está) años de ventaja. Pensé que, si algún día llegara a la élite del fútbol, a nivel Barcelona, Manchester, Bayern… jugaría un par de años y me retiraría con veintitrés o veinticinco años. Y a jugar al fútbol en la playa de San Lorenzo, con las espaldas cubiertas de por vida. Como Metzelder, Milito, o el último tramo de carrera de Julen Guerrero, pero sin ir a entrenar. No pudo ser, una inesperada falta de calidad me lo impidió.

Pero lo de vivir sin dar un palo al agua sigue siendo un objetivo a lograr y, voto a tal, plausible. Todos tenemos en la mente un buen puñado de seres que viven muy bien sin hacer nada (“¿Le parece poco ganar mucho dinero sin hacer nada?, muy poca gente lo consigue, mi buena mujer” dijo el Marx bueno), así que la meta es estar en vuestras mentes como un hijoputa más. A nivel Costa´s Brothers, el nuevo fenómeno musical de las Nuevas Generaciones. Que se preparen el Bigotes, el Albondiguilla y mi amigo Fabra, que voy para allá.

Raritis

NicoyyoNico es una perra con una mentalidad tan aparentemente estúpida, como realmente extraña. Provocadora pero cobarde, loca por salir, loca por volver, siempre dispuesta con igual energía para hincar el diente a cualquier fino manjar, o emprender veloz carrera tras una mosca. Tiene un par de grandes miedos, fantasmas que acechan y, en verano, se le afilan tras cada esquina: ni soporta el sol, ni los aires acondicionados, así que los paseos en esta época se convierten en una clase de fitness de cintura para arriba para su partenaire. En un par de días cumplimos un año juntos.

Pero nunca dejaré de agradecerle la siguiente metáfora, que me regala de cuando en cuando: roe su correa. Con paciencia y esmero lame, moja y, cuando está blanda, corta la cuerda que le une a cualquier poste o farola mientras compro, tomo algo, u otros menesteres. La imagen que me encuentro al salir es la siguiente: una perra, con la correa rota, es decir, libre, sentada en el mismo lugar que estaría de no haber logrado el objetivo, esperándome como si sus posibilidades de huír fueran imposibles. Es la mejor metáfora que conozco del sistema en que vivimos.

PD: Estoy hasta los cojones de que me recomienden ir a Malta en todos los programas. Que si la Valetta, que si el buceo, que si la noche… No voy a ir. Repito: no voy a ir.

PD2: ¿Cómo un baño tan pequeño puede acumular tanta mierda?

PD3: Una de las cosas que descubrí en Barcelona en casa de Lichis, es el vicio con las enchiladas en lata de Old El Paso. Una de las cosas que les quiero enseñar a ustedes es que no las coman. Son mortales.

El efecto perverso

Han pillado al alcalde de Barcelona, miren aquí. Resulta que la criatura también tiene un blog, faltaría más. Es que los políticos son modernos y se creen que puede monopolizar no sólo los medios de expresión tradicionales -que controlan merced a subvenciones, clientelismo y otros menesteres- sino que quieren controlar también lo incontrolable, los muy gilipollas. Resulta que le cuesta una pasta gansa, pasta como para comprar un piso y regalarlo, pero es que además lo escriben sus asesores de prensa, lo que desnaturaliza un poquitín el asunto. Moderno, molón, pretende hacer divertido a alguien que no lo es, pero completamente falso. Es como si Emilio Botín jugara en los Lakers, en la chepa de Gasol.

Los representantes de lo público son así, a la orden del día, a tope, con sus muletillas populares, sus resultados deportivos y sus respuestas de refrigerador, por si vienen los del Caiga Quien Caiga. Mientras revienta un señor en Bizkaia y le damos una vuelta al molino con las mismas posturas, mismas palabras, misma mierda. Ni blanco ni negro. Hablar defendiendo lo blanco parecería lógico desde la capital, pero tampoco viene bien ver el negro de vez en cuando. Vean Hunger, de Steve McQueen, olviden el olor a normalidad y piensen desde la putrefacción humana más absoluta, a ver si tienen cojones a defender el blanco sin sentirse ratas inmundas.

Un político enfrentado a un problema de verdad, es como un chimpancé en la selectividad. Pero creen que lo moderno vende. Es el verdadero Efecto Obama. Nada de nuevas ideas, nuevos cuentos. Por más que una intención sea buena, siempre derivan efectos perniciosos. La teoría del efecto perverso.

La gran final

Llegué a Roma con una hora de retraso respecto a lo que había previsto. Una final así hace que uno se ponga nervioso desde la semana antes, así que cualquier cosa que rompa el plan establecido -y los retrasos son los campeones del cualquiercosismo- me desestabiliza bastante. En Italia ya hace ese calor asfixiante de Fellini, el de mujeres escotadas y camisas entreabiertas, y la marabunta me escoltó hasta la puerta del Olímpico, el estadio que todavía recuerda al Duce.

Al llegar enseñé mi acreditación y los empleados de la UEFA empezaron a chapurrear excusas en italiano primero, e inglés luego. Finalmente resolvieron confesarme que mi pase era falso. Llamo a la redacción de El País, pero nadie me coge el teléfono. En una redacción. Increíble, seguro que pasa algo con el móvil que me restringe llamar fuera o algo. Mierda de Comunidad Europea de pega. Cuando el sudor dibujaba un mapa de Sicilia en las axilas, otro empleado me comenta que no me preocupe, que el pase de prensa falso me da derecho a ver la final falsa.

Me acompañan en corto paseo a un estadio falso por el que entran miles de espectadores con sus entradas falsas, una masa con gesto de estafados pero menos. El empleado falso me acomoda en mi tribuna falsa, y saltan los equipos falsos al césped. No espero que el verde sea otra cosa que moqueta, pero desde mi emplazamiento no diferencio muy bien. Comienza la final falsa entre el Barcelona falso y el Manchester United falso. Un negro juega de portero en los catalanes. También hay un chino, y en los británicos forman seis pelirrojos.

Ante el desconocimiento de los futbolistas, anoto las alineaciones con esmero, y una serie de pases pseudoculés enlazan la mayor parte de mis apuntes. Al descanso gana un cotragolpe rojo a cero, y decido tomar una Oca cola. Oca cola, sí, pero light. Sabe muy parecido, no igual, pero muy parecido y, tras algunos problemas para intercambiar la moneda, la desgusto anonadado. Todo era falso. Había un fotógrafo con perro-guía, para que se hagan una idea, pero no una foto. Atiendo la llamada de alguien que dice ser mi jefe, y me llegan una retahíla de mensajes de presuntos amigos. Amigos de nombres tan variados como desconocidos. Conrad, Emilio, Marcos, o un tal Virgilio, que me insta a que “intent pillr la kmiset d alguien“.

La segunda parte tiene el aura de la grandeza, y el colegiado corta el aumento de voltaje a base de tarjetas. Cuando las aficiones callan, creo que lo hacen por escuchar el barullo del verdadero Olímpico de Roma, para intentar adivinar qué ocurre en la realidad, pero enseguida arrancan con sus cánticos y ahogan la complicidad. Los blaugranas remontan y se llevan el falso trofeo, después de litigiar en los minutos más grandes que haya dado la historia del fútbol. Goles imposibles, regates de colores y jugadas soñadas, engarzadas en una y otra puerta, sin tregua ni fin. Fue tan maravilloso que las aficiones tardaron siete horas en abandonar el estadio.

El tiempo robado al sueño, se cobró en el vuelo de vuelta. Sólo me pudo despertar una azafata extendiendo la prensa. Al abrir por “deportes” me di cuenta de que la crónica que había firmado, coincidía con el partido real, con la final real y con el resultado real, no la que había visto, redactado y enviado anoche.

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