Carta a un Gurú

Querido Gurú:

Después de unos años siguiendo tu pista allá por donde la has dejado -y cultivado y promocionado- he llegado a la necesidad de escribirte estas líneas. Digo que lo necesito porque creo que en el conglomerado de cosas que me has inculcado, uno de los mandamientos es escuchar, y me parece que es hora de que abras bien las orejas.

He leído tus cinco consejos para mejorar en SEO, los cinco puntos clave para crecer profesionalmente, los cinco hitos para triunfar en el marketing, además de los cinco pasos para petarlo en redes sociales, mejorar la conversión y el retorno de los clientes, generar buena reputación online, ser mejor persona, cagar más duro y hacer macramé. Desgraciadamente, y aunque te parezca imposible, creo que no me han servido para nada.

De hecho estoy empezando a pensar dos cosas. La primera, que muchos de esos consejos baratos de libro de autoyuda y de Guinnes del perogrullo, no son más que post patrocinados por la startup a la que beneficias en cada caso (Facebook, Foursquare, Flickr, Citydeal, Groupon…) La segunda, que lo haces por aquello de posicionarte como un gurú de los negocios, las relaciones públicas, diseño, capital riesgo, recursos humanos, o lo que te haya dado la gana.

Con más bien poca ciencia, has logrado autoconsiderarte una referencia en tu campo, aupado por el ruido de las redes sociales, en especial Twitter, el lugar donde compartir felaciones y jabón en 140 caracteres. Has logrado un estatus y una legitimidad basada en lo mismo que criticas: números. El número de followers, visitas, amigos, “me gustas” es el que sirve como instrumento de medición de tu influencia.

Te he seguido en los últimos tiempos y he visto cómo has apostado por empresas o tecnologías que se han ido a pique, y cómo te has dado de bruces con los beneficios de otras a las que ignorabas. Siempre has defendido que las jerarquías deberían cambiar -para ese cambio tú tendrías palco de honor, claro está-, y ahora te consideras parte necesaria en el proceso de legislación sobre la propiedad intelectual.

Te llaman, vas, hablas -como representante de la red-, pactas, y ayudas a legislar. Como si no hubieras entendido nada de la propaganda con la que has contaminado los timelines de  miles de internautas. Vas a firmar y rubricar, que no se debe firmar y rubricar, como si no supieras que hagas lo que hagas, y digas lo que digas, el mundo digital va a seguir su curso como lo siguió tras Napster, y tras la manifestación en la que Luis Eduardo Aute y Ana Belén hicieron temblar los despachos de Palo Alto.

Mientras sigo enfangado en el día a día de la formación de una industria, querido Gurú, permaneceré muy atento a tus movimientos en el social media, a las fotos de tus fiestas, a tus whiskis&meretrices&tweets, a tus megaconferencias sobre fondo de power points, y todas esas actividades que tanto aprietan tu agenda, y en las que eludes hablar sobre financiación, subvenciones y otras cuestiones secundarias.

Su Perfecto Caballero Británico

Social entera

mira cómo nos mira. El ojosdewebber

Caminar por las redes sociales cada día es acojonante. Tan acojonante como sería cualquier otro trabajo, porque te encuentras el mismo nivel de clarividencia o de gañanismo que en la vida misma. Pese a lo que anuncian los gurús, detrás del social media, hay gente, la misma que compone el social entera. Te encuentras desde los programadores frikis que cuelgan el último consejo para programar con Greils (guaaaaau… lo vamos a petar), hasta el grupo de facebook que dice algo así como que “tú nos prohibes los toros, yo no consumo productos catalanes”. Duración de la braimstorming: 0,86 segundos, profundidad del discurso: 0, número de fans: la de dios.

En los últimos tiempos veo como una especie de Nostradamus de lo que se lleva, vaticinan el final de las redes sociales, porque no son rentables como negocio. Se escudan en que el boom de las .com pasó, y se la pegaron, para decir que las dospuntocero (las redes sociales, donde el usuario aporta contenido) van por el mismo camino. El discurso, como veis está muy trabajado. Las míticas reglas de tres que nos valían hasta para resolver ecuaciones. Las .com se hostiaron, es cierto. Algunas. Desde google.com, hasta putalocura.com, han sido, son, y tienen visos de seguir siendo negocios rentables. Se cayeron muchas .com, infladas por esos mismos gurús de la economía abstracta.

Con las redes sociales pasará lo mismo. Muchas se quedarán por el camino, y muchas otras sobrevivirán y serán rentables. Si yo monto una carnicería y me va bien, otros cuatrocientos millones de personas van a montar una carnicería. Con cuatrocientos millones de carnicerías, además de aumentar el colesterol y el enfado de los, de por sí eternamente enfadados veganos, es lógico pensar que más de trescientos millones se irán a pique. Es un reajuste muy básico que comentó en su día Adam Smith, pero que los gurús se suelen saltar, porque Adam Smith no tiene un blog en el que salga su fotografía con su pensante cabeza reposando sobre la mano.

Repaso así, a cosas…

Los que leen el blog desde hace tiempo, saben que ardo en deseos de que Fernando León saque, por fin, su nueva peli, y así tener una excusa más para no ir al cine. Afortunadamente, el desaliñado madrileño está a punto de estrenar otra historia -más- sobre gente con buenas intenciones, a la que el sistema no deja desarrollarse. Luego me enteraré de qué va. Espero que a Özil, el ojos de huevver que acaba de fichar el Madrid, le dé tiempo a verla, sentirse mal por ser rico hijoputa, e irse a cenar un sandwitch al De María.

Lo de los políticos locales en las redes sociales es algo que me trae a mal dormir, en serio. El otro día veía cómo felicitaban a Obama por su cumpleaños. Supongo que la Casa Blanca estará enviando agradecimientos en forma de azulejos que pongan “rdo. de Washington“. Hoy en Facebook leo: “Termina el pleno ordinario en la Diputación de Guadalajara. Ahora, a seguir con el trabajo de despacho“. Impresionante documento. A ver si animan un poco sus perfiles con actualizaciones como “Voy a llamar para presionar al periódico de Fulanito, que ha contado una cosa que no me interesa“, o “Un constructor acaba de venir con un maletín precioso, y le vamos a dar la gestión del agua“.

Ahora mismo escucho a De La Morena con una de esas frases que luego repiten las marujas en sus charlas de café -que es de donde la habrá sacado- “yo no cuento confidencialidades, porque las confidencialidades no son mías“. Ahí es nada, el profundo de Brunete. Está en plena promo de sus Silencios de El Larguero, que digo yo que ya podía sacar un Los Silencios del Caso Paco González, donde tendría bastante más que decir.

La gente se empeña en contar lo que no interesa a nadie, y callar lo verdaderamente sustancial. Ha pasado también con este spot de Gillette:

Noticias tecnológicas

-Acaban de sacar un trendy de mierda que se actualiza en tiempo real. A su cerebro llegan consejos del mundo de las tendencias, en frases de 140 caracteres. Lo ha parido una señora de Iowa, ayudada por el equipo de fucktrender.com, la nueva red social de trendys de mierda. Debes enviarles tus datos, fotos, vídeos y recuerdos. Todavía no saben qué hacer con ellos, pero algo inventarán.

-El que ya ha inventado, es el creador de los regalos de Facebook, las tartas de cumpleaños, ramos de flores, y todo eso, que acaba de inventar el salario en red social, el pago en especies virtuales. Lo ha descubierto inventando su propia vida virtual. La gurú Gaby Castellanoleoneses está escribiendo un post que va a poner patas arriba las charlas de oficina de mañana.

-A un muñeco absurdo de los que se utilizan para ilustrar noticias sobre redes sociales, se le ha diagnosticado autismo. El resto de muñecos cerrarán el corro de la patata que están haciendo siempre, sin contar con él.

-El banco ING a los tribunales. La OCU considera publicidad subliminal su incorporación en palabras como streaming, blogging, o pissing. Un comunicado de los abogados de la entidad financiera asegura que sólo están detrás de esa última palabra.

-Muere un señor de Calahorra por una confusión en el hospital. En lugar de practicarle un TAC, le pusieron un tag, de tal manera que el paciente falleció, pero se le encuentra de puta madre en google.

-El trendy de mierda que se actualiza en tiempo real todavía no ha comparecido ante la prensa, porque, cada segundo, cambia de parecer con respecto a los complementos que lucirá. Los políticos, que le esperan para hacerse la foto, empiezan a impacientarse en el evento blogs&huevosfritosconchorizoparacenar. Sus asesores de imagen no saben si enfadarse o aprender del nuevo experimento.

-Los directores de El País, El Mundo, y ABC han salido a la calle y han contrado a gente moderna así, a voleo. Una vez estén en las redacciones, van a pensar cuales serán sus funciones reales. Al hilo de esta noticia, el diario Público, en su versión digital, ya trabaja en una red social para redes sociales, donde los entes propios como Twitter, Tuenti, Flickr, o Fotolog, podrán interactuar y aportar contenido.

-Telefónica ha comprado Tuenti por 70 millones de euros. Ésta es de verdad. Lo digo porque luego publico el cortezas&tweets, y los gurús, en Twitter, me piden más información sobre el evento, no sea que se lo pierdan. Gilipollas.

Notas de jueves

-CR escupe a la cámara. CR vive por y para la cámara. Cualquiera que haya jugado al fútbol sabe que su sobreactuación en el terreno de juego es forzada. Se sabe perseguido, filmado y emitido, y gesticula, actúa. Tanto que se olvida de jugar. Resulta paradigmático que agreda a su mejor amiga, a su amante más fiel. Igual es que está madurando. Con nada se madura mejor que con las derrotas.

-Se supone que con la subida del IVA se recaudarán 5 mil millones de euros. Se van a restar, en gran medida, del consumo. Lo público le roba ese dinero a lo privado. Lo privado no se vuelve loco, porque sabe que le debe muchísimo más a lo público. Parches, chapuzas. Cuando ves en Facebook que a los mantas de tu clase les ha ido bien, te lo explicas todo. El mundo es una clase donde los profesores están borrachos.

-Ayer tardé dos horas y cincuenta minutos en hacer un trayecto de metro de media hora. No he visto creatividad aplicada a la represalia. Ni iniciativas pro saltar los tornos durante un mes, ni huelga de consumo de metro, ni nada. Ponen patas arriba todo durante dos días, y al siguiente vas a pagar religiosamente tu abono. La ausencia de garantías como consumidor son alarmantes, la incapacidad de movilización por algo que no sea fútbol o religión, inquieta.

-Los medios reflejan una noticia de agencia: “se encuentra un Velázquez en los sótanos de una universidad“. Y lo repiten, y lo emiten teles, radio y versiones digitales de los diarios. Sin más. Bajas al sótano, y te encuentras un Velázquez, lo típico. Massmedia uno, subnormalitos cero.

-”Me interesa más la gente que comete crímenes. Después de todo, son los que se desvían de las normas y la ley. ¿Quién comete crímenes? ¿Por qué? ¿Qué efectos tienen los crímenes en la vida de quienes lo cometen?Jens Lapidus hoy aquí.

-Con un poco de suerte no estaré en la ciudad para el Sábado Orgulloso. A ver que han luchado y tal, y lo de los grises y la represión, y que Hanna Montana ahora es Maili Cyrus -o como se escriba- y toda la movida, pero es que las fiestas de los guetos me dan un poco de grima. Chueca es el Israel postfranquista. Creo que no es la actitud.

PD: antes de empezar con los comments tachándome de homófobo, anótese que me dejaría abrir el culo por George Clooney.

No pertenezco

Me llega, vía Facebook, una invitación para que me una al grupo de 4.000.000 de personas pidiendo la dimisión de Zapatero, y lo he ignorado. No porque defienda a ZP, sino porque él es responsable de lo justo. Mi padre es obrero, lleva trabajando desde los 14 años. Insisto en lo de que es obrero, porque cuando preguntaba en mi familia de qué clase éramos, me decían que de clase media, y es mentira. En el cole los profes nos preguntaban también, y todo dios decía que de clase media. Y una mierda.

El primero que se sintió rico, cuando supo que el piso que le había costado quince millones se vendía por cuarenta fue él (sin percatarse de que, si lo vendía, tendría que comprarse otro que valía otros cuarenta), así que en este país todo el mundo se metió en la burbuja del dinero fácil, en el mundo de lo irreal, cosa que trae sus consecuencias. Cuando las estadísitcas de pisos desocupados crecían a la misma velocidad que las de nuevas promociones inmobiliarias, nadie reparó en que, años después, habría que echarle la culpa a ZP.

Por otro lado somos los últimos en salir de la sempiterna depresión económica, porque somos los menos productivos de Europa. Si los empresarios nos pagan por horas, y no por trabajo, si nos compran nuestro tiempo, e impiden la conciliación de las vidas laborales y familiares, lo más lógico es que nos impliquemos lo justo, que trabajemos a disgusto, y que nos escaqueemos bastante. ¿Quién le dice al gran empresario que debe ser más inteligente, que es más rentable ser más productivo? Nadie.

El gran empresario español (ojo, el grande, no la pequeña red de PYMES que es el 80% del tejido industrial de nuestro país) no sabe mandar un correo electrónico, ni manejar el Excel. Eso es así, y así nos luce el pelo. Y cuando las cosas les van mal dadas a los paletos, amenazan con los despidos masivos (muy creativa la fórmula), y a ningún gobierno le interesa la coflictividad social, por lo que sacan el talonario, y le cubren el culo a las grandes empresas y a los bancos, es decir, el ciudadano se autofinancia su no-despido, su trabajo prescindible.

El político es la cabeza de turco, el muñeco de pimpampum que vemos desde el sofá, papá, el que nos va a sacar de los problemas, el que tiene que pensar y actuar por nosotros. Mientras tanto, vivamos como espectadores, tocándonos las pelotas y pensando que nuestra implicación en este mundo tiene forma de papeleta cada cuatro años.

Los pequeños seguimos en la pelea, mientras los trabajos siguen siendo para Telefónica. Pero la culpa de ésto no la tiene ZP, querido lector. La tenemos tú y yo.

Norwegian wood

1254890501No puede dejar de llamarme la atención que en plena era de la información, cuando los seres vivos nos hemos convertido en animales con una cámara pegada a la mano, expertos en autofotos -práctica que ya se ve por la calle sin ningún rubor-, cuando los píxeles, las resoluciones y los zooms ópticos carecen de secretos, en el momento en el que bajar a tomar una pinta al pub se puede convertir en un extenso reportaje fotográfico que más tarde arruinará carreras profesionales en el facebook, sólo se conozca una instantánea de la expedición de Roald Amundsen.

¿Por qué a veces construyo frases tan largas? ¿Por qué Amundsen no me admite como amigo del facebook? ¿Qué coño fueron a buscar al Polo Sur? ¿Por qué sólo valían perros groenlandeses, porque era más macho que nadie? ¿Cómo ha logrado el historiador Harald Ostgaard Lund encontrar la foto entre un archivo de setecientas mil? ¿Quién coño ha financiado eso? ¿Pa tonterías siempre hay dinero? Ayer estuve con el propio Admun tomando algo -su móvil hace unas fotos que lo flipas- y hablamos de todo un poco. De la expedición tampoco le gusta mucho hablar, porque es que no encontraron nada. Pero bueno, de pivas, de que esto ya no es lo que era, y esas cosas.

Donde sí se me encabronó fue con el mapa del mundo. Él cree en la proyección de Peters, y yo le dije que también, pero que comprendiera que tener que tirar todos los mapas que se habían impreso no era moco de pavo, que él no lo sabe, pero eso cuesta un dineral. En todos los libros y todo. Además, al hombre blanco siempre le ha gustado -nos ha gustado- ser el puto centro, estar en la parte de arriba, y que lo nuestro sea lo más grande (en geopolítica y representación, el tamaño sí importa).

Para despedirnos me dejó caer que Miguel de la Quadra Salcedo era un impostor, cosa que ya sospechaba, que no sabe ni abrir una lata de Hacendado, de esas con la tapa blanda. Que es literal, que en un viaje por el Amazonas encontraron un Mercadona -joder con los valencianos- y que no le daban bien ni las vueltas. Le dije que aquí Rodríguez de la Fuente había sido puesto en la picota por los programas del corazón hace años, y no le extrañó lo más mínimo.

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