Autoconspiración
junio 10, 2010 3 comentarios
“No vivimos en tiempo de gigantes: el cibermundo nos ha empequeñecido”
Diego A. Manrique
Se refiere el mejor crítico musical de nuestro país, al éxito de la reedición del Exile on Main Street de los Stones, y cuenta cómo fenómenos como los que comenzaran los Beatles, Stones, en menor medida Pink Floyd, Michael Jackson, Prince o The Police, que implican un impacto mundial de sus obras -las artísticas y las menos-, no se volverán a dar. Al español medio se le puede preguntar por Madonna, pero ya no por Kitty, Daisy and Louis, Vampire Weekend o Manos de topo, grupos capaces de marcar las vidas de unos seguidores con cuyo apoyo en los conciertos podrán vivir bien, pero sin convertirse en los semidioses de antaño.
Tom Yorke, líder de Radiohead, considera que la industria discográfica desaparecerá en los próximos meses. La explosión de canales de información, provocada por el auge y la accesibilidad a Internet, ha conseguido cambiar de raíz el destino de los contenidos. La postmodernidad ha llegado al medio, es decir, ya no nos fiamos de las empresas de la comunicación, o de sus contenidos, hemos apelado a la ironía, a no creernos nada de lo que digan, y nos identificamos con personas, o corrientes, no con una S.A., o multinacional.
Volvemos al siglo XVIII, donde la fama de los artistas se transcribía a lo local -excepto algunas excepciones- con la diferencia de que el componente geográfico ha pasado a la Historia. Lo que parece evidente es que las grandes multis están sin capacidad de movilizarse, conscientes de que, por un lado no podrán reestructurarse a las nuevas formas, y por otro, estas nuevas formas no luchan contra ellos, pasan de sus culos.
Después de cinco años de carrera, aguantando las teorías conspiranoicas de los punkis del puesto de chucherías, resulta que los maquiavélicos directivos de enormes despachos están cayendo por su propio peso. Ni ellos sabían nada.
PD: he conseguido la dirección de los productores de Campamento Flipi. Espero vuestras llamadas.
PD2: Jazzanova me flipan y punto
Fue ésta mañana, en una ETT, para teleoperador. Mi voz podría pasar de haber puesto en jaque a toda una comunidad autónoma, a solucionar sus problemas con la facturación de la luz. Es como ver a Ronaldo en el Corinthians. Relleno papeles y me hacen un examen de “cultura general”. Ojo al concepto: cultura general. Cuando me lo extienden, noto cómo se me derrite el tinte negro del pelo. Es un guiño a Los lunes al sol, pero nadie lo pilla en la sala. No es cultura general.
Hay mucha literatura con respecto a la grabación del Kind of blue, el mítico álbum del negro heroinómano de Miles Davis. También tocaba la trompeta. Se grabó en una antigua capilla, habilitada como estudio, y sita en el 30th Street Studio de la
What´s the story (morning glory) cambió mi vida. En primer lugar porque, con trece años, me pareció una fabulosa colección de canciones. En segundo porque me llevó al anterior trabajo de Oasis. El primer disco de los de Manchester, Definitely Maybe, ofrecía un libreto interno adornado por fotos de la banda. Entre ellas una de Liam leyendo el periódico con una camiseta de los Beatles. Me hizo pensar, que igual los Beatles no eran sólo música para viejos. Y de allí a todo lo demás.
En el sofá hay más cosas. Un LP. ¡Joder, un LP!. El directo de 13 Floor Elevators. Pensé que no vería otra copia igual después de que Nico se lo ventilara en verano. Un vinilo pirata, preciado, con una versión de los Beatles y otra de los Doors en la cara B. Pero con ere filtro psicotrópico que les pasan los 13.
Me planteo, por ejemplo, ir a la casa de Arturo Pérez Reverte, asomarme sigiloso a su colchón, y gritarle, a la hora de la siesta, que se espabile, que ya no vivimos en el Siglo de Oro, que lo asuma. Que se meta su puto honor y su puta honra por el culo, y que intente escribir cosas más útiles, o coger el micro y largarse a Palestina. Siendo reportero de guerra se debe follar mogollón. Bueno, también tienen pinta de puteros.









