tiro con defecto

Nos movemos en un ramillete de tópicos que nos permiten reducir la actividad neuronal a la mínima expresión. Uno de ellos, de los más graciosos, responde a la pregunta de si te consideras católico. Los cánones del español medio mandan decir “sí, pero no creo en la Iglesia“. Viene a significar lo mismo que decir que te gusta la zoología si no fuera por los animales. Este Mundial nos pone a huevo comentar que nos gusta el fútbol, pero no la FIFA.

El balón del mundial, recoge la tendencia que inició Nike reduciendo el peso, y coloca a Adidas en la línea que separa lo comercial con la incidencia en el juego. El balón ha demostrado que corrompe tiros y pases, que ignora cualquier tipo de  estabilidad y que ha desnaturalizando las trayectorias. Ninguna selección vestida por la marca alemana se ha atrevido a criticarlo, públicamente, excepto Maradona que, cómo no, va a su bola.

Los medios han sacado la polémica lo suficiente para que todo el mundo sepa el nombre comercial del modelo de balón (venderlo: que hablen de mí, aunque sea bien), pero nadie ha salido a decir la verdad de la pelota: es un balón de playa indigno para una competición. Adidas pone mucha pasta en publicidad. Todos callados.

Nike, probablemente siguiendo los dictados de los fans del hokey de sus oficinas de Oregón, ha hecho que el Atlético de Madrid varíe el tamaño de las rayas de la camiseta, o la parta en dos mitades, roja y blanca. Lo mismo ha sucedido con el Barcelona, que este año vestirá con pantalones rojos ¿?, o el Valencia, que ha pasado de sus medias negras, a las blancas. La selección tampoco ha escapado a los cambios sangrantes que se pasan la tradición al segundo plano, al cambiar las medias de negras a rojas.

El mayor escaparate del mundo lo es para lo bueno y para lo malo y, en el caso del famoso Jabulani, ha quedado retratado ante millones de espectadores como una mierda pinchada en un palo. Los responsables miran hacia otro lado, como hacen los árbitros que ven sus flagrantes errores repetidos en las pantallas gigantes de los estadios. Cuando la sociología se acerca a los orígenes de los conflictos bélicos, casi siempre se intenta intelectualizar todo un sistema que, en realidad, muchas veces se reduce a eso: la incapacidad del ser humano de reconocer sus propios errores.

PD1: ¡Cómo está Llorente! ¡Gora!

PD2: La huelga de metro es la demostración de que pase lo que que pase, la gente jamás se movilizará ante ningún tipo de injusticia. Banqueros, tenéis carrete.

PD3: Talento en la red

¿Te gustan mis domingas?

Qué torpes … !! Olvidamos que sólo nos pertenecen los relatos intempestivos, los trazos de una memoria, necesariamente incómoda para quien se empeñe (por voluntad propia o sobrevenida) en anular todo aquello sin lo que podríamos afirmar con certeza quiénes realmente somos.

Román Reyes, maestro de sociólogos, en facebook


Parece que se pretende borrar el pasado de Carla Bruni. La primera dama francesa ha puesto a trabajar al Gabinete de Quitar Cosas de Internet, y pretende que se elimine un vídeo que recopila imágenes de su pasado. En particular le molestan algunos extractos de entrevistas, de entre la que destacamos una, en la que, explicando sus técnicas de seducción -como si necesitara de eso- lanzaba una serie de frases en diversos idiomas. En castellano acertaba a decir “¿Te gustan mis domingas?“. Qué tierna la tía. ¡Y qué cuestionamiento más directo! Dice mucho a su favor.

Es el típico caso de lavado de cara, de persona que debe vender una imagen de excelencia ejemplar, obviando que sus anteriores ocupaciones están en los números uno y dos de los escándalos: top model y cantante. Esta chica, que habrá visto más farlopa que en la boda de Maradona, ahora ha de ofrecer un estilo perfecto y moralmente impecable. Lo inquietante, no es que intente tapar su pasado, sino el por qué. ¿Qué hay en esa frase que la convierta en peor primera dama?, ¿Creen que no sabemos que respira, duerme y caga? En España a eso se le llamó campechanía, y ha salido muy rentable.

El juicio público es tan asqueroso como matemático, pero igual deberíamos volvernos al jurado, para preguntar con qué recuerdos cuentan la historia de sus vidas, y qué momentos, verdaderamente han marcado sus personalidades. ¿Qué ha sido más importante para la carrera del futbolista Samuel Eto´o, sus primeros goles en el Mallorca, o el ninguneo, y el desprecio que sufrió en el Real Madrid? Esos momentos en los que reconocemos que hemos sido unos auténticos hijosdeputa, esos errores, esas cagadas, esas estupideces, ese lado cruel y cabrón… ¿No nos han convertido en lo que somos?

¿Qué seria mejor primera dama, una tipa que se ha puesto tiros con medio cuerpo diplomático europeo, o una monja clarisa de Alcalá? Nos empeñamos en olvidar el bicho que llevamos dentro y, cuando asoma el hocico, lo negamos. Sólo quienes reconocemos ese lado oscuro tenemos las puertas del infierno abiertas. Los demás, tienen que opositar a buena gente.

Y, respondiendo al título del post, sí, me gustan.

Paso en profundidad

1241814058_0Cada seis segundos muere de hambre un niño en el mundo. A mí me da igual y a vosotros también. Sois así, asumidlo, no pasa nada. O sí que pasa, pero os da lo mismo y a mí también. A los líderes les importa un huevo el cambio climático, los chinos y Obama (que es americano, pero menos) lo han demostrado este fin de semana. La corrección política es casi todo lo que nos dicen los profes en el cole. ¿Dónde están las letras “ores” y “gio” de la frase anterior? En el espacio intermedio. El cinismo absoluto es nuestra forma de vida, y entre medias tenemos un espacio de cierta bondad que padece alopecia.

La ignominosa FIFA le mete un paquete a Maradona por decirle a la prensa “que la chupen. Que la sigan chupando” y, mientras tanto, Fabio Capello se pasea ufano por algunos despachos, tras llevarse un pastizábal por desdibujar el estilo -trasnochado y todo lo que queráis- del futbol británico. Ese sinvergüenza no da explicaciones a nadie. Lo de la corrección política que os digo. Y mira que creo que el mundo sería un sitio mejor si le hubiera dado un infarto a Maradona en su último partido como jugador. Siempre tuvo poco estilo. Sin ir más lejos, jugó en el Sevilla. Debe ser así: falto de estilo, despilfarrador. Si Maradona, en lugar de un manirroto, fuera un tío hacendado, me parecería márketing.

Sólo quiero montar una librería y que todo me dé igual. Se llamará “El puntapié de Goickoetxea“. Sería en dos plantas, con suelo de madera, y ladrillo vista pintado en blanco. Tendría grandes estanterías, con una máquina de café express y materia prima italiana de calidad. Organizaría talleres de escritura y otras formas de perder tiempo, en todo tipo de soportes, cosas para niños para los fines de semana, y la señora de la pastelería de al lado me acercaría un bizcocho cada día, a cambio de que le contara una historia. Vendería un puñado de vinilos, novedades de importación. Siempre sonará música chachi, y los viernes por la tarde, habrá un concierto. Ni tan cañeros como Tokio Sex Destruction, ni tan coñazo como Cocorosie.

No quiero FIFA, ni Maradona, ni niños muertos de hambre, ni comerme la promo del último de Sabina.

PD: making off. A loro cómo se relame el perro.

Post VIII “end”

Jimmy es un cincuentón pechopalomo que va de moderno y que, al abrir un sobrecito de azúcar,  gritó “¡Esto parece farlopa!” en una cafetería de Chueca, tiñendo de sonrojo la reunión de trabajo en la que estábamos. Jimmy es un tío que dijo que yo entendía de moda por las gafas que llevaba. Mis gafas eran de palo, falsas, absurdas, inútiles y, para ese tío una señal inequívoca de pleitesía a la tendencia. El porqué llevaba gafas falsas es otra historia, el porqué no fuimos cuando nos invitó a su cumpleaños en Tarifa (ríete de la boda de Maradona), también es otra historia. Pero Jimmy decía mucho la palabra lifestyle.

Digamos que si mi madre fuera la directora de una revista de lifestyle y yo el subdirector, práctica muy española, andaríamos a hostias todo el puto día. Yo represento para ella todo lo que le da miedo, y ella para mí todo lo que no me esfuerzo en pensar, meto en un cajón, y critico por no esforzarse en pensar y meter las cosas en un cajón. La semana de recuperación asturiana está siendo bastante grata, de no ser por las conversaciones pendientes de los últimos cinco años, que salieron a flote como el tapón de corcho en el agua de las fotos en los libros de física de E.G.B.

Digamos que si lo que esperara de mi hijo fuera que sacara una oposición, comiera cinco piezas de fruta y verdura al día, se metiera en una hipoteca, cumpliera los diez mandamientos, y dominara el inglés, francés, alemán, swaili y finés, fabricaría un robot, en lugar de darme a la, siempre sacrificada, tarea de concebir un ser humano. Por otro lado, si yo espero que cualquiera entienda que mencionarme un tema privado, acarreará una respuesta más propia de Eric Cantoná que de una persona con los tornillos en su sitio, es que he entrado en un mecanismo de autoengaño cuyo génesis no recuerdo. Hablando de génesis… Phill Collins ya ha muerto, ¿No? Joder, pues es una pena. Dios siempre se lleva a los mejores y nos deja a Phill Collins.

Digamos que llevo varios días en una especie de convención Israel-Palestina, oliendo los manjares que prepara mi abuela -incluyendo greatest hits como: bonito encebollado, cocido de garbanzos, arroz con leche, rollo de carne y un suculento y largo etc. de números uno en el Reino Unido-, comiendo arroz con puré de patata y zanahoria, y dando minipaseos como si fuera el señor Casamajor. De hecho tengo tentaciones de ponerme un batín, comer caramelos de eucalipto y hablarle a la gente con voz de viejo.

En mitad de uno de esos paseos entro en Paradiso, donde un moderno lee la Go!, no diré el artículo de quién, así que me asusto y salgo trastabillado a la calle San Bernardo donde un coche está a punto de atropellarme. Es un viejo Citröen y tras la ventanilla mi abuelo me dice que suba.

Como mi abuelo lleva muerto desde mil novecientos noventa y dos, la cosa me escama. Me dice que sabe que lo suyo sería acabar la historia con el beso de una tía buena, pero que estamos en plena semana grande y las tías buenas, hasta en una ficción, están durmiendo la resaca de anoche. Le digo que me parece de muy mal gusto que me manden un muerto de mi familia para finiquitar todo ésto y me responde que me joda, que no hubiera introducido ficción, que bastante fantástico había sido lo que me había pasado, comenta que tenemos mucho de lo que hablar, le respondo que sí, pisa el acelerador y salimos de la ciudad todo lo rápido que puede salir un Dianne del ochenta y uno.

-FIN-

Teoría del pase

spcbpapaPorque me metiste el jodido gusanillo. Porque me sentabas a ver a Maradona por tus santos cojones. Aunque no me gustara ver a esos señores pululando en la hierba. Lo tenía que ver porque sí, como una especie de legado, como tu principal aportación a mi crecimiento. Como el calcio y el hierro. Y las vitaminas B7, B3 y otras. Porque me llevaste al Molinón a aprender a sufrir y a querer a los que siempre les sale cruz. Porque me enseñaste que al Oviedo no hay que odiarlo, pero sí mirar con recelo a las camisetas vetustas. Me hablaste de respeto, de dignidad, de inteligencia, de elegancia, de atrevimiento, de pelea, de lealtad, sobre una mesa verde de 105 por 65 metros.

Porque me abroncabas cuando, en Campeones decían frases como “hay que ganar a cualquier precio“, porque me mirabas sin avisar, y desde la distancia, cuando jugaba en infantiles, porque no perdías un Carrusel de los que presentaba, poniéndote al día de la segunda B en dos semanas. Porque buscas en los periódicos el resultado del Habbeke Walda, con el mismo ahínco que el del Inter de Milan, y también porque me enseñaste el gusto por el descaro, los dos extremos, las delicatessen. Porque me cediste el filtro para trascender la habladuría, los titulares, los gritos romos, brutos, para amar un espíritu romántico y absurdo. No todos los padres son capaces de enseñar a amar algo. Casi ninguno.

La comunicación esférica, la metáfora con olor a reflex, las ideas a ritmo del compás de los tacos sobre el terrazo… todo ese libro que me has pasado, y que yo tengo la obligación de limar, ampliar, y transmitir, lo tenía guardado en un baúl, junto con un papel que ponía “devolver algo algún día”. Anoche tiré el papel. Lo de menos fue el resultado.

Gracias, papá.

PD: Y gracias por los abonos, Víctor.

O pequeño almorzo

Cada mañana todo ser vivo se enfrenta al desayuno. Ya el nombre indica que se come con algo de desgana, por comer, por joder el ayuno, por dar por culo. Y el desayuno dice mucho de la personalidad del humanoide. Los que recurren con facilidad a la química del café, los pijoteros del té, o los que van de sanos con el pantumaca. Los hay muy cerdos que desayunan cervezas -creo que debería tratarse sólo de fauna de la Ruta 66, pero por la península ibérica también hay- o las que te destrozan pidiéndote un zumo de naranja natural, ahí es ná.

Pero creo que la humanidad se divide entre los que toman Cola Cao -o cualquiera de los cacaos solubles semejantes- y los que se decantan por el Nesquik, o derivados instantáneos. El colacadero es más clásico, de toda la vida, dulzón. El nesquiquero va de moderno,le molan las cosas claras, nada de grumos-sorpresa. Luego hay miles de manías, como la del enamorado: dejar todos los polvos en el fondo. De ese modo uno puede terminar la taza haciéndo un púding de galletas, o chocolateando lo que queda de la tostada o el croasán.

La publi ayuda más bien regular a decidir el voto. Por un lado, a los colacaderos siempre les entran por el rollo “tus padres lo tomaban”, que yo creo que hay pocas cosas que te puedan hacer huír de algo, más que ése argumento. Me pasó con Pink Floyd, con las maquinillas Gillette, o con los calzobas Abanderado. Los nesquiqueros tienen que soportar cómo un conejo animado -original recurso subliminosexual- les recomienda que naden en montañas de polvo, como si se tratase de la boda de Maradona.

De pequeño era más del soluble, acompañado por cuatro duros (por su textura: galletas de cualquier tipo y marca), un blando (magdalena, valenciana, sobao, o cualquier derivado pseudoindustrial), y cereales. Como si desayunara con una escaleta perfectamente guionizada. El desayuno era un programa. Compartía clase con tipos que desayunaban café -¿Hay algo más horrible para un niño?, ¿Por qué no median los de Asuntos Sociales?-, que eran a los que les salía barba primero. Tampoco faltaba ese clásico español, que es el que no desayuna. O desayuna un colacao “bebido”, como si se pudiera esnifar, y meter la leche en jeringa.

El mundo va mal porque hay gente que no desayuna. Cada vez que un compañero me lo comentaba, venían a mi mente el Lazarillo de Tormes, un galgo, y otro tipo de iconos postguérricos. Luego se apretaban un bollo industrial en el recreo del que, de vez en cuando, repartían bocados. ¿Qué necesidad hay de que el chaval no desayune hasta las once y media?: que todos veamos que se puede comprar un Tarzán, o una Pantera Rosa, o cualquiera de esos “bollos” hechos artesanalmente, con tanto mimo. Ahí está la génesis de la crisis. A ver si Obama reparte desayunos.

Descriptivo

Sabadeo con los chavales, que tuvieron la decencia de, casi dos años después, pasar a verme. Tengamos en cuenta que 65 kilómetros son una barbaridad. Jugamos a uno de esos divertidos juegos de mesa, de los que pone en evidencia la sabiduría y, en algunos casos, hasta las condiciones psicomotrices del personal. Con una botella de cava en el cuerpo no sé qué puse más en evidencia. Luego no había ganas de liarla (en mi caso ganas=pasta), así que guardamos los cuchillos para otra noche. 

Con estos juegos descubrimos partes ocultas de la historia. Por ejemplo ¿Sabían que Van Gogh no perdió el lóbulo en una disputa con Gauguin, sino en pugna o con Picasso o, mejor, con Dalí? Los dos del equipo lo tuvieron claro, ergo, en democracia, se hubieran salido con la suya. Y como éstas mogollón. Eso sí, descubrimos la verdadera vocación de David (pintar mapas de la UE en 15 segundos), y el dominio de la geografía nórdica, por parte de Paco. Soberbio. Lo fundamental en estos juegos: desinhibirse. Luego, al acabar, todos de vuelta al caparazón.

3415El domingo acabamos el piloto de un programa de tapas, que nos han agradecido los paladares -es una palabra que mezcla Paco y Valladares- por La Latina. Ultrarrecomendable por espíritu, trato, equipo, ambiente, gusto, calidad de la materia prima, y variedad: Matritum. Ultradesterrable por su trato, su altanería, su actitud a la defensiva, su agresividad y chauvinismo: Turuleta. Para que luego digan que fondo y forma no tienen que ver. Es el truco por el que nos han engañado siempre. Una cosa es que el fondo pese más, y otra ser ciego a la forma, porque esos es engañarnos e ir de jipis comeflowers, y ya no tenemos edad. Tú no puedes plagar un garito de abstractos agresivos y no dejar una salida a la figuración, como necesitaba la Alemania el 39.

Y por la noche al Calderón -de todo menos caldera- a ver cómo Forlán da lecciones y rescata a un equipo de ganapanes sin proyecto alguno, de un partido muy bien planteado por el Rácing. Conclusiones: árbitros malos, yo soy mejor que Seitaridis, Assunsao no jugaría ni en el Salesianos, Aguirre gana mucho y trabaja poco, Muñiz trabaja mucho y le quieren echar, Colsa ha crecido y merece mejor comparsa. Cuatro a uno, cuatro golazos. Y por cierto, si Maradona -que no es santo de mi devoción porque me parece un bocazas de taberna, y digo sin pudor que Pelé fue bastante mejor- raja de Messi por chupón, igual tendría que hablar con su yerno.

PD: Con el partidazo que hizo ayer Dieguito, ayer le recordé ésta a Jóse

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