The Special One

“El Liverpool es un equipo que interesa a cualquiera, y el Chelsea es un club que no me interesa tanto, pues es un proyecto naciente con mucho, demasiado dinero invertido. Creo que el Chelsea es un proyecto muy ambicioso pero frágil. Si el equipo no gana todo, entonces Abramovich podría retirarse y sacar todo su dinero del club.”

José Mourinho, 2003

Sé que es un técnico laureado. Sé que logró una Champions con el Oporto -cosa que tiene su mérito aunque, hay que reconocer que su rival en la final fue el Mónaco, lo que dice mucho del nivel de ese año-, sé logró hacer un Chelsea y un Inter campeón, y sé que ha logrado que el Madrid parezca un equipo.

De hecho llego a entender “sus cosas”, como que cuando llegó al Oporto publicara los entrenamientos en la web del club, o que él mismo se calificara en su presentación con el Chelsea de “tipo especial”. Esas cosas las entiendo y, créanme, muy bien. Pero conviene desmitificar a este tipo de figuras. Aunque sea de vez en cuando y por ir a la contra.

Analizando fríamente su carrera, y valorando lo complejo de elaborar equipos campeones, el mayor mérito de Mourinho ha sido la Champions con el Oporto. Y podemos contemplar la fortuna en los cruces de ese año, y la no menor fortuna de coincidir con la explosión de un jugador superlativo, como fue Deco.

Las declaraciones que he citado arriba, en realidad, eran un farol. Un farol para que Roman Abramovic, el magnate que compró el Chelsea, saltara con el clásico pa-cojonudo-yo, y pusiera 150 millones de euros en fichajes, para seducir al entrenador luso. Así hasta David Vidal hace un equipo campeón. Cuando en Standford Bridge olía a chamusquina su inoperancia en Champions, y perdió la liga frente al Manchester, buscó recalar en un club que había dado severas muestras de ser desprendido a la hora de fichar, y decidió ir al Inter.

Los interistas le ponen la chequera a su disposición y, con la Juve en la serie B, descendida por los casos de corrupción, y el Milan en proceso de descomposición geriátrica y penosa gestión deportiva, Mou se proclama rey de Italia. Su talón de Aquiles es la Champions, que gana la temporada pasada. Creo que cualquiera es capaz de recordar el “magnífico” partido en el Camp Nou, con Eto´o de lateral izquierdo.

Tras esto llega al Real Madrid, y lo convierte en un equipo capaz de competir con el Barcelona. Todo un logro a las puertas del gran clásico. Ahora queda el barniz que le han dado los medios, y los datos que se pierden a la hora de construir el gran relato de todo héroe.

De la famosa semifinal de Champions del año pasado, ha quedado la victoria de Mou. El mundo del fútbol tiene muy poco que agradecerle. El Barcelona, expuso su propuesta: confiar a la belleza y la justicia poética su suerte. Pasó el Inter, el fútbol perdió, pero nadie duda quién realizó el mejor fútbol del mundo durante todo el año.

De cualquier modo el madridismo (influenciado por los patéticos diarios deportivos) apuntó y aquí la estupidez: con un entrenador como Pellegrini, acusado de ganar pero no jugar bien, la prensa comenzó a carburar a favor de viento de Mou, el técnico que mejor puede representar el gusto por ganar sacrificando lo que sea. Marketing puro y duro para preparar el desembolso de 9 millones de euros al año.

El Madrid sigue ganando y sin jugar bien. El sábado, frente a mi Athletic, los rojiblancos jugaron mejor que el Madrid, demostraron criterio y amor por la pelota, Llorente tuvo un enorme área de influencia, Javi Martínez se quitó los complejos en un gran escenario, e Iraola demostró que se puede jugar de organizador desde el lateral  derecho. Pero el Madrid destrozó al Athletic. En cada contra, un gol de pura pólvora.

Lleva años jugando así: para Casillas, gol de Raúl; para Casillas, gol de Ronaldo; para Casillas, gol de Van Nistelrooy; para Casillas, gol de Higuaín. La diferencia es que ahora CR7 tiene socios que funcionan, y los goles se reparten, pero siguen avasallando por talonario y jugadorazos, no por juego.

Todo esto viene por exponer la tesis de que Mourinho no es el mejor entrenador del mundo. Ni de lejos. Es un tipo exitoso, igual que las películas de Vin Diesel tienen éxito, pero él no es el mejor actor del mundo. Y, sobretodo, no puede hacer lo que hizo con el Sporting. Hay valores y códigos que hay que respetar, por mucho que sea “the Special One”. No puedes acusar a un equipo cuyo presupuesto es tu sueldo, de adulterar una competición. Aunque después de lo visto el miércoles, parece que de adulterar sabe un huevo.

Notas de viernes: polite ¿To be or not to be?

-La prensa española, tan zalamera, cainita, imprecisa e ignorante, saca pecho con los sucesos del Sáhara. Tres periodistas se han “colado” en zona prohibida. Una de ellas es Angels Barceló, Toda una chavalita aventurera. Muy fino, valiente y espontáneo todo. Y lo venden como si estuvieran destripando el Watergate. Te jode…

-Irlanda está podrida y Europa la dejará asfixiarse como hizo con Grecia. Autofagotización de la Unión, hasta que le toque a un pez gordo. Las prácticas económicas que vienen de Bruselas huelen más a Al Capone, que a tratado alguno.

-La geolocalización era mierda. Foursquare puso pasta en relaciones públicas, y ahora la geolocalización es el recopete. Cobrar por los contenidos de periódicos y revistas no tenía sentido, no era rentable, era de cutres. Me huele a que, en breve, comenzaremos a escuchar lo contrario. Presentaciones que elogiarán el contenido de pago. A esas fluctuaciones de influyentes, las llamo PowerPoint Balance. Ojo.

-Manuel Preciado, el entrenador del Sporting, gana puntos en el ránking de mis admirados. Deja la corrección política a un lado y se destapa con un tema que todo el mundo piensa y nadie se atreve a decir. Si Mourinho no ganara nueve millones al año, y entrenara al Pegaso, ya habría acabado dentro de una bolsa en cualquier maletero.

-Mario Conde está online. Adolfo Suárez Junior parte la pana en twitter. Y Jorge Verstringe tiene blog. La generación de la transición no para de transitar. Los escupidos de la política de hoy, serán los gurús de mañana.

PD: Conocí al hijo de Adolfo Suárez cuando se presentó por el PP a presidente de Castilla La Mancha. Le avisaron tres meses antes de comenzar la campaña. En la rueda de prensa anunció que, entre sus medidas, iba la de bajar los impuestos sobre la compra de la segunda residencia. “¿El chalecito de la playa?”, le preguntaron capciosamente desde la platea, “Sí, el chalecito de la playa”, añadió ufano. Caput.

Calidad vs efectividad

El eterno debate. Por lo menos en mi ámbito laboral. Supongo que si eres tornero fresador, los tornillos miden dos milímetros y no hay más cojones, pero desde los dieciocho años llevo enfrentado al dilema. José Claudio recordará aquellos guiones que me llevaban días, donde cada frase tenía un cómo y un porqué. Lo que no vió es la cara de la gente a la que le ponía el programa, que era la cara del “pues vale, chavalote“. Han pasado los años y, contra lo que pensaba, ni se estudian en facultades, ni se han hecho tesis, ni páginas webs destripándo aquellos cabos que se hacían y deshacían al antojo de lo surrealista.

Me dí cuenta que si invertía menos tiempo en que todo encajara y más en que la forma impactara, a los oyentes les encantaba. Se descojonaban y reaccionaban. José Claudio también recordará aquellos últimos guiones, que eran páginas en blanco comentadas en el ascensor, en los que ni nosotros podíamos acabar los sketches de la risa, o cómo Javier Cansado se despelotó con la minientrevista. Supongo que todo será cuestión de eso, de pasarlo bien.

Tengo la sensación de que me va a resultar más complicado aparecer en las enciclopedias de lo que esperaba, así que prefiero centrarme en vivir, y que lo trascendente se salga de lo laboral. Sólo posee inteligencia un cero coma cinco por ciento de los seres capaces de hacer que mi trabajo tenga la relevancia que merecería, si le dedicara todo mi talento y esfuerzo en el detalle. Creo que es pura economía. Y siempre habrá alguien con un poco más de talento del que yo posea, así que prefiero tirar por otros caminos. Es posible que sea una mera treta para huír de mi verdadera falta de talento, pero necesito cierto ego hinchado para sobrevivir.

Ejemplo, la campaña de Reacciona. Tienen un primer spot, de los de quitarse el sombrero y darles un globo de oro:

Imagino que su director lo pondrá en casa, a sus amistades y tal y se tocará, porque mola un montón, bien. Y resulta que la publicidad en internet da un giro, y la gente de la campaña de Acciona mete bajo su paraguas el famoso music for change, una buena idea, relativamente espontánea y casera. El mundo al revés, en lugar de generar un viral, compran uno que ya funciona, y sacan este tipo de vídeos, con unos encuadres, y calidad, bastante… ¿caseros?

Será porque es mi admirado Raphael, sera porque parece que se han divertido trabajando, y han divertido al personal. Ovbiamente no va a triunfar como viral, porque esto no funciona tan así. El viral es una lotería y a la lotería no juega Botín, jugamos los mortales. Puede que sea complejo de equipo pequeño, que cree que a calidad, el Sporting nunca ganará al Arsenal, por lo que, al no jugar en los gunners, no gasto energía entrenando la calidad. Sólo intento preparar todos esos factores que pueden conseguir que el Sporting dé la campanada, y que el Marca no tenga más remedio que titular “el fútbol es así” al día siguiente.

PD: Si mañana bajara un marciano a la Tierra… le pondría el segundo vídeo.

Derby coronario

Con el corazón partido. Ésta noche empieza la eliminatoria de cuartos entre Sporting (mi otro equipo, el equipo familiar, el que he mamado) y el Athletic (mi verdadera pasión, el que me conquistó en la adolescencia, el que me hizo diferente). Lo malo es que uno queda fuera. Lo bueno es que el otro se cuela en semifinales.

Luis Enrique, cuando era un guajin

Luis Enrique, cuando era un guajín

Tantos partidos de fúbol ví en el Molinón, fiyos… el paseu pol Muru hasta ´l campu. Les banderes y bufandes rojiblanques llegando al Parque Isabel La Católica,  les charles de los paisanos, acrodándose de aquel Sporting de Quini, Maceda, Cundi… de cuando fueron segundos al añu de subir de segunda. El Molinón, el centenariu campu, tien esi olor a mar, ta al lao del Cantábricu, y un eco rarucu. Pero cuando les coses van bien, sube la temperatura y rescaliéntase uno entre tantu aficionau. Coge esi aire de campu británicu, fiédete esi aire de historia, y llegues a emocionate.

Tiene muchos puntos en conexión con San Mamés. Además de lo rojiblanco (ahora, en Madrid, si voy a un estadio es al Calderón, se ve que nací rojibanco y moriré así), tiene muchos puntos en común. Un concepto del fútbol muy británico: la comunión con la afición, la política de cantera, el orgullo del escudo. Cosas especiales e intangibles, lejos de las portadas, incluso de las últimas páginas, pero tan ligado al ADN del aficionado del norte.

Mi primer partido fue un Sporting-Oviedo. Como toda primera vez, excepto el primer olvido, no se olvida. Carlos marcó el 0-1, de cabeza. Carlos fue el goleador carbayón por excelencia, el nueve de los azules que les marcó la década de los 90, con esas ojeras y esos rizos, siempre mojados. Quince goles por temporada como mínimo, y el Sporting en su punto de mira. Cuidadito con los gijoneses: con Ablanedo, el gatu, con Abelardo y Ablanedo I como centrales, Alcázar, Joaquín… y aquella delantera con visos de gloria: Luis Enrique, Juanele y Manjarín. éste último logró el empate, un resultado clásico para un derby.

Lo de San Mamés es indescriptible. Los últimos 5 minutos se los pusieron de corbata al mismísimo Casillas. Una especie de magnetismo que aplasta a la afición contra el césped, y pone en bandeja dos ocasiones de gol por partido. El Athletic de mis cromos tenía a Juanjo Valencia, Larrainzar, Larrazábal, Alkorta, Andrinúa, Urrutia, Garitano, Eskurza, Guerrero, cuco Ziganda y el txingurri Valverde. Joder parezco un viejo. Y cuando los jugadores que te rellenaban las tardes de infancia, son entrenadores, significa que ya lo eres. Joder. Deberían pasar los dos. Hablaré con la Federación, seguro que lo entenderán.

Cuando me recupere

Cuando me recupere compraré una cámara de fotos. Me encanta fotografiar, pero no tengo pasta, no sé, noventa o cien euros para comprarme una cámara. Si tuviera pasta de verdad me compraba una de esas Canon de puta madre, pero claro… Me jode ver a los turistas con cámaras de puta madre, para hacerle una foto a su mujer delante de la estatua de Velázquez, en la puerta de El Prado. Me pone de mala ostia.

Cuando me recupere volveré a entrar a La Antojá, que es la tienda de delicatessen donde tiene auténticos oricios en lata. Los oricios son erizos de mar, en bable. Los adoro, es el sabor que más me gusta del mundo. Saben a mar, sólo se encuentran en marzo-abril, un par de semanas y llevo cinco años sin poder ir a Gijón a comerlos. En La Antojá tienen latas de verdaderos oricios y, cuando lo descubrí flipé.

Cuando me recupere me compraré una camiseta de la NBA. Me mola la de Boston, de Garnett, pero la lleva mucha gente, igual me animo y me pillo la de NY de local, la blanca, pero no hay ningún jugador digno de ella. La de Calde, de Toronto, tampoco está mal, pero el diseño es feo.

Cuando me recupere me iré unos días por ahí. Cogeré un mapa, elegiré un destino al azar, alquilaré un coche, meteré tienda, perra y saco de dormir, y apareceré en cualquier sitio. Estaré a gusto, escucharé a Jack Johnson y a Jakob Dylan, fumaré, comeré fruta y me sentiré bien. Solo.

Cuando me recupere invitaré a mi padre al Bernabéu cuando venga el Sporting, que ayer ganó al Milán (aunque la prensa deportiva se empeña en acentuar la “í”) y nos daremos un baño de asturianismo, y nos tomaremos unos culines por el barrio.

Cuando me recupere le compraré una caseta a Nico para poder dejarla en el patio -la canción “patio interior” de Aroah, se me aparece cada vez que abro su puerta- y que haga su vida en el exterior y deje de destrozarme cajones, calcetines, cajas, cables y demás mobiliario de mileurista.

Cuando me recupere me compraré un par de camisetas chulas, dos camisas negras y una corbata finita, como la que tengo negra, pero roja, o naranja. Y unas zupas de basket.

Cuando me recupere…

La bomba (Navarro, pero Pepe)

Menuda racha llevo. Tardes de cocacola light, porros y olimpiadas. Para qué queremos más. De repente la final de 100 lisos con el jamaicano extraterrestre, pinchando con la final de Nadal (reconocer que su tenis físico y calculado aburre a las piedras debe ser antipatriótico), que si un poquito de ciclismo en pista, con sus gramos de vela, y mientras perdiéndonos a Gervi en la final de suelo.

Gracias al Barón de Coubertin las vacaciones pueden ser más baratas de lo que pensaba. Y tan feliz, mientras nadie se entere. Socialmente quedaría fatal si no contara en Septiembre algunas trolacas: que si estuve en la India y todo muy bien, que si igual voy a New York, ahora que está todo tan barato, que si os enseñaría las fotos del viaje a Gante, pero mi perra se comió la tarjeta de memoria… no tengo problemas, ¡Será por mentir!.

Tengo 35 euros para llegar al día 28. Si me tiro un pedo palmo pasta. Otro mes canino, y el que viene no tiene mejor pinta. Quería invitar a mi viejo a ver al Sporting cuando visite el Bernabéu, pero la coyuntura económica internacional lo pone en tela de juicio. Perderé para siempre esa ficción que es la relación con mi viejo, pero bueno. Ahora me ha dado por dibujar, como a él, y por añorar Gijón. Igual es que se comunica conmigo así. Sus 26 años tampoco fueron los mejores, así que en breve me dejaré bigote y jugaré de ariete zurdo (creo que mi viejo nunca me perdonará haber salido centrocampista y diestro).

Y a todo esto nadie me quita de la cabeza que si me dieran minutos en el equipo nacional, lo haría mejor que Juan Carlos Navarro. Está horrible. Siempre le he odiado, porque su selección de tiro es suicida, y siempre le salió bien. Ahora no. Tiene unos porcentajes de tiro que yo mejoraría, lo sé. Vamos Nico tiene mejores porcentajes, pero Nico es muy alocada, no creo que de alero… igual de base revolucionaria, a lo Jamal Tinsley

Por cierto confirmado: JUEVES 18 sep a las 20:45 actúo en la Sala Casino (c/casino 8, metros Embajadores, Lavapiés). Me parto la polla con la información de promo de los de Nosolocomicos, atención, cito textualemente:

“Uno de los espectáculos más variados del panorama nacional”

Ostias.

El fin del principio

Para mí esto es como si una marea, embriagada por el racionalismo, izara en Cibeles una bandera gigante, igualita que la actual, pero con la franja inferior de color morado, y Gallaradón saliera por la ventana del Ayuntamiento, y gritara que sí, que se proclamaba -popularmente- la Tercera República. O como si, en mitad de una noche por el Madrid de los Austrias, Leonor emergiera tras el resuello del último bar, para cogerme de la mano y llevarme a ver cosas que sólo se pueden ver haciendo un cursillo de la NASA, el que hizo Miguel López, antes de ser Alegría.

Ayer sucedió en Viena una cosa que creí que no vería jamás en mi vida. Hay generaciones de futboleros españoles que han muerto sin ver hacer nada a su selección. Que desaparecieron de la faz de la Tierra cuestionándose preguntas que empezaron siéndo sólo preguntas, y acabaron formando el ADN del perdedor ¿Por qué en España, donde el balompié posee semejante atracción, no se ha logrado algún triunfo importante con el combinado nacional?. Ayer se hizo historia.

Toda Italia cantó el himno sin creer que sería la última vez en dos años. La falta de brillo -y de Pirlo, porqué no decirlo- agigantó la figura de los centrales españoles y empequeñeció la de los laterales, demostrando que los apriorismos, en este tipo de competiciones, están construídos sólo para rellenar tiempo y espacio. 

El cabrón que siempre escribe los guiones del telefilme que son los cuartos de final para España, ayer tuvo libranza, y el que vino de la ETT de guionistas, no se empapó muy bien de cómo se resuelve la tragedia. No hizo mal llevando el partido a la prórroga, y forzando los penaltis a base de falta de claridad ofensiva, y añadiendo las gotas cítricas en forma de tobillos del ángel Iker, pero no se leyó el argumento general, y equivocó el final. Donde ponía Di Natale o Di Rossi, el novato guionista puso Casillas. Y Fábregas, aturdido, por el cambio de plan de última hora, mientras los de producción decidían por dónde llevar la trama, decidió iluminar el camino, por si las moscas.

De repente lo he vivido. He tenido que pagar el cánon de un fin de semana matador, pero valió la pena. En el gimnasio, en los garitos y en la cama, he quemado tanta energía como Senna ayer sobre el césped vienés. He tenido que evaluar sentimientos encontrados, como Villa cuando besaba el esférico antes de reposarlo sobre los once metros, y he desplegado el talento primario y atolondrado de Silva por ésta y aquella banda. Pero mereció la pena. Otras veces lo he hecho para irme de vacío, para volver a casa, para leer los tópicos groseros en los titulares del día después de cada cita importante.

Entre el ascenso de Sporting y ésto, puede ser el gran año futbolísitico. Y es que cuando has perdido tantas horas con esa jodida lotería geométrica -sólo la geometría salvó ayer el error de Buffon a tiro de Marcos Senna- que se llama fútbol, el coordinador de guiones de la vida -el que nunca libra- te pone en tu sitio con el opio del pueblo. Bendito opio.

Gracias Iker, Carles, Sergio, Joan, Carlos, Marcos, Xavier, David, Andrés, Fernando, David, Santiago, Daniel, Cesc. Gracias. No os podéis imaginar la sinceridad de este gracias.

Xixonés

Sabía yo que había que confiar en el Guaje. Es más listo que el hambre, y las piernas le siguen el rollo y por eso la defensa rusa fue, para él, un espacio diáfano, un auténtico loft. Pero la intimidación de Torres hizo gran parte del trabajo, y por eso le dedicó el tercero. Fernando salió del partido por la puerta de atrás, empujado por el oportunismo de Cesc -el jugador con más clase del equipo, de largo- y las lagunas medulares.

El aire de la playa de San Lorenzo despeja. La selección española nunca podrá ganar ningún torneo, porque eso exige músculo, y tener un buen catálogo de formas de ganar, y eso España no lo tiene. Sólo gana cuando juega bien.  Iniesta, Xavi o Silva son jugadores antíguos, que podrían saltar al terreno con pololos y camisetas de cordones, esperando que ruede el balón de cuero, mientras una foto en blanco y negro los inmortaliza bajo un rivete que señale a pluma: ”temporada 1921-22″. Hacen del equipo algo atípico, raro, romántico, maravilloso. Con piernas fibrosas se sostiene mejor un trofeo, sin ellas te lo tienen que dar. Pero en la playa de San Lorenzo puede pasar cualquier cosa.

Como si las arenas mágicas no fueran monopolio canario, San Lorenzo o La Kontxa, retan a que las pises y te dejes subyugar por un ligero viento que te hace menos pesado, a que mires el único rayo de Sol que pasa entre las nubes y señala el camino de la verdad, de la belleza, del gol. Todos guardamos un recuerdo perfecto. Todos hemos pisado San Lorenzo.

Lo que ha hecho Villa hoy le ha dado un par de años más de vida a mi padre. Justo los que le van a quitar los 90 minutos del Sporting este domingo.

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