Post en una botella…

Se da la sinergia entre dos poderes negativos, que convergen en que lleve lo indecible sin actualizar el blog. Un mezcla de no tener Internet en la nueva casa, y de estar demasiado tiempo trabajando en Internet. Qué moderno, qué bien. Me he dado cuenta de que no se han producido suicidios colectivos pidiendo un post más, lo que me entristece. Tampoco ha amanecido la pared de mi edificio con pintadas de “retoma el blog, cabrón“, ni cosas por el estilo, reflejo de la falta de implicación y voluntad de los jóvenes en la actualidad.

Estoy en pleno proceso de remodelación filosófica de todo esto de mi reputación online. Además tengo dos propuestas de colaboración para inflar mi ego. Una de SER Guadalajara, a través de mi padre radiofónico, Juan Solo, que ha tenido a bien reclutarme para su redil 20010-2011, y otra de un nuevo y misterioso proyecto que verá la luz el día 30 de este mes.

Me mandan info de los premios 20blogs. Cero votos. Siempre tiendo a pensar que lo que no me favorece no mola, así que diré que ese concurso es una mierda así -gesticular de manos- de gorda

Así pues, iremos informando.

Insignia de oro y brillantes del Club

A poco que os dejéis caer por estas letras, habréis notado la participación habitual en los comentarios de una serie de personas. A algunas las conozco y a otras no. Con unos he trabajado, tomado cafés, peleado, con otros no. He creído que hoy podría ser un buen día para publicar un pequeño y emotivo acto de homenaje que, a la vez sirva como una especie de intento por explicarme las razones por las que éstas personas queman su retina cada día ante esta hache, té, té, pé, dos puntos, barra, barra.

Sergio es periodista de Guadalajara. Le conocí allí, entre ruedas de prensa, convocatorias, y partidos de fútbol. Nunca nos cruzamos una palabra. Recuerdo el verano que empezó de becario y, si mi memoria no me juega las malas pasadas que dice Punset, lo estoy viendo con barba y una camiseta verde del Pet Sounds de los Beach Boys. Veréis, yo tenía ciertos problemas para empatizar con los becarios de otros medios por diversos motivos. El primero que soy antisocial, el segundo que cuando los de mi edad entraban, yo ya llevaba tres o cuatro años en la radio, y el tercero, que yo era un auténtico gilipollas de mierda que me creía la leche. Con el paso de los blogs, las redes sociales, y los años, me he dado cuenta de que no trabar amistad con él y con nuestro compañero Edu, cuando vivía en Guadalajara, fue uno de mis grandes errores.

A Kataplaxma sí le conozco. Hemos dormido juntos, pero no revueltos, en una emisora. Hemos presentado galas juntos, hemos retransmitido de todo, incluso tengo escrito un cortometraje para él y para mí que, si algún día me deja de dar pereza, le mandaré. Es genial y por eso está loco en su versión de cartero, entrevistador, actor, batería de jazz, o en la que le salga de las pelotas, porque es uno de esos niños encerrado en cuerpo de menos niño.

La red aporta gente con la que estableces un vínculo en el que el espacio y el tiempo son tan secundarios que ni están, ni se les espera. Yeraldine es un ejemplo de tía a la que no conozco de nada, pero nos conocemos de bastante, porque llevamos un par de años siguiéndonos la pista. No sé qué cojones le divierte de mi blog, ni a mí del suyo, pero es como cuando eres pequeño y, al pasar por una zapatería, siempre miras un adorno, entre los zapatos, sin saber el por qué, y cuando te haces mayor, y recuerdas la ciudad, te aparece ese adorno. Lo mismo me sucede con Supersalvajuan. No sé quién encontró el blog primero, pero ese aire suyo de cabrón listillo, esa historia de un profe desgarrador y fan del baloncesto, que no entraba ni en el más benévolo de los pensamientos de época de pupitre, me encanta.

El blog me ha permitido tener proyectos de ilusionante futuro con un Alien, sentir la presencia y apoyo de Duce, desde la trinchera de los emprendedores con ganas, ideas, una mano delante y otra detrás, observar las peripecias de Óscar, Churchill y compañía desde el Abismo, que Milodón abandone el madroño y se acerque Disimulando, hacer un agujero hasta Australia para fisgar a Samael, seguir cada día la pelea por salir adelante de Helena, mi distinguido Miguel Felipe, Loli, Silvia, Mario, y un huevo de gente, que protagonizan el National Geographic social de nuestra historia.

Alzo mi sapphire en vuestro honor

Me gusta hacer turismo

FITUR. No podemos entrar en los pabellones de España hasta las 14:00 porque los reyes se han pegado un madrugón para inaugurarlo. Y menos mal. Estoy en una feria cuyo presidente es Álvarez del Manzano y tengo que esperar a que salgan Juan Carlos y Sofía. He de hacérmelo mirar. Entramos. Las Vegas, Costa Rica, en China me dan largas. Poco negocio, mucho absurdo. El verdadero negocio se cuece -literalmente- en los escondrijos de los stands y en las cafeterías de los exteriores, donde te clavan con sonrisa de oreja a oreja.

En tiempos de crisis han reducido dos pabellones. Andalucía copa uno entero. Así son los andaluces, a jamonazo limpio. Putas de lujo pululan ente cascudas recauchutadas y consejeros, gerentes, y otras piezas del turismo de cualquier región. El estereotipo del empresario barrigón puro en boca, en todas sus versiones. Ayuntamientos de pueblos de mierda con sus azafatas repartiendo caramelos. No cojo ninguno, porque si comiera un caramelo de, por ejemplo, Sanlúcar, tendría el deseo irrefrenable de irme allí y, de momento, no me planteo vacaciones.

Sólo el aniversario de la Gran Vía, en la zona madrileña, me sorprende. Si inviertes en meretrices de calidad, no te queda dinero para el ingenio, la famosa ecuación de los cañones y la mantequilla, o de las putas y los creativos. Estoy acostumbrado a ver esa balanza en la tele. Los richelié del sector son como nosotros, pero despreocupados, unos hijosdeputa, que diría Hobbes. Y qué mal visten… Paso por Guadalajara, el stand pobre de la zona pobre, y una pobrecica me dice que si quiero relajarme. Supongo que no era profesional. De todos modos paso.

Habitualmente, en anteriores visitas a FITUR, me solía enamorar entre noventa y ciento diez veces por hora. Este año voy agobiado, esforzándome en no parecer agobiado, pero hay cosas que se me escapan. Tampoco caigo tanto en la caspa social y el olor a vino fino, así que lo uno por lo otro. Pero lo de los azafatos… lo de los chavalines disfrazados de señores… ufffff…

En fin, que FITUR es esto: atención al atrebimiento.

Mino, Celia, Antonio

Que el transporte público es horrible ese día, es una afirmación perfectamente aplicable a cualquiera del año, pero en nochebuena parece una frase hecha a medida. El colmo del viaje horripilante es que te toque algún tipo desagradable sentado frente a tí. Si bien no es especialmente desagradable, sí es inquietante y comprometido sentarte frente a tí mismo, que es lo que sucedió. Como en El libro de arena de Borges, pero en versión cutre, mi yo de hace cinco años estaba frente a mí leyendo algo (por aquella época estaría con Milán Kundera, empezando a descubrir a Mankell, o con algún acercamiento a Warhol, me daba por ahí).

Volver a casa de mis padres siempre supone un ajuste de cuentas personal e implacable y, oyendo a la máquina canturrear parada tras parada, me apeteció hablar con el chaval. Decirle que sea inteligente, que aparque el ego y las prisas. Pero justo cuando estoy a punto de hablarle y meterle una buena chapa de tipoqueestádevueltadetodo, me da por pensar -que es una actividad que, bien regulada, puede llegar a ser más positiva que un vaso de vino en las comidas- que quién carajo soy yo. Y no pretendo causar un cisma filosófico, porque sé que yo soy yo, y fuí él. Me refiero a que, sin ese chaval, ahora no sería éste otro que me creo que soy. Y lo que es peor, que puede que tres asientos más atrás esté sentado mi yo de dentro de veinte o treinta años, y no quiero comerme chapas de nadie.

Guadalajara es una ciudad rodeada por un cristal. Es un bolanieve. Puedes agitarla mientras todo el mundo sepa que la nieve va a volver al suelo. Cada copo tiene nombre, apellidos, y función específica. Como todo bolanieve, es muy difícil saber si alguien lo ha agitado o no desde la última vez que lo viste. Ese cristal es transparente, pero está en la mente de todos su habitantes. Es una presencia tan enorme, casi una deidad a la que se rinde pleitesía con oraciones como “se vive muy bien, la ciudad es muy tranquila”. Siempre imagino que quien dice eso anhela su propia muerte, los cementerios le deben parecer un destino magnífico.

Tomar un vermú con la nueva/vieja guardia es genial de todos modos. Periodistas que tienen una pata en la vocación, en la necesidad de contar cosas, contrastar, informar y hacer bien su trabajo, y la otra en la nueva versión de la profesión: la del servilismo incosciente, la de la redacción y el mail, la del cortar y pegar, la de tomar partido del lado equivocado. Sus dudas y, de algún modo su zozobra, es la que me hace creer en ellos. Ser valiente no es exigible, es una cuestión de ego y no juzgo sus actitudes porque sería un snob imbécil.

Sus empresas y directivos son otra cosa, pero recibirán su merecido. He visto la misma mentalidad cutre en una oficina cochambrosa donde un constructor me obligaba a hacer un programa para marujas, despido en mano, y en los despachos de TVE o Telemadrid. La realidad les va a pasar por la derecha, y el acelerador sólo lo van a pisar quienes tienen dudas. Benditas dudas.

PD: Mino, hazte un facebook

¿En qué andas, Gustavo?

Era el año 2003, y Clota me lo advirtió “ve con cuidado, es un tío muy listo“. Y lo era. Venía a una mesa redonda de las que organizaba el Club Siglo Futuro, que es una asociación de Guadalajara gestionada por un pive que pretende engañarse, y pensar que vive en un lugar donde la cultura puede fluir como en cualquier otra metrópolis del mundo. Subvencionada, eso sí. Estábamos en plena guerra de Irak, yo venía de la facultad con la sangre caliente, que es la peor forma de enfrentarte a una entrevista peliaguda, y él era -y sigue siendo- el responsable de política internacional del PP.

Gustavo de Arístegui, efectivamente, resultó ser un tío muy listo. No sólo salió indemne de las preguntas, sino que demostró clase, porque me podría haber hecho papilla, y se conformó con zafarse. Creo que porque debía tener un debate interno curioso, que no le permitió azotarme como merecía, pero también pienso que el componente clase jugó un papel. Con el primer chispazo me dí cuenta que era de ese tipo de gente capaz de sobrevivir en cualquier momento histórico, en cualquier estrato social. Sobrevivir y bien además. Un diplomático.

Tras el combate, que se devino a un Rocky vs El Fari, al que el resto de la prensa asistió con indiferencia -en las ruedas de prensa casi nadie pregunta nada interesante. Ni hablan. Creo que ni respiran-, me cogió en un aparte y charlamos un poco. Supo ganar. En ningún momento quiso amedrentar, o aprovechar su victoria o, mucho menos, reconvertir al joven alocado en alguien cabal. Tuvimos una charleta, copa en mano, en la que exhibió una honestidad intelectual que nunca había percibido de un político, y menos de su partido. Salió zumbando para Madrid, y me lanzó un “nos veremos”, al más puro estilo femme fatale.

Desde entonces le sigo. Por eso no entiendo muy bien declaraciones como las que ha hecho hoy con respecto al famoso secuestro piratil -aclamado por crítica y público-, que me dan un raro tufo corporativo. Seguro que si mañana le planteara una entrevista, me llevaría otro revolcón, pero creo que podríamos negociar unas tablas, ya que no me podría rebatir que los partidos, por lo que se ve, aniquilan cerebros.

Si no tuviera un gran sueldo, un trabajo envidiable, un reconocimiento chachi, y una vida cojonuda, le diría que saliese de todo eso.

Puertas tapiadas

El sábado por la mañana me hice a mí mismo un recorrido turístico por los lugares de Guadalajara que, para bien o para mal, me han convertido en lo que soy. Lo que sea que soy, que seguro que es algo. Estuve en el cole en el que pasé diez años, apostado frente a las rejas por donde hace mucho ví atravesar a un microscópico y revoltoso gitano, aprendiz de Copperfield, y torcí por la calle de los putis, que bajábamos corriendo tras llamar a la puerta. Me dí de bruces con el callejón donde se pegaron Ángel y Sergio, los representantes testosterónicos del A y el B. Se hicieron sangre y todo.

El campo en el que jugamos el primer partido de la historia de mi equipo es ahora un hermoso y deshabitado bloque de viviendas, cuajado de carteles de “se vende“. Tiene tantos que parece que alguien tendrá que ir a recolectarlos, o se caerá el edificio. Antes era un solar, picado por algunas matas rebeldes, limitado por dos porterías, y adornado por un buen número de boñigas de oveja. Esperaba que construyeran un parque, un polideportivo o algo así, pero mira. Me salta el pilotito de “metáfora”, pero piso el turbo porque sé que se desactiva. Mirar hacia otro lado es una de mis especialidades.

El parque donde dí el primer beso -podría ir al espacio público donde follé por primera vez, pero me parecía algo ruín y miserable incluírlo en tan glorioso tour, así que se cayó del programa- está como estaba. Arizónicas aferradas a la tierra, marcando la disposición rara de los senderos, como para que cientos de parejas se den el primer beso sin que ninguna moleste a la otra. Cuando digo que dí el primer beso, es que lo dí, ella recibió ese noble arte que tanto había ensayado con la almohada. Recuerdo que me empalmé, y eso sí que no lo esperaba, así que me separé un poquito  de la chica, para no parecer un vicioso.

Las puertas de las dos radios me traen escalofríos de madrugones, navajazos, y toneladas de café. El trayecto entre ellas cuenta la historia de una estrella que brilla en degradé, pero que puede pasear con la cabeza alta, y eso no se compra con prestigio -”más vale ser estrella en provincias que uno más en la capital“, me dijo un amigo-, pero nadie ha dicho que no se compre con dinero. Esperaba que, a mi edad, sería ya el nuevo Buenafuente, y mira. Todavía no podría ir a una de esas fiestas de aniversario de promoción, porque me verían como un fracasado. Estoy esperando salir en portada del EP3 para no tener que dar explicaciones.

n53232036999_4798El garito en el que pinchaba está cerrado. A cal y canto es poco: han tapiado la puerta. Miré el pequeño escalón, que predecía el gran póster que anunciaba que djRob Gordon pinchaba aquella noche una de sus sesiones “vendí la silla de ruedas de mamá”, donde el soul y el pop marcaron el tiempo de las últimas noches largas alcarreñas, antes de que los políticos decidieran que, a las tres de la mañana, o eres tunero, o te vas a tu casa. Esperaba que lo cogiera otro dueño, y que pusiera Rafaella Carrá, y Madonna, y esas mierdas para oficinistas que se disfrazan de divertidos los sábados, pero mira.

Mañana cumplo veintiocho años, y pensaba que con veintiocho no sería viejo, pero mira.

¿Sheriff del condado, o fiscal del distrito?

Regresar a Guadalajara aunque sea sólo durante 24 horas, es un prueba para la química entre mi cuerpo y mi mente. Algunas veces he ido con ilusión y el laboratorio se me ha puesto patas arriba en diez minutos, y otras viajaba temiendo lo peor y me sorprendía para bien. Para regular-bien, tampoco tiremos cohetes. Al llegar a casa, mi viejo salió a recibirme y a charlar un rato, cosa que debí agradecerle pero que no hice. Por la noche cita con los chavalotes.

Guadalajara debería tener como slogan -y parafraseando a Beautiful Girls- “aquí lo único que cambian son las estaciones” entre otras cosas porque desde que piso el suelo alcarreño hasta que llego al umbral de la casa de mis padres me puedo encontrar a media docena de conocidos con más barriga y menos pelo pero en el mismo lugar, como geolocalizados por Google Maps. Empiezo con un gintonic (Bombay y Nordic) y me cobran cuatro euros y creo que empiezo a querer a esa jodida ciudad. Bajamos a tomar algo a la Criolla, ese garito, y para mi sorpresa encontré a un buen puñado de parroquianos que siguen el mismo ritual desde que frecuentaba el pub, osea desde hace once años. Todo igual. Misma camarera, mismo pincha, mismo grupo de chavalotes en los futbolines, misma rubia britnispirésca a la bajada de las escaleras… Joder.

Los chavalotes me lloraron el fútbol, pero por lo demás les va bien. Tienen curros normales, todos se van a comprar casas, y se van a integrar en la más común de las normalidades y por una vez digo todo esto sin acritud o doble lectura. Supongo que de pequeños todos queríamos eso el día después de descubrir que no podríamos ser astronautas. Les va bien, y me alegro por ellos, pero no les digo nada. Mientras vuelvo a comprobar la estrechez de las chicas de provincia, me dejo caer por el Cherno, para hablar con Sebas. Me dice que la cosa está muy mal, pero hace siete u ocho años, cuando empecé a pinchar en su garito, le conocí hablando sobre lo mal que está la cosa. Es su tema de conversación favorito, así que si alguna vez les va algo mal y se preguntan quién anda detrás, ya lo saben.

Han cerrado otro periódico y Álvaro me comenta bastante pedo que en Marchamalo van a hacer una liga de fútbol 7 amistosa, sin árbitros, y sin clasificación. Lo de los colegiados me parece curioso, porque los pueblos castellanos son muy de solucionar cualquier tipo de disquisición argumental a base de hostias, así que puede que la liga acabe pareciéndose más a valetudo que a balompié. Pero lo de las clasificaciones ya lo atribuí al pedo. Y se debió de contagiar, porque llegué a casa, puse a Gasol y sus mastuerzos, y se movían bastante. Pero no a nivel táctico, a no ser que el florero del salón, un cuadro y la mesa defiendan en zona, porque se movían también, así que decidí sobar y que me lo cuente mañana la prensa, que para eso han mandao a un señor a LA.

Al volver, mi madre intenta colarme mil tuppers y toda esa parafernalia que rodea al cuerpo funcionarial de las madres, pero los rechazo. No me juzga y sé que debería agradecérselo, pero no lo hago y me callo. En la próxima vida, cuando me reencarne en mofeta, cucaracha, o topillo burgalés, no sólo pensaré las cosas, sino que también las diré, y será cojonudo.

Y no es coña

Lo de la estación del AVE de Guadalajara ya se sabía hace años. Cuestión: el gobierno Aznar pretende aprobar que las lanzaderas del AVE Madrid-Barcelona se pongan en Yebes, un pueblo a 13 km de la ciudad. La tía del marido de Esperanza Aguirre, es la propietaria de los terrenos. Aprueban la puesta en marcha de las obras de la estación. Curiosamente los terrenos son de quien hemos dicho antes, por lo que se los vende al Estado (es decir, que pagamos de nuestros bolsillos), y a una inmobiliaria, por muchísimo más. En pocos meses operación redonda, y una estación a 13 km de una ciudad. Igual que lo de Terra, pero a otro nivel.

El actual alcalde de la ciudad, inaugura aparatos expendedores de bolsas para la caca de los perros, pagadas, en parte, por la inmobiliaria Rayet

El actual alcalde de la ciudad, inaugura aparatos expendedores de bolsas para la caca de los perros, pagadas, en parte, por la inmobiliaria Rayet

La empresa se llama El Arverjal, SL Teresa Micaela (precioso nombre)Valdés Ozores es la tía del marido de Esperanza Aguirre, es la gestora de la sociedad. Eran 3,4 millones de metros cuadrados de suelo rústico recibido en herencia por Valdés Ozores que el Ayuntamiento de Yebes, recalificó sustanciosamente en 2001. El alcalde de Yebes va dando licencia de obras y llevándose un pastiche, cuyos orígenes le comen los cojones. De ésta manera multiplica por cuatro su presupesto. Por cuatro.

Al calor de la estación, qué mejor que construir una ciudad. Se encarga la inmobiliaria Reyal, y monta una especie de Maria D´Or residencial, llamado Ciudad Valdeluz. A tope. Si la estación no pasa por la ciudad, construyamos la ciudad. Muy rico pelotazo. Sobre plano, treinta y cuatro mil viviendas. Treinta y cuatro mil.

¿Cómo explicar la estupidez de poner tan lejos una estación? Porque claro, no es algo que se haga soto vocce, no es un túnel o una cañería, es una puta estación a tomar por el culo de una ciudad. Imaginaríamos que los medios de comunicación debieron protestar. Pues no. Lo primero porque la prensa local es muy amateur y sólo les vendieron que, desde entonces, los alcarreños podrían estar en Madrid en un cuarto de hora. Por treinta euros ida y vuelta. Treinta. Quinientos euros al mes. Muy rico. Los periodistas locales más veteranos, con el colmillo más afilado, tuvieron otra excusa: las inmobiliarias financian los medios.

Ayer la SER hace saltar la noticia -producida hace varios años- y se lía.

John Blake lució el nombre de la inmobiliaria

John Blake lució el nombre de la inmobiliaria

Verán, Guadalajara es una ciudad representada por un alcalde, que eligen los ciudadanos, pero gobernada por tres grandes inmobiliarias: Rayet, Reyal y Hercesa. Tanto PP, como PSOE, se han plegado al poder de la pa$ta. Gobernada al punto que, en el programa de Ferias y Fiestas, sus logos aparecen muchas veces más, y más grandes, que el escudo de la ciudad. Gobernada al punto que, en la publicidad estática de los actos que organiza el Ayuntamiento -conciertos, actividades deportivas, fundaciones…- aparece su logo. Gobernada al punto que patrocina -por tanto controlan- prácticamente cualquier evento. Gobernada al punto que  Rayet metió en su junta directiva, a Araceli Muñoz de Pedro (ahora ha vuelto a servirnos, menos mal, como subdelegada de gobierno de Guadalajara), recién salida de la consejería de Obras Públicas. Con dos cojones. Gobernada al punto que el único diario local, Nueva Alcarria, está financiado por la propia Rayet.

Hoy el AVE es utilizado por quince personas al día. La obra costó dosmil millones de pesetas. Ésto significa que, si hay un viaje de fin de curso a Barcelona, de 60 chavales, durante los tres días siguiente nadie usa la estación. Nadie. Hoy Nueva Alcarria es un diario inflado, con ventas escasas y pérdidas constantes puesto que, en Guadalajara -unos 135.000 habitantes- no hay nicho de mercado para un diario. El resto de medios (radios, tele, periódicos) tienen una enorme dependencia publicitaria de las constructoras. Hoy todo depende de las inmobiliarias: desde el poder hasta el deporte a través de todas sus intervenciones. Hoy Ciudad Valdeluz es un cementerio de grúas que construyen pisos absurdos que jamás se venderán, comidos por la crisis del ladrillo.

Si quieren verlo de modo más gráfico, vean los Simpsons, y fíjense en la relación de Springfield con la central nuclear del señor Burns. Bueno, lo de la Central Nuclear de Trillo, lo dejamos para otro día…

Ob-la-di, Ob-a-ma

No se puede fumar en la Casa Blanca. Es curioso que en el mismo sitio en el que puedes accionar el botón nuclear -que se accionó, no lo olviden-, inventar guerras o llenarte los carrillos de semen de presidente, no se pueda fumar. Eso no. Hasta ahí podrían llegar. Pues el níger, el negrata, eeehhh-oooohhh, ¡representandoooo!, el hermano, llega con un problema, porque fuma. Nadie lo sabía, dijo que lo había dejado, pero el de Chicago mintió -ya empezamos- y a mí me parece de puta madre. No me fío de alguien que tiene una responsabilidad del copón y no fuma. Lo que sea. 

Seguro que cuando vaya mi ídolo, Sarkozy, se echan un maikelnait, un canelo, un jakiechan, un peta…, a la luz de las alarmas de los muchachos de inteligencia. Ah, por razones de seguridad tampoco puede tener Blackberry, ni ordenador. Ojo, Bush se ha tirado ocho años en su despacho sin tocar un ordenador. Así pasa lo que pasa. A más solitario y buscaminas, menos guerras, coño.

carla_bruni_1400Sarko me parece lo que sería la versión más refinada posible de éste, Su Perfecto Caballero Británico -aún siendo francés-. Quiero decir, un tipo que se mete en la cama con la señorita Bruni, merece todo mi respeto. Pero si encima el día de la boda le manda un sms a su ex-esposa diciéndole que si vuelven lo deja todo… eso es para quitarse el sombrero. De Lord Byron. Y que luego en las cumbres internacionales, habiéndo pasado su mano por el trasero de la podenca de Carla, le de por pellizcar las lorzas de Merkel, me parece el mayor acto de frivolidad de la, ya de por sí frívola, Historia

Volviendo a Francia, hoy Elton John hace un concierto en París, llamado El Piano Rojo. Se retransmitirá en un puñado de cines, y busca, precisamente que la gente vaya al cine ¿?¿?. El caso es que Elton John estuvo tocando hace unos años en Guadalajara. Sí, sí, se lo juro. En el campo de fútbol, por el jodido centenario de El Quijote. Dos años antes, Bisbal y Chenoa metieron en ese recinto 22.000 almas -si es que podemos considerar que los fans de éstos dos secuaces tienen alma-. Bueno, el británico no llegó a 2.000 personas, y regalando las entradas en la puerta. Reclutando público, vamos. Al día siguiente, el gobierno de Castilla la Mancha, sacó una nota de prensa hablando del enorme éxito del concierto, y de las 10.000 personas que disfrutaron de él. Muchos medios se hicieron eco de la mentira sin contrastar. O lo que es peor, habiéndo contrastado. Yo dije que, como era el día del vino de Mondéjar, los de la Junta habían hecho patria y habían llegado al concierto viendo doble o triple a los espectadores. Fue la gota que colmó el vaso.

En fin, la geopolítica, que ya sabéis que me genera muchas dudas. Y Obama ya no me aparece por el messenger. Debe haber entrado en la ofi. Mierda, porque quería decirle que perdimos la pasta que apostamos por los Bulls. Putos Wizards. Esto con Franco no pasaba. Y ayer hizo 28 años que aquel cabrón mató a Bidé -Lennon- que se me pasó, pero no a Gintonic Dream. Leerle.

El espíritu

Una de las lecciones más importantes de mi vida la aprendí con quince o dieciséis años en un campo de tierra del Instituto Brianda de Mendoza, en Guadalajara, una tarde de octubre. Íbamos empatados, Adri jugaba de ariete y yo me descolgaba arriba (el piojo y la cobra, ¿eh?), tirado a la derecha. Estábamos agazapados y salíamos con más corazón que cabeza a la contra, porque estábamos fundidos. Nuestro portero hizo un saque en largo, con toda la ventaja para su central, así que fui a presionar sin ninguna fe. A molestar.

De repente me dió por meterle un poco la cadera y le robé la pelota. Era mediofalta, pero nadie protestó ni se pitó nada, así que, pegado a la cal derecha como estaba, se me ocurrió hacer el mismo regate que le vi hacer a Caminero en el Camp Nou. Contra todo pronóstico -porque no nunca he sido rápido de movimientos- salió. Apuré hasta línea de fondo y centré al punto de penalti. Centré por centrar, porque ni había levantado la cabeza. Seguí el efecto con la mirada y cómo Adri emergió por detrás del otro central y cruzó de cabeza para darnos la victoria.

Pensé “joder, he ido a presionar de chiripa y hemos ganado“, y tuve claro que en el fútbol, lo de pelear hasta por el último balón, no era demagogia, era verdad. Creo que ahora me estoy aplicando eso. Quedan dos meses de vida a nuestra productora y no me agobio. Dos meses son sesentaiún días. Puede ocurrir el milagro en diez minutos o el día sesentaiuno. Sólo espero que Adri vuelva a aparecer como un holograma milagroso.

Decir “te quiero” hoy está devaluado. Es una mezcla entre frase de plástico y montaña insondable. Por tu jugada callejera, por tu creatividad a 180 pulsaciones, por tus tobillos de plastilina, por mezclar el placer estético con el orgullo de la pertenencia a un grupo, esta noche lo digo sin miedo a pagar peaje: te quiero Andrés Iniesta.

Y gracias. 

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.