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Call me
Ayer me llamó mi otro yo. Mi otro yo surgió el quince de abril de mil novecientos noventa y cinco, cuando alguien me preguntó si prefería a los Stones o a los Beatles. Elegí a los Beatles y ví como una especie de figura mía, con una transparencia del 75%, abandonaba mi cuerpo y comenzaba una nueva vida. Supongo que porque eligió a los Stones.
Mi otro yo vive en un apartamento de la 105, esquina con Columbus Ave., al lado de Central Park, en NY. Trabaja haciendo reportajes para la revista del viernes del Times, y colabora con algunos medios españoles -ha publicado en La Vanguardia, o El País-, contando historias sobre cosas curiosas (gente de por allí y todo eso) bastante bien escritos, la verdad. Tuvo un lío con Silvia Uslé, y lleva una vida muy de americano, de amigas con derecho a roce, de sudaderas de algodón grises con capucha, de ver a los Knicks y llamarme para decirme que Nate Robinson es peor que Chichi Creus, y demás.
De vez en cuando se interesa por la vida de mi yo-yo, el abajo firmante. Me llama, y le cuento y me cuenta. Anoche le comí la cabeza con mis comeduras de cabeza. Me dijo que le parecían demasiada personas comiendo demasiadas cabezas, me recomendó valorar las cosas más estúpidas que más me gusten, y estoy en ello. Me dijo que pensara en las cosas que echaría de menos si hubiera elegido a los Stones, que van desde el eco de la voz de Carlos Carnicero, y otros tertulianos de la familia, por toda la casa, hasta el olor del jabón Magno, que me recuerda mi infancia en la aldea, placeres tan proletarios…
Colgué como si hubiera salido de una ducha supercaliente y me pusiera mi sudadera favorita sin nada debajo, y saliera por la calle bien temprano, y me cruzara con dos personas con motivos para saludar, y viera a un niño comprar cromos, y a la gente abriendo las cafeterías, y escuchara una de las canciones favoritas de mi otro yo.
5 comments Octubre 6, 2009
La ciudad y los perros
Lo malo que tiene vivir con una perra y no con una chica, es que cuando la mandas a paseo, tú tienes que salir con ella. Al sacarla me gusta que ande a mi derecha, porque toda la vida me he acostumbrado a llevar la mano izquierda metida en el bolsillo. Pero de vez en cuando se me cruza, camina delante de mí y me apetece meterle una patada para que aprenda, cosa que no sucederá. Si no le arreo el puntapié, es porque estoy en la calle y la gente me miraría con desprecio, igual que Javi Clemente jugaría con dos porteros si los partidos fueran a puerta cerrada.
Luego se sitúa en la izquierda, y me da mal rollo, me hace sentir incómodo y, cada vez que se para a olisquear, me voy enfadando un poco. Le pego tirones en la correa sin mayor espíritu pedágogico que la venganza ante mi frustración. Cuando un ser humano se siente relativamente frustrado porque su perro pasee por el carril del diez (que diría Manolo Oliveros), es que debe parar, sentarse en un banco, echarse un cigarro, y pensar un poco.
En un mundo en el que todos somos protagonistas de nuestra película, resulta complicado utilizar herramientas de antropólogo para las interacciones cotidianas. Mirar las circunstancias con perspectiva, amén de un signo de inteligencia y, por tanto, de elegancia, supone una beneficiosa visión de las cosas, es decir, a la larga, algo positivo para uno mismo, esto es, egoísta. Ser egoísta no está mal -os lo dice un experto en serlo y justificarse como tal- si se es un gran egoísta. Por el camino hay que granjear afectos y ofrecer porque, como finiquitaron los Beatles, “and in the end, the love you get is equal to the love you give“. De vez en cuando hay que parar, sentarse en un banco, echarse un cigarro, y pensar un poco.
5 comments Octubre 1, 2009
Espacio exterior
Fue ésta mañana, en una ETT, para teleoperador. Mi voz podría pasar de haber puesto en jaque a toda una comunidad autónoma, a solucionar sus problemas con la facturación de la luz. Es como ver a Ronaldo en el Corinthians. Relleno papeles y me hacen un examen de “cultura general”. Ojo al concepto: cultura general. Cuando me lo extienden, noto cómo se me derrite el tinte negro del pelo. Es un guiño a Los lunes al sol, pero nadie lo pilla en la sala. No es cultura general.
La prueba consta de una primera parte en la que he de corregir ortográficamente un texto tal que así: “La prueva quonsta de una primera parte en la que e de correjir hortograficamente un testo tal que hasi”. La segunda parte es más entretenida: conocer en qué contiente están Praga, San Francisco o Ankara. En el caso de la capital turca, me permití la licencia de no hacer una digresión sobre si deberían entrar o no en la Unión Europea. Me saldría de la generalidad culta. La tercera parte hacía crecer la prueba en intensidad. Una serie de nombres a identificar: Bill Gates, Marie Curie, Rocinante o Benazir Bhuto. ¿Eran los Beatles, no?
La guinda del pastel, la puso la prueba matemática, palabras textuales de la prima en cuestión “tranquilo, son todo reglas de tres. Si tienes móvil con calculadora, lo puedes usar”. Hostias. Ochocientos pavos por seis horas al día. Después de semejante prueba, con las rodillas temblorosas por la tensión, me sentí capacitado para capitanear la próxima misión del Apollo. Mayor Tom, está despedido.
Add comment Marzo 9, 2009
La duda
Hay mucha literatura con respecto a la grabación del Kind of blue, el mítico álbum del negro heroinómano de Miles Davis. También tocaba la trompeta. Se grabó en una antigua capilla, habilitada como estudio, y sita en el 30th Street Studio de la Columbia Records en la ciudad de Nueva York. La toma fueron diez horas, repartidas en dos días. El primer disco de los Beatles se grabó en dos días también. Los de Liverpool reflejaron su tiempo, y Miles el estilo de vida norteamericana en clave de jazz.
Hace años, hacía un programa musical de radio, en una pirata. Una noche la jodí hasta el fondo, confundiendo el freejazz con el jazz modal. Un tipo al que no conocía, llamó a la radio para ponerme a parir, era Miguel Alcalá, informático reputado, y contrabajista en sus ratos libres en combos como Café Coretto. Días después, además de darme amenos cafés -y algún que otro ron- hablándome del jazz, me incitó a la lectura sobre el tema, y devoré un libro sobre el citado Kind of blue. Esos dos días dieron para peleas, locuras y obsesiones para con el sonido, hasta que salvaron una de las mejores producciones de la historia de la música, y el disco más vendido de un género tan minoritario como el jazz, al punto que su posesión se ha convertido en todo un acto pop.
Además de juntar a Davis y Coltrane (un saxo que, para mí tocaba desde otro planeta), el resto del grupo era para quitar el hipo: el contrabajista Paul Chambers, uno de los primeros en utilizar una púa, Cannonball Adderley, sin comentarios, Jim Cobb a la batera y, efectivamente Bill Evans al piano. En realidad Evans -obsesivo del jazz modal- realizaría los arreglos y, creo que tocó en la primera sesión, pero se piró al día siguiente, debía tener algún recao. O por puro cansinismo. Era un tipo tan cansino, tan cultivador de lo modal, que se quedó fuera de la onda guay, pese a ser un ejecutante de los de flipar. Un tipo con más nervio, como Thelonious Monk, lo adelantó por la derecha, y ése sí que queda guay decir que lo escuchas. Jodidos blancos.
La cuestión es que con éste post, resuelvo el debate generado la noche del sábado en la Clamores, al calor de la guitarra de Julián Kanevsky, y el ritmo escupido por el ampli retro del Lichis. Quitando un par de temas en los que salí a fumar -concierto de blues sin humo, lo que nos quedará por ver- tuvieron un solo fallo. Tres tipos con una variación de escalas, acordes y solos de tirar para atrás, perfectamente engrasados. Dio gusto. Y todos teníamos razón.
3 comments Marzo 2, 2009
Público y crítica
What´s the story (morning glory) cambió mi vida. En primer lugar porque, con trece años, me pareció una fabulosa colección de canciones. En segundo porque me llevó al anterior trabajo de Oasis. El primer disco de los de Manchester, Definitely Maybe, ofrecía un libreto interno adornado por fotos de la banda. Entre ellas una de Liam leyendo el periódico con una camiseta de los Beatles. Me hizo pensar, que igual los Beatles no eran sólo música para viejos. Y de allí a todo lo demás.
Mi primer artículo largo en prensa fue sobre uno de sus lanzamientos. El primer concierto en el que me dejé una pasta propia, también. Una chica que me gustaba me invitó aquella semana a ver un umplugged de REM en los 40 Principales. Su madre trabajaba allí, así que nos colaría. Y fui tan gilipollas de no renunciar al rock&roll cervecero de los Gallagher, dejando a un lado un concierto mágico de Michael Stipe y los suyos… y quién sabe si alguna que otra cosa mágica.
Quiero decir, que llevo a Oasis en la sangre como llevo al Athletic, al Liverpool o a los Knicks, como un estigma del que no me siento, precisamente, orgulloso. Tengo todos sus discos por la misma regla de tres que no hay respuesta al “Papá ¿Por qué somos del Atleti?“. Soy el primero que reconoce sus limitaciones, pero tampoco dejo de ver, que Noel tiene un talento bárbaro para escribir canciones, y que su aterrizaje en el mundo de la mediocridad artística, tras Be here now, ha sido mucho más que honorable.
Anoche actuaron en Madrid. Me lo perdí, la crisis manda, pero, pese a que los hermanos llevan dos años sin dirigirse la palabra, sé que volverán, porque son “los matrimoniadas” de la industria. Otro directo que meter en la mochila de caídos por la gracia de la crisis. y van mogollón. Aunque hoy veré a Los Coronas. Nos vemos en la Sala Sol. Huele a primavera.
2 comments Febrero 13, 2009
A Kind Of Magic
¡Qué genial! Me he levantado y he visto mis regalos. El primer paquetito era pequeño, dentro de las zapatillas. Me lo he clavado hasta la rodilla, porque no lo ví. Son dos llaves con un llavero en forma de coche, rojo. Las conozco, son las llaves de Dyane6 color crema, descapotable, de mi abuelo. Cuando era pequeño me llevaba al garaje cada semana, para que lo arrancara, y lo acelerara, hasta subir las revoluciones al punto adecuado. Olía a gasolina. Al llevar la aguja a la zona roja, apagaba el motor, y le volvíamos a poner la capota. Estaba en forma. Mi abuelo me dejaba hacer todo el ritual, era de ese tipo de gente que disfruta más transmitiendo que haciendo. De ese tipo de gente. Luego murió. Cuando me saqué el carnet, el coche fue mío. Era genial. Mi madre se deshizo de él porque le parecía viejo y peligroso.
En el sofá hay más cosas. Un LP. ¡Joder, un LP!. El directo de 13 Floor Elevators. Pensé que no vería otra copia igual después de que Nico se lo ventilara en verano. Un vinilo pirata, preciado, con una versión de los Beatles y otra de los Doors en la cara B. Pero con ere filtro psicotrópico que les pasan los 13.
Patas arriba, historia del mundo al revés. El libro de Eduardo Galeano, que en su día le dejé a Juan Sólo. En su día es hace seis años. Es lo que hay en el interior del tercer paquete. Jódete. Yo que lo daba por muerto. Juan lo ha subrayado, ha hecho notas al margen. Coño, se lo ha empollado. Nunca me dijo si le gustó o no, imagino que por no tener que acceder a la estúpida acción de devolverlo. A la estantería. Me lo sabía casi de memoria. Mogollón de cosas de Galeano leí luego.
¿Y dentro del libro? Una lámina. ¿Un poster? A ver… ¡Joder mi puto título! Mi título de CC. Políticas… arrea… mi vieja lo va a flipar, se completará, como cuando el megazord de los power rangers veía cómo se le acoplaban los brazos… pero ¡Si me faltan dos asignaturas! Un post it: “A Gaspar le costó mucho Administrativo, el profesor Friginal es un cabrón”. Pues vaya novedad, majestades. Pero, coño, gracias.
El Umplugged in New York de Nirvana… La casa está llena de paquetes. Los voy abriendo y me doy cuenta que son cosas que perdí. No falta nada, ni nadie. Cosas y personas que un día creí perder para siempre. Perder. ¿Perder qué? Las cosas no se pierden, pasan, se disfrutan y se van. No son mías, nunca lo fueron. Lo gocé, y los recuerdos me hacen ser quien soy. Desgraciadamente, al salir a la calle, no podré intercambiar mis regalos por la bicicleta o el coche de radiocontrol de los otros niños, pero estrenaré mi sonrisa con todo aquel con el que me cruce. Me he debido portar bien éste año. Se me hace raro, pero me voy a estrenar cara.
3 comments Enero 6, 2009
Planeando
Estos días he rechazado manos amigas, vale, bien, pero es que necesitaba. Encima el puto calendario parece que ha puesto un día de año nuevo eterno. Y quedarme en casa y autoaburrirme y condenarme al costracismo. A ver, bien no lo paso, pero es como cuando tienes fiebre, el proceso de asimilación de las cosas tiene esa fase, y hay que ser persona, y pasarla y ya esta. Así hoy me he levantado mucho mejor, con ganas de hacer planes.
Me planteo, por ejemplo, ir a la casa de Arturo Pérez Reverte, asomarme sigiloso a su colchón, y gritarle, a la hora de la siesta, que se espabile, que ya no vivimos en el Siglo de Oro, que lo asuma. Que se meta su puto honor y su puta honra por el culo, y que intente escribir cosas más útiles, o coger el micro y largarse a Palestina. Siendo reportero de guerra se debe follar mogollón. Bueno, también tienen pinta de puteros.
Bajaré a la plaza de garaje de Arturo, y le robaré el corcel para emprender rumbo al museo del Prado. Allí arremeteré contra las filas de turistas, megáfono en mano, preguntándoles qué cojones esperan ver. Deberían ser sinceros, el personal debería dejar de mentirse y hacer como Warhol cuando visitó Madrid. Fue a la tienda del Prado, compró souvenirs, y cuando le invitaron a ver la pinacoteca, dijo que ya tenía todo lo que le interesaba.
Dejaré el caballo en la carnicería de José y Emilio, aquí en Argumosa, sugiriéndo que le manden la mejor carne a nombre de Don Arturo, y la cabeza de tan insigne equino a la cama isobárica de Raúl González Blanco. En casa empezaré a escribir un ensayo sobre la fama. Tipologías de famosos, y demás. Anteayer ví por la calle León a Paco León (no es coña) actor de comedia histriónica altamente reconocible. Bueno pues la criatura iba con bolsas del Sprinfield. No me jodas.
El día antes veo el Callejeros “Superlujo” donde muertos de hambre de la talla de Fernando Alonso, Rafa Nadal (que ayer lució polo, gran noticia deportiva, ¡Blas, para el rotativo!) o Paulina Rubio compran mantas de 30.000 euros, o se dan tratamientos de belleza con oro. ¿Es que Paco León no sabe lo que es ser famoso, o que los otros se han vuelto, directamente gilipollas? Luego, si el actor pasa de la prensa es que ha perdido el norte y, sin embargo, los deportistas y la cantante son gente de un exquisito campechanismo. Como cuando en Help! la vieja se cruza con los Beatles y les dice que sigan así, humildes, viviendo donde siempre. Y luego dentro de su casa tienen camas de césped y otras barrabasadas.
Al acabar el ensayo iré a la Universidad Pompeu i Frabra, porque me mola el nombre, a dar una charla sobre la crisis. Ya la tengo escrita: “Buenos días señores y señoras. ¿No se han dado cuenta que en los últimos años los pisos estaban muy caros? ¿Y que los sueldos eran muy bajos? Pues ya está. Buenas tardes, no acepto preguntas, al bar.”
Dumont -Señor Driftwood, hace tres meses que me prometió presentarme en sociedad. En todo ese tiempo no ha hecho otra cosa que cobrar un sueño fantástico.
Groucho -Usted cree que no he hecho nada ¿eh? ¿Cuántos hombres supone que cobran un sueldo tan fantástico en nuestros días? Porque puede usted contarlos con los dedos de una mano, mi buena mujer.
Aplausos.
1 comment Enero 4, 2009
Ring
A las siete de la mañana Carles Francino me propulsa de la cama, envolviendo con su dulzura doscientos cincuenta gramos de medias verdades, temperaturas y estados de las carreteras. Me incorporo, me calzo las zapatillas y me pongo la bata de rayas porque cada vez madrugan menos los grados. Mientras se cargan en mi Spectrum los volúmenes de la casa, intento abrir la agenda mental, pero un pequeño quiste me nubla el pensamiento. De repente tengo la sensación de que nunca cambiaré de opinión respecto a nada.
El ruido del microondas calentando el capuccino hace que la habitación parezca el Enterprise y le da un cierto aire de heroicidad al hecho de sentarse. La idea de la supuesta no-evolución no sólo ha cerrado la agenda mental, es que ha dado de beber al bibliotecario cerebral. Me machaca. Siempre presumí de tener 35 años. Desde que con 13 leí La ciudad y los perros, supe que tenía 35 años, y mi afición por la música popular me llevó a pensar que en mi cincuentena natural, seguiría teniendo 35.
Pero hoy esa idea me mata. Es invierno y hasta las ocho y media es de noche. Por la noche la perspectiva no existe, sólo la que te permite la luz de la mirada, que es muy poca, así que cualquier cosa puede volverse obsesión, cualquier problema insalvable y yo estoy demasiado agobiado para esperar a las ocho y media. ¿Y si nunca volviera a variar mi opinión sobre nada? ¿Y si no lo hiciera, no por cabezonería, o pose, sino porque de verdad soy incapaz de variar mis visión sobre algo?
Le he echado cuchillas al café y lo noto a cada trago. Intento fijar la mirada pero no puedo y ni los mordiscos de la perra, empeñada en crear la bata-chaleco para la próxima semana de la moda, me hacen volver a la realidad de mis asfixiantes 35 años. En el terreno de la especulación no hace tanto frío, y asoman muchas cabezas de las que no te puedes fiar. Hago recuento: la Velvet son la polla, y los Beatles intocables, y Brian Wilson, y las comparaciones Beatles-Stones sólo las hacen gilipollas, y quienes llaman Rolling a los Stones no tienen ni puta idea, y los beat molan, pero acaban aburriendo, y Borges imaginó todas las realidades, y la novela negra es más rica que la histórica, y el mejor Elvis es el de Las Vegas, porque demostró que el monstruo come hombres pero sigue cantando, y Woody nunca defrauda, y Chillida ha dicho todo sobre el espacio, pero plagió a los italianos de los cincuenta, y la meritocracia sería mi ideal y…
Nada. Llevo quince años pensando lo mismo. Exactamente. No he movido un ápice. Cada nueva ola es una nueva negación. Cierro cajones que de vez en cuando ordeno, como quien ordena una colección de algo, pero jamás remuevo papeles. Y no tengo pinta de hacerlo. Me siento como el orgulloso coleccionista de mariposas, que una mañana se da cuenta de que tiene el salón lleno de cadáveres.
Miro los periódicos y El Mundo, abro la wikipedia, pero nada. Cojo libros de lectura obligada en el instituto, pero con sólo tocar su lomo, me doy cuenta de que estoy vacunado… no encuentro salida, y queda demasiado para las ocho y media. Socorro.
6 comments Noviembre 18, 2008
El duque
El chaval está bien, y se ve que lo peta y tal. Si yo fuera una tía, hablaría de que no tiene cerebro, o que si se ha operao, o que si sólo vive para el gimnasio. Pero no lo soy, y reconozco que el tío está para mojar pan, y que ello no tiene por qué mermar su actividad neuronal, o convertirlo en un frívolo maniquí. Lo primero porque el mundo está lleno de frívolos que encima tienen cuerpos lastimosos, y segundo porque yo soy el vivo ejemplo de que se pueden dar ambas cosas. A nivel menos espectacular, pero bueno. Me quedaré en marqués.
Por tanto, partiendo de que ese pavo es un figura y a media España le gustaría pegarle un bocado en el trasero… ¿Qué hace a las mujeres pensar que lo pueden hacer? Quiero decir, ¿Por qué las tías generan ese fenómeno groupie tan asquerososo? ¿Es que va en la condición femenina? ¿Por qué se demayaban con Elvis, por qué se desgañitaban con los Beatles? ¿Por qué Liam caradegorila Gallagher se folló a aquella tía en Leganés? El maldito furor uterino hace que el pobre Duque, criatura, tenga que ir a miccionar escoltado por la guardia suiza.
Y mientras Concepción Arenal y todas aquellas pioneras, revolviéndose en su tumba. Bueno, la verdad es que imaginarme a Virginia Woolf con las palabras ”take” pintada a cera en un moflete y “that” en el otro, no deja de hacerme gracia. O a Marie Curie lanzándole el sostén a Jesulín de Ubrique en plena corrida para las féminas.
En definitiva, que esto pone en entredicho ese axioma tan recurrente en determinados machos a la hora de querer hincar porra: que las mujeres son más sensibles, seres superiores. No te jode. Pues sepan que a mí una me dijo una vez que yo estaba muy sensible. De acuerdo, fue un modo poco elegante, aunque eufemístico de decir que había resuelto con precocidad, pero me la apunto.
Pero vamos, Duque, que por muy crack que seas, sabes que yo sólo perderé mi virginidad homosexual con George (¿Qué pensará la buena de Sofía?), así que aprovecha tu radio de acción mientras puedas, porque después te arrastrarás cual Carlos Larrañaga, entre abrazos falsos, flashes macilentos y declaraciones patéticas.
PD: Mañana el mundo será un lugar entrañable. Habrá ganado Obama. Se acabaron los problemas. Loado sea el señor.
1 comment Noviembre 4, 2008
Notas de pre-sábado
- Ayer bromeé en el Casa Patas (cumple de la manolita) con que con el año que llevo, Fernando León debería ir siguiéndome y tomando notas. Me lo acabo de cruzar en la calle Santa Isabel. Me estaba mirando. Prepárense, “Alberto.2008” muy pronto en sus pantallas.
-Las estoy pasando regulares. Hace mogollón de post dije que la del Mini era lo que me faltaba para este año. Firmado y rubricado. Soy un autonostradamus. He pedido refuerzos: mañana viene el Rat Pack a comer a casa (Jóse, Víctor, Manso) y el domingo me voy a Guada a ver a los chavales. La familia…
-En una cuñas de la SER ironizan con determinadas leyes frikis de los yankis. Una de ellas dice que “De acuerdo con las leyes del estado de Kentucky, cada persona debe bañarse al menos una vez al año”. Qué risa. Aquí dice que todos tenemos derecho a una vivienda y trabajo dignos. Empate a uno.
-Y como me gusta innovar, estreno una sección para los viernes:
LAS TRES RECOMENDACIONES VIDEO-MUSICALES
La primera el Parte de cero. Ya está colgado el nuevo capítulo:
La segunda . Soy un fanático de la gente que hace versiones caseras de canciones y las cuelgan en youtube. Este chaval, amén de follarse a todas esas quinceañeras guiris que vemos en las series americanas, Brad Doggett es uno de mis favoritos:
Y la tercera es igual que la segunda, pero aquí, el hijo de sir Alex Ferguson, que follará bastante menos que el anterior, canta muy mal, y tiene peor entrecejo que cortinas, pero saca la versión del Blackbird con una jodida guitarra de juguete.
Disfruten.
2 comments Octubre 31, 2008