Au revoire

El mundo está en su contra. Desde hace unos meses vive rodeado del ambiente cainita en el que se tuvo que encerrar, después de que todo un país quisiera ver su cabeza rodando por cualquier carretera comarcal. La gente no le entiende. Él sabe que su genialidad le confina a las almenas donde sólo viven los elegidos. A veces se cuestiona cómo ha llegado a tener un determinado reconocimiento profesional, se pregunta cómo el sistema no ha detectado su revolucionario peligro antes, y le puso en cuarentena a tiempo. Ahora sabe que se trata de una amarga venganza, que han esperado a verle en la cúspide, para provocar el odio, el frío aislamiento.

Sus hombres están en su contra. Aquellos que le ayudaron a ocupar un gran lugar, los que le reían las gracias, los que le hacían sentir parte de algo, ahora son figuras rencorosas, esperando tras cualquier esquina para asestaler la puñalada final. Las habladurías y rumores son tantos y tan cruzados, que, si se trazaran líneas relacionales con tizas de colores, su figura tendría un radio de seis kilómetros multicromados. La soledad sería un alivio.

La habitación está en su contra. El miedo es un flash blanco que bloquea su mente cuando intenta pensar en algo, en una salida. El miedo es un crujido incompatible con la moqueta. El miedo son los seis segundos que pasan en la pantalla de la tele, desde que se apaga, hasta que se conjunta completamente con la oscuridad. Las cañerías le dicen nombres y lugares. El desagüe cambia el sentido del remolino cada día, como si el servicio de limpieza pudiera regularlo, y contribuir a su locura.

É está en su contra. Merece todo. Él lo merece todo, pero todo es poco, y lo que no es poco no está inventado, y eso no lo soporta. Por eso recopila información sobre el autor del texto y, pese a lindar la metaliteratura, se cerciora de que no es un primer relato, así que no considera tópico suicidarse.

PD: para que veáis que la publi no ha cambiado tanto

Primeras notas de Mundial

Olé Satrústegui!

-Los porteros: en esta Copa del Mundo se están luciendo. El guardameta paguayo ayer demostró, saliendo a coger setas, que la portería es un puesto importante, que parece amateur en este campeonato. Qué decir de Inglaterra, un equipo circense, con una alineación de fieras, pero defendida por un payaso bajo palos, que les costó acrecentar la figura de una selección menor en su participación en los mundiales, USA. El mundo es curioso, en nuestro país hay hasta media docena de guardametas que serían titulares en cualquier selección, y los británicos llevan décadas arrastrando problemas en esa demarcación.

-Las defensas: quedan muchos equipos por comparecer, y los debuts en campeonatos no sirven de nada por el mero hecho de que el mejor defensa en esos partidos, es el miedo de los rivales a ir a por la victoria. Son pocas las selecciones que deciden ir a por los encuentros y percutir una y otra vez en las defensas a las que se enfrentan, que es el único instrumento real de medida. Incluso la brillante España de la Eurocopa, sufrió como una perra en el primer partido frente a Rusia, sensación sepultada por los resultados y olvidada por la memoria selectiva que cultiva leyendas. Ver en el centro de la zaga italiana a porteros de discoteca prejubilados, lo dice todo.

-Los centros del campo: son los que más sufren con las decisiones de los cagones. Los cagones son los que se sientan en el banquillo y, casi siempre, hacen las alineaciones (ahí tenemos a Domenech en Francia, que ni eso). Hacen creer a la opinión pública que son capaces de armar un equipo en quince días. El medio de la cancha refleja la creatividad del entrenador, así tenemos a Capello destrozando a Lampard y Gerrard como mediocentros, a Lippi sin la más mínima intención de crear en Italia, o a Ronaldinho viendo el Mundial por la tele, de resaca. Cuando era adolescente, se estilaba el rombo en el centro – recuerdo Ince, McManaman, Anderton y Gascoigne-, pero el Brasil de Mauro y Dunga puso de moda el tremendo estilo del doble pivote. Lo dicho, cagones.

-La delantera: aquí sólo hay espacio para estrellas rutilantes, o para carne de Mundial. Esta última modalidad ha creado una aristocracia de jugadores que sólo brillan cada cuatro años, como el alemán Klose, u otros tromamundos que desaparecen entre un campeonato y otro. Ayer vimos a Roque Santa Cruz, con Paraguay (Olimpia, Bayern, Blackburn, City…), que viene de la escuela del checo Milan Baros (Baník, Liverpool, Aston Villa, Oympique Lyon, Porsmouth, Galatasaray…) o de Nuno Gomes (Boavista, Benfica, Fiorentina, Benfica…), arietes torpes que encuentran un gol que les encumbra. Luego no acaban de encajar en ningún club, en el que firmen buenas temporadas, pero en la siguiente competición mundialista vuelven a acudir a la cita con la suerte, que da impulso a la rueda de sus carreras.

TÓPICOS DE ESTE MUNDIAL

1) El sonido de la vuvucela es molesta, pero es su tradición y hay que respetarla. Menos mal que no les ha dado por tirar bolas de pelo de ñú al césped. Por cierto ¿Vuvucela es una forma cariñosa de llamar a Papalladolid?

2) España (mirando desconfiado alrededor)… se la va a pegar en el Mundial… Queridos agoreros, si España juega bien, ya puede caer en cuartos, que no se la habrá pegado. Pegársela es que Montolivo sea el cerebro de tu equipo.

3)Los aficionados transmiten la alegría de un continente. Sin duda, recuerden el México, Alemania, Italia, cómo los aficionados comparecían en silencio en los estadios y, si se marcaba un gol, lloraban.

APUNTE:

Lo de los spots de los patrocinadores de las selecciones es patético. Patético chico. Villa/Torres/Reina/Xavi, dando toques a una pelota y tirando un pelotazo para anunciar hamburguesas/coches/energéticas/aceite de oliva vírgen extra/gamusinos. Creativos a la hoguera.

PD: Os dejo con la primera celebración gay en un Mundial, la de Goicko y cómo un señor dispara desde la grada a Zubi.

Autofelación vanguardista

Vengo de ver a los impresionistas de la Fundación Mapfre. Se han traído un buen puñado de lienzos desde Francia, ni más ni menos. Decían el otro día Faemino y Cansado, que Manet, Monet, Mimí, Totó, Cucú, Memé, y el resto de representantes impresionistas, eran pintores vagos, a los que con cuatro brochazos, pues ya más o menos tú te haces una idea. Gente sin gusto por el detalle, chapuceros, jetas, aprovechaos.

He de reconocer que revolucionar los ojos con los que se contempla el mundo, tiene casi tanto mérito como meterle cuatro goles al Ársenal en cuartos de Champions. Tampoco escapa a nadie que minimizar el número de brochazos, hace que configurar dibujos con precisión convierta cada trazo en un elegante homenaje al mérito.

Pero también son ciertas un puñado de cosas. La primera que las naturalezas y los bodegones, son una mezcla de ejercício de estilo y egocentrismo, que me la pelan bastante. La segunda, que las exposiciones, casi siempre, tienen demasiadas obras. Acabas harto, desconcentrado, pasas de puntillas por tramos, en un ejemplo del “que no falte de ná“, no vaya a ser que los visitantes consideren que la entrada les dé derecho “ver más cosas“. Cantidad, a tutti plen.

La tercera cosa cierta, se observa en los cuadros más privados. El que ilustra el post, por ejemplo, es una obra de Henri Fantin-Latour titulado Taller en Batignolles, donde vemos una escena particular en la que Manet estaba pintando un cuadro -digo estaba por la obsesión que tenían estos tipos por la fotografía, de hecho están en el taller de un fotógrafo- y le miran sus colegas guays de la vanguardia. Entre ellos podemos ver, empezando por la izquierda, el tercero de pie, al escritor Emile Zola, o al pintor Monet, que está de esquinillas el último, a la derecha, difuminado en plan “caras de Bélmez“, probablemente porque le debiera pasta al autor.

El rollo es que, en cada época hay tipos que destacan, que buscan nuevos caminos, y muchos pufos alrededor. Todos constituyen una camarilla que se comen la polla entre ellos en plan “joer, cómo somos de modernos“, círculo indestructible, imagino que con la intención de que quien lo pete, arrastre al resto a la historia de las vanguardias. Y ahí los tienes, fumando petas en zulos de Montmatre y contemplados por estudiantes, jubiletas, un servidor y señora. Olé por las rémoras de los talentosos. 

Hitler. El que más bebe, y menos mea.

“El gobierno del espectáculo, que ostenta actualmente todos los medios desde falsificar el conjunto tanto de la producción como de la percepción, es dueño absoluto de los recuerdos, así como es dueño incontrolado de los proyectos que forman el porvenir más lejano. Reina solo en todas partes: ejecuta sus juicios sumarios.”

Guy Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (Gracias Moro)

Günter Grass contó en Im Krebsgang, cómo los rusos (los buenos) hundieron con un par de torpedos un barco con nuevemil niños y refugiados alemanes (los malos) en 1945. Le llamaron nazi, con un Nóbel bajo el brazo. No es muy conocido, que en USA (los superbuenos) también hubo campos de concentración, donde recluyeron, torturaron, y aniquilaron, a miles de personas, o que algunas islas del Pafífico están repletas de cuevas donde quemaban vivos a los japoneses (los malos. Sobretodo los de Hiroshima y Nagasaki, que debían ser horribles personas). Una guerra es una guerra, y punto.

Es sabido que los ganadores escriben la Historia y, lo que es peor, deforman el lenguaje adaptándolo a las necesidades de cada momento, como si se tratara de vulgares feriantes. Es decir que para nosotros, lo que los alemanes hicieron con los judíos fue un genocidio, pero lo que USA hizo con los japoneses fueron, o bien acciones de guerra (lanzar dos bombas atómicas, arrasar Tokio…), o bien acciones a prisioneros de guerra.

De este modo, la Historia se cuenta del siguiente modo: Hitler fue un loco asesino que ganó las elecciones, y luego con unos señores raros, asesinos y malos, quiso aniquilar a un pueblo (errante, al que habrá que darles un terruño, en un momento dado), que se imponía al pueblo alemán para lanzarle a la locura de la guerra, sólo por salir al mar. Afortunadamente (musiquita) los americanos vinieron a ayudar a los inocentes franceses (lo de Alsacia fue un quítame allá esas pajas), y al honorable y resistente Reino Unido.

El sistema nazi era, primordialmente un sistema tiránico por parte de lo económico (el capital, pero lo omito por no parecer un desfasao pegacarteles), que busca exactamente lo mismo que el neoliberalismo, con unos métodos bien parecidos (el beneficio prima, la guerra como fuente de reactivación económica, las minorías como enemigos, racismo marcado por diferencias económicas -esto es, color de piel-, violencia, superioridad de la raza dominante…) y, aunque se diferencian porque el neoliberalismo respeta las libertades individuales, la realidad tiende a igualar ambos modelos: con los gobiernos neoliberales, desde Thatcher hasta Bush, pasando por Nike, Microsoft o Shell, se ha percutido en dos direcciones: la invisibilidad y el engaño.

Por invisibilidad me refiero a que la libertad se resume en Burguer o McDonnalds, El País, o El Mundo, en qué hacer con el sueldo, en decisiones nada molestas para el sistema, inocuas, vulgares, secundarias, con cuya toma, reforzamos al propio sistema, en tanto que lo aceptamos. Cualquier decisión que pueda plantearse un cambio de las cosas, cae en un reducto de lo cómico o esperpéntico, apaleado por los medios, políticos, y demás bienpensantes. La alternativa es invisible. El ejemplo más claro es que cuando han caído bancos, aseguradoras, y el sistema económico se ha venido a pique, la capacidad para generar alternativas es tan débil, está tan desactivada, que no ha existido alternativa alguna. La gran solución ha sido: (redoble) esperar a que todo pase.

Por engaño me refiero a que no se puede ser liberal de cintura para arriba, y no serlo de cintura para abajo. La doctrina económica liberal es difícilmente creíble si se acompaña de un pensamiento moral reaccionario y trasnochado. La libertad y la igualdad son faros a los que nunca llega ningún barco. Todos sabemos que al despertar del sueño americano, los negros tienen sus barrios, los inmigrantes los suyos, los blancos otros, y los superblancos sus privadísimos barrios. Hasta en España sucede. Cuando hablan del nazismo, nos enseñan lo importante que fue la publicidad, en control de las mentes y anhelos de los ciudadanos… omito comparación, por obvia. Desde que el mundo neoliberal campa a sus anchas, y se acabó la Historia (como dijo el hijoputa de Fukuyama), vemos torturas en campos de concentración, nos quitan el champú en los aeropuertos, aguantamos las historias de la hija de Belén Esteban, o llevamos un móvil con GPS que localiza en qué water cagamos a cada instante y, aquí viene la lección magistral amigos, no sólo lo hemos elegido nosotros, sino que nos sentimos afortunados por ello.

Es por todas estas cosas, y por otras muchas más, por las que la figura del fürer me hace mucha gracia. Lo juro, me da risa, me parece tan cómico como el traje de ejecutivo de Leo Bassi. Así me me voy a encerrar este finde, y a darle forma al cortometraje sobre Hitler, homenajeando a El Guateque. Será un descojono.

Mata

Ayer vi el final del Alemania-Austria, un lamentable espectáculo que desentona con la generalidad de esta Euro que, por fin, empieza a ser un punto de inflexión a favor del buen juego, después del solar que fueron los 90 y 2000 -Italia campeona del mundo, Francia, con un delantero, del mundo y de Europa, la Brasil menos brasileña de la historia ganó dos mundiales, la gris Alemania del 90 y el 96…- y cuando ya habíamos perdido la esperanza,  nos reencontramos con el cerebro mandando en mitad de partidos tan físicos que asfixian al talento, como el de anoche. Penoso y, como dijo Lineker en su día, pasó Alemania.

Luego zapeé y, pasando de Kyle XY -que es una de esas series que no veré nunca y no se por qué, no le he dado ninguna oportunidad, como a Héroes, aunque todo el mundo me diga que mola- me quedé en el costumbrismo español de La Familia Mata. Y mata. Dentro de que los actores -lamentables- puedan parecer más o menos graciosos, la serie es una castaña predecible, cuajada de argumentos que nos llevan contando desde Farmacia de Guardia (ho-menaje del hogar a Perro Muchacho). Es una mierda, pero ahí la tienes. A ver, se supone que yo me debería dedicar a hacer ese tipo de formatos y guiones -profesionalmente, digo- pero parece que no tengo suficiente talento como para hacerlo, como para estar en ese pelotón de guionistas. por tanto si no puedo llegar a lo que me da asco… ¿A qué aspiro?

Lo ignoro. Tampoco quiero responder. Si queréis un oasis en la mediocridad (por ser fino) informativa de deportes, atended a Santi Segurola. Le conocí cuando era redactor jefe de deportes en El País, y colaboraba en la SER. Ahora cruzó el charco al grupo Recoletos y es subdirector de Marca, pero es uno de los tipos con más criterio que hay en el mundo del periodismo deportivo nacional. Controla de fútbol, basket y atletismo y no se pierde un concierto o peli, a sus cincuentaypico palos. ¡Y del Athletic! Un crack, en definitiva.  Aquí charla con los lectores.

Si hoy Italia queda apeada del campeonato, cenaré pasta, si la que queda fuera es Francia, un bocata de queso y si acaba pasando Rumanía, me comeré un portero de discoteca (teoría: los rumanos no tienen pasta para no tener que pasar por los controles de metales de los aeropuertos. Formarían colas interminables) 

Empieza la EURO: nada de nada

Lamentable partido inicial entre Suiza y la República Checa. Uno a cero ganaron los checos, a los que los clarividentes del fútbol daban como favorita. Lesionado el pufo del Ársenal, Rosiki, tienen a Köler, un delantero de dos metros y pico y trentaicinco años. Ahí es nada.

Otro a cero ganó Croacia a los otros lamentables organizadores, Austria. Un asqueroso tanto de penalti. De verdad, penoso arranque, como siempre en estas competiciones, donde sobran partidos y equipos a cholón.

Y para colmo cerocerismo entre Francia y Rumanía. Los hermanos rumanos son diez porteros de discoteca y Cosmin Contra. Los pobrecillos son de los que se conforman con salir al campo a correr. Los franceses son absolutamente planos. La era postZidane juega con un centro del campo huérfano de mediapuntas. Su creatividad depende de Makelelè, el trípode de ébano. Imaginen. Los he visto en un bar repleto de subsaharianos -que iban con Francia- y se descojonaban. A ver si esta noche la final anticipada despierta un poco esto.

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