El espíritu de la Navidad

El verdadero espíritu de la Navidad, lectores y lectoras, es el gasto, la compra, el dispendio, la locura por el derroche. Con el objetivo de facilitarles el acierto a la hora de enviar obsequios al autor de este humilde blog, les dejo las siguientes recomendaciones:

Reloj Nixon, modelo The Time Teller. Color índigo. Lo estaba petando en Gijón, y seguro que para el público de Fama a bailar lleva petándolo mucho tiempo, pero yo tengo mejores cosas que hacer que estar siempre donde lo petan las cosas. Se puede encontrar aquí.

Camiseta fan retro de los Knicks. Son diecisiete dólares, y hay que pedirla en la tienda oficial, aquí, ya que el mercandising de la NBA que llega a España es una puta mierda. Sólo camisetas de españoles, del puto Lebron, y del no menos puto KG.

Auriculares retro. Me molan estos Murphy en Ebay. La puja está bastante baja y, a no ser que haya pique friki se quedará en unos 60 pavos.

Vinilos: single Erasmus borrachas de Francisco Nixon, aquí, en la tienda del sello Siesta. Parece que es la única edición que ha tirado en vinilo. Tampoco estaría mal el LP Sugar´s Bogaloo, de Sugarman Three, que podéis encontrar en la tienda de vinilos online Guerssen Records. Es la reedición de un descatalogado – referencia DAP006LP- de los que rompen caderas.

Cualquier cosa de Nick Hornby. Cualquiera.

Y de momento no se me ocurren más pijadas. Se aceptan sugerencias.

Gracias.

Notas pre-puente

-Sí, me voy de puente ¿Qué coño pasa? Hace siglos que no pillo vacaciones. Siglos. Vacación en realidad, que es un día. Habiendo descartado Singapur, Johanesburgo y Seattle, finalmente me declino por Gijón. Novedoso ¿Eh? Sí, mira, soy un divertido pozo de sorpresas.

-Te puedes devanar la sesera, darle vueltas, ser creativo, informarte, formarte, adquirir discurso, entender su lógica, y depurar una técnica que te haga crear cosas atractivas en la red. Luego en Antena Tres tienen un problema técnico y revientan las redes sociales, noticia más leída en los digitales… He conocido a un puñado de locos, de los diagnosticados digo, y casi todos ellos le tienen una oscura devoción a antenatrestelevisión. Creo que lo del famoso bucle fue una llamada a las armas.

-Wikileaks 1: la portada de elpais.com de hoy es una coña marinera. Parece que la principal preocupación del Pentágono era la posibilidad de que Rajoy fuera presidente. Verán como el As y el Marca empiecen a meter mano a los documentos. Bin Laden era socio del Barça, y si no al tiempo.

-Wikileaks 2: en España nos creemos el ombligo del mundo, y pensamos que los norteamericanos son todos unos paletos ignorantes que sueñan con freír al personal en la silla eléctrica. Paso de ir contra esa tesis, sólo diré que hace años vi una obra en un festival de teatro urbano (que murió junto con la subvención), en la que se criticaba ácidamente a la sociedad española, en base a críticas que les hacemos a la norteamericana. Al salir y preguntar -era plumilla-, todo el mundo coincidió en ver el texto como una crítica voraz a los USA. Así somos. Aquí Wikileaks se hubiera solucionado con unas opciones sobre acciones y un jamoncito de bellota.

-Una buena y una mala. La buena es que meten a Loquillo en la cárcel. La mala es que sólo tres meses. Por lo visto le han procesado porque se le calentó el hocico en Donosti y sacudió un mandoble a un tipo. De lo musical no quieren saber nada sus abogados. Únicamente Melendi ya tiene copados tres juzgados. Es coña, pero demos vueltas. Aquí no, pero si en USA le meten mano a las tabacaleras por mucho menos…

-Y me despido hasta el jueves con una noticia del periodismo de verdad, miren.

PD: A partir de ahora, creo que ilustraré con fotos de Suicide Girls. Igual no dicen mucho, pero verás qué bien indexan…

Es un honor llamarte amigo

Acaba de llegarme una carta a casa de Rodrigo Rato. Me da las gracias por seguir confiando en la entidad que, desde hace poco, él dirige. Siempre es reconfortante, en tiempos de crisis, ver que todavía hay gente que encuentra curro. Me reitera su compromiso de atención y servicio para conmigo, y me firma de su rotulador y letra. Si estuviera viviendo con mi abuela, me diría que los Rato eran una familia de posibles que tenían una pastelería en Gijón. El chico ha seguido con la tradición familiar de trabajar con la pasta.

Este tipo de cartas me aportan tranquilidad. Por un lado por tratarse de quien se trata, y por otro porque todavía hay quien sigue cultivando el género epistolar, es una pena que se se esté perdiendo. Voy a ponerme a redactarle una misiva de respuesta, con líneas a lápiz predibujadas, para escribir recto, y luego borrarlas, como hacían mis padres cuando era pequeño con los christmas a esos familiares que van cayendo de la shortlist (término de márketing, para veais que estoy en la onda) sentimental conforme pasa el tiempo.

Estimado Rodrigo:

Gracias a gente como yo, que nacemos sin dinero, usted, que nació con él, y su institución que, cuando nací también tenía,  siguen siendo mucho más que unos meros asesores financieros. Cada vez que me dejo caer por una de sus 2.179 sucursales me siento como en casa. Ahora mismo ando enfrascado en varios proyectos, con dos posibilidades de resolución. La más pesimista, que dibuja un escenario que ni usted ni yo, ni cualquier persona de buena voluntad desea, finaliza con mi ruina económica y profesional. La primera ya la llevo bastante avanzada y, para la segunda, me tomo mi tiempo, no se crea.

La otra posibilidad es que, utilizando un concepto contable, suene alguna flauta, y acabemos recibiendo usted y yo misivas como la suya, pero más sustanciales y discretas, del director de cualquier entidad financiera de las Islas Caimán. Esperando encontrarle en un jacuzzi del Reebok Sports Club de Pozuelo, o en cualquier humilde resort, siempre suyo.

SPCB

¿Y?

Ahora que Madrid me tiene bastante retenido -este verano vuelvo a salir, tras dos años- recuerdo mis vacaciones hasta hace no demasiado, en las que me recluía en Gijón de julio a octubre, y tengo la extraña sensación de haber aprovechado el tiempo, lo que me da una cierta paz interior. Me gustaría morir pensando que aproveché las cosas, que no me dejé en la recámara más que lo imprescindible para que todo funcione bien, que cuando pude lo hice.

Para una persona del norte y con unas claves familiares más propias de la Rusia del XIX que otra cosa, la canalización de los sentimientos es siempre problemática. Quiero decir, que mis momentos de bienestar, o zozobra no suelen responder a estímulos inmediatos, sino a otra cosa, a veces a nada, a sensaciones. Las trabas para desarrollarme con libertad, y las aduanas a la verbalización, hacen que pase de metódico analista interno a una especie de loco supersticioso, plagado de manías estúpidas y difícilmente descibrables, incluso para uno mismo.

Llevo unos tres días suspenso. Me siento en el suelo a ver cómo las hojas secas hacen bailes zíngaros aprovechando corrientes de aire que sólo ellas logran encontrar. Sin apetito y con problemas para dormir. Apático, como una especie de Nicolás Anelka gestionando la primera depresión prevacacional de la Historia. Igual es por el recuerdo de la estación penitenciaria que fue el verano pasado, o por el gemelo derecho, que me vuelve a recordar que igual mi cuerpo lanza desesperadas bengalas para que no lo rescate. Será una prueba o algo, pero no tengo causas objetivas para la desgana, todo lo contrario.

Supongo que algún día mi familia pagará por todo lo que hizo, por guardarme el manual de lo poético. Sólo espero que en la venganza no paguen otros los platos rotos.

Cosas que echo de menos, merced al escaso poder adquisitivo

spcbgijon-Un par de días en Gijón, y otro par en Lisboa.

-Los oricios enlatados de La Antojá. Y el chocolate negro con virutas de limón, que deja un sabor como cuando chupabas la madera de los lápices de colores Alpino.

-Colonia Farentheit. Es muy nocturna, excesiva para después de la ducha mañanera, pero da calor en invierno y fresco en verano.

-Tirar una mañana comprando mierdas en el H&M y en el Lefties, saliendo con la sensación de haber gastado muy poco.

-Ir a la tienda de Merc, o a Up&Beat, o al mercado de Fuencarral, o pasar por el escaparate de Pepita is dead, pensando en que, si se me calienta el orcate, igual hasta compro algo.

-Rapiñear los cajones de LP´s de las tiendas de la calle Postigo de San Martín. Me llevaría un puñado de vinilos de jazz por cuatro o cinco pavos, y me cagaría en sus muertos porque nunca bajan de los quince euros el Getz/Gilberto.

-Me pillaría un colagenito, una hidratante, y una exfoliante, sin creer que estoy matando a tres niños africanos.

-Un descodicador TDT, también para el carro.

-Y añada unos lomitos de ventresca, que tengo orégano para hacerlo al baño maría, como en aquel restaurante pijales de Barcelona. Ya ves. Simple y efectivo.

-Hacer la fiesta en casa, con mi vecino Fernando. Obligatorio venir disfrazado de algún alto cargo de la Comunidad de Madrid.

NOTAS:

1) La semana pasada no publiqué por problemas ajenos a la dirección.

2) Cambio de look en la cabecera del blog.

3) Se cuece el próximo podcast.

4) Sigo siendo optimista en dosmil nueve… ¿?

5) ¡Qué buen finde!

La soledad era pesto

Creo que en el fondo ésto tiene cosas buenas. Lo de la perra, digo. Últimamente le estoy dando muchos achuchones. El concepto achuchón siempre me ha dado mucho asco. La gente que se despide de una conversación con “dale muchos achuchones a fulanito o fulanita” me parece aunténticos asquerosos zalameros. ¿Qué cojones de diferencia hay entre un abrazo y un achuchón?. El caso es que tiene sus ventajas, como digo.

lt__john_f__kennedy_aboard_the_pt-109El sábado, por ejemplo. A la una estábamos en la cama, y se sobó, y el domingo se levantó conmigo. Si más. Sin esa necesidad de “hacer algo” de los sábados. Sin pedirme que la lleve al cine, o que trasnoche, o unos cubatas en garitos, o algo así. Sin sentirse mal, o menos, o vieja, porque no le propusiera ningún plan supermegadivertido. Porque encuentra divertido dormirse a la una, y salir a disfrutar de la mañana de domingo. No me considera un aburrido.

La presión de ser divertido es un coñazo, porque hay veces que me apetece ser aburrido. Aburrido y ya, ¿Qué pasa?. Como una consola Atari, como un partido del Madrid, como una canción de Radiohead, como El Quijote en primaria, como los colores de Pertegaz, como un niño viendo la BBC, como mi abuela en el McDonnald´s, como Carlos Berlanga en Dinarama, como Ladi Dy en la cena de pedida de mano, como la Obregón en Saber y Ganar, como Froilán el 14 de abril, como Ringo Starr, como Florentino Pérez, como Albacete, como la coliflor, como Suiza, como las conexiones neuronales de Pedro Jota… aburrido.

Ayer fue día de lavandería. En el tiempo de la secadora me voy a fumar a la plaza de las Cortes, con un frío de pelotas. Capucha gris de sudadera puesta, muy newyorkino, ya les digo, que ando. Un guía turístico inglés les contaba en una especie de monólogo a dos guiris, el rollo de Tejero. Con mucha gracia y mala baba, el cabrón. Vivo en medio de todo y no lo valoro. A ver si aprendo de Nico. Comida, agua, mear, cagar, y dormir. Y lo otro.

Hoy un par de reuniones esperanzadoras. ¿The dream is over, o no?

PD: el viaje a Gijón se ha caído de la convocatoria. Le debo a Víctor cinco pavos. Pero bueno, me forraré con lo que me jugué en miapuesta.com.

PD2: mi amigo Julián se incorpora al mungo bloggero.

PD3: Feliz año nuevo, usted, chino que me lee.

The city

Éste blog, que no es otra cosa que mi monólogo mental, empieza a teñirse de optimismo. Se contagia de la actitud de la que les hablé otros días. Por eso puede empezar a hacerse aburrido. ¿Qué les cuento? ¿Que ayer estuve con mi ex, y no me sentí especialmente mal?, ¿Que laboralmente estoy ante el cable rojo o el amarillo, y creo que sé cual cortar?, ¿Que la adicción a Dexter y a IT Crowd, en lugar de hacerme perder tiempo, me han regalado dos puntos de vista?, ¿Que incluso en un videojuego tengo el quinteto de NY con Wade, Allen, Hill, Brown y Wallace?

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El mileurismo desgasta. El horizonte ya no. Un año de frecuentar el Día superdescuento, de no tener una cámara de fotos, o comprar una buena camisa, hacer una escapada absurda. Así un mes detrás de otro. Con la sensación de tener el talento y la culpa de no lucirlo. Pero el aire me huele bien. Como cuando el canto del gallo me depertaba en la cama con mi abuela, de pequeño. Aquella aldea que olía a eucalipto y melocotón. Hundía la nariz en la manta y esnifaba el suavizante. Luego saldría y me rozaría las piernas con ortigas, pero mientras me las untaban en aceite de oliva, olía el carbón, y el queso de cabrales.

Miro el calendario, y el final de enero huele a Cantábrico. Iré a Gijón, y me dirá que no me confunda, que ya no es mi sitio.

Mi ciudad empieza en aquella aldea y baja por el alcarreño paseo de Fernández Iparraguirre hasta la playa de la Contxa. Al callejear me puedo dejar caer por Paradiso a hurgar LP´s, y entrar en la librería de Emilio Cobos, a que me enseñe el último buen libro, y me pase por debajo una sucia novela negra. Puedo parar en el Aguardiente de la calle de la Fe, a tomarme un café bombón, haciéndo tiempo hasta que abran el Riffs, donde aquel loco guadalajareño montó un garito para él y para mí, con Billie Holiday y Bill Evans en las paredes. Quebró, pero en esta ciudad sigue abierto. Al salir puedo ir al Lamiak, tapas y pacharanes hasta las tres, y de allí volveré a pinchar al Pi, una sesión de esas de northern soul, con aquellos chicos y chicas modernos bailando. Y al acabar, cogeré u elétrico 15, ese tranvía maravilloso zigzagueando el corazón del Tajo, hasta la playa de San Lorenzo, a ver nacer el día.

Para caminar, primero hay que saber correr. Ésa es mi ciudad, y por vez primera, creo que sé caminar por sus calles.

Cuando me recupere

Cuando me recupere compraré una cámara de fotos. Me encanta fotografiar, pero no tengo pasta, no sé, noventa o cien euros para comprarme una cámara. Si tuviera pasta de verdad me compraba una de esas Canon de puta madre, pero claro… Me jode ver a los turistas con cámaras de puta madre, para hacerle una foto a su mujer delante de la estatua de Velázquez, en la puerta de El Prado. Me pone de mala ostia.

Cuando me recupere volveré a entrar a La Antojá, que es la tienda de delicatessen donde tiene auténticos oricios en lata. Los oricios son erizos de mar, en bable. Los adoro, es el sabor que más me gusta del mundo. Saben a mar, sólo se encuentran en marzo-abril, un par de semanas y llevo cinco años sin poder ir a Gijón a comerlos. En La Antojá tienen latas de verdaderos oricios y, cuando lo descubrí flipé.

Cuando me recupere me compraré una camiseta de la NBA. Me mola la de Boston, de Garnett, pero la lleva mucha gente, igual me animo y me pillo la de NY de local, la blanca, pero no hay ningún jugador digno de ella. La de Calde, de Toronto, tampoco está mal, pero el diseño es feo.

Cuando me recupere me iré unos días por ahí. Cogeré un mapa, elegiré un destino al azar, alquilaré un coche, meteré tienda, perra y saco de dormir, y apareceré en cualquier sitio. Estaré a gusto, escucharé a Jack Johnson y a Jakob Dylan, fumaré, comeré fruta y me sentiré bien. Solo.

Cuando me recupere invitaré a mi padre al Bernabéu cuando venga el Sporting, que ayer ganó al Milán (aunque la prensa deportiva se empeña en acentuar la “í”) y nos daremos un baño de asturianismo, y nos tomaremos unos culines por el barrio.

Cuando me recupere le compraré una caseta a Nico para poder dejarla en el patio -la canción “patio interior” de Aroah, se me aparece cada vez que abro su puerta- y que haga su vida en el exterior y deje de destrozarme cajones, calcetines, cajas, cables y demás mobiliario de mileurista.

Cuando me recupere me compraré un par de camisetas chulas, dos camisas negras y una corbata finita, como la que tengo negra, pero roja, o naranja. Y unas zupas de basket.

Cuando me recupere…

La bomba (Navarro, pero Pepe)

Menuda racha llevo. Tardes de cocacola light, porros y olimpiadas. Para qué queremos más. De repente la final de 100 lisos con el jamaicano extraterrestre, pinchando con la final de Nadal (reconocer que su tenis físico y calculado aburre a las piedras debe ser antipatriótico), que si un poquito de ciclismo en pista, con sus gramos de vela, y mientras perdiéndonos a Gervi en la final de suelo.

Gracias al Barón de Coubertin las vacaciones pueden ser más baratas de lo que pensaba. Y tan feliz, mientras nadie se entere. Socialmente quedaría fatal si no contara en Septiembre algunas trolacas: que si estuve en la India y todo muy bien, que si igual voy a New York, ahora que está todo tan barato, que si os enseñaría las fotos del viaje a Gante, pero mi perra se comió la tarjeta de memoria… no tengo problemas, ¡Será por mentir!.

Tengo 35 euros para llegar al día 28. Si me tiro un pedo palmo pasta. Otro mes canino, y el que viene no tiene mejor pinta. Quería invitar a mi viejo a ver al Sporting cuando visite el Bernabéu, pero la coyuntura económica internacional lo pone en tela de juicio. Perderé para siempre esa ficción que es la relación con mi viejo, pero bueno. Ahora me ha dado por dibujar, como a él, y por añorar Gijón. Igual es que se comunica conmigo así. Sus 26 años tampoco fueron los mejores, así que en breve me dejaré bigote y jugaré de ariete zurdo (creo que mi viejo nunca me perdonará haber salido centrocampista y diestro).

Y a todo esto nadie me quita de la cabeza que si me dieran minutos en el equipo nacional, lo haría mejor que Juan Carlos Navarro. Está horrible. Siempre le he odiado, porque su selección de tiro es suicida, y siempre le salió bien. Ahora no. Tiene unos porcentajes de tiro que yo mejoraría, lo sé. Vamos Nico tiene mejores porcentajes, pero Nico es muy alocada, no creo que de alero… igual de base revolucionaria, a lo Jamal Tinsley

Por cierto confirmado: JUEVES 18 sep a las 20:45 actúo en la Sala Casino (c/casino 8, metros Embajadores, Lavapiés). Me parto la polla con la información de promo de los de Nosolocomicos, atención, cito textualemente:

“Uno de los espectáculos más variados del panorama nacional”

Ostias.

Sabores

Existen pocos momentos en la vida de un ser humano en los que se despliegue ante sus papilas todo un mundo de posibilidades. Los ojos están más acostumbrados grandiosidades, con cada plano que elige el cerebro. Incluso el olfato nos hace girar la cabeza ante la salida del ventilador de una pastelería (el de la pastelería La Playa, en Gijón, que da a la calle Los Moros… ¡¡diosss, qué olorrr!!). Pero el gusto sólo se planta boquiabierto ante la paleta de sabores que representan una mujer desnuda y tumbadica en la cama, y ante la imperial cámara frigorífica de una heladería.

Anoche tuve una de las dos experiencias. Estaba allí, desplegando todo su poderío, diciendo “ven y cómeme lo que quieras”, y yo relamiéndome como una perrita (homenaje). Me decidí por la stracciatella. Me parece fresco, su cremosidad no agobia, y las teclas de chocolatele le dan tanta agilidad, que el clásico de chocolate no es competidor en las noches de verano. Cucurucho siempre. Ya no se hacen cucuruchos como los de antes, ahora son planos e insípidos. Recuerdo los de Islandia, con los rombos tan marcados, la clara de huevo que dora la parte exterior…

 

Y te vienen los del Ben&Jerry´s como si hubieran descubierto la pólvora. Malditos yankis hijosdeputa, que se creen que todo empezó allí. ¡Ánimo yihadistas, a la guerra santa por los helados!

Y nada, nos sentamos en las mesas instaladas en la calle Argumosa con motivo de las fiestas del barrio, Jóse, yo y nuestros helados, y nos tomamos algo en mitad de un globazo pakistaní, que ríete tú del cura brasileño. Y venga pasar muchachas de todos los colores, etnias, tamaños. Todas realizaron magníficos ejercícios de pasotismo hacia nuestras honorables personas, ejercícios donde la concentración y la técnica fueron clave.

Auténticas Comaneci. Es perfecta. Por cierto si no les he recomendado el disco de Fran Nixon, no dejen de bajárselo “Es perfecta”.

Es pefecto.

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